Rubén Moreira Valdez
Con una de las economías más dinámicas del país, altos niveles de escolaridad, formalidad laboral y una seguridad que es ejemplo para el resto de México, Coahuila vivió el pasado domingo una jornada electoral para renovar su Congreso local. Estuvieron en disputa 16 distritos de mayoría relativa y nueve curules de representación proporcional.
El triunfo del Partido Revolucionario Institucional era anticipado por especialistas y por diversas encuestas que circularon en redes sociales. Sin embargo, hay cuatro aspectos que merecen destacarse: 1) la alta participación ciudadana; 2) la amplia diferencia de votos entre el PRI y la segunda fuerza política; 3) el desplome de Morena y sus aliados; y 4) la expectativa que este resultado generó entre analistas y opositores de distintas regiones del país.
Existen varias razones que explican la victoria del PRI, partido que, por cierto, está próximo a cumplir cien años gobernando la entidad. En primer lugar, debe reconocerse que la ciudadanía coahuilense posee una sólida cultura cívica y democrática. Coahuila es cuna de importantes movimientos sociales y políticos, además de tierra natal de personajes fundamentales en la historia nacional. Por ello, cuenta con una profunda tradición electoral.
Las elecciones intermedias funcionan, en los hechos, como una evaluación del gobierno en turno y, en este caso, la calificación para Manolo Jiménez Salinas fue claramente favorable. Coahuila registra resultados positivos en prácticamente todos los indicadores relevantes, destacando sus niveles de seguridad, formalidad laboral y calidad en los servicios públicos.
Una parte importante del éxito de la administración estatal se explica por la trayectoria de Jiménez Salinas, quien ha sido dos veces alcalde de la capital del estado, además de regidor, diputado local, funcionario estatal y dirigente partidista.
Por otra parte, Alejandro Moreno y Carolina Viggiano han consolidado al PRI como una oposición firme, combativa y consistente. De esta manera, el partido logró captar también el respaldo de sectores inconformes con el régimen federal.
Mientras tanto, los gobiernos de Morena atraviesan una etapa en la que los errores del pasado reciente afloran constantemente. Lo mismo se descarrila un tren que se incendia la refinería Olmeca o fracasa la aerolínea estatal. A ello se suman la caída del empleo, el incremento de la inflación y el deterioro del sistema de salud. El partido oficialista transita de escándalo en escándalo, mientras comienzan a hacerse visibles las fracturas internas y los desencuentros entre sus liderazgos.
En Coahuila, el PRI ha construido una militancia leal, orgullosa y permanentemente activa. Para esta elección postuló mujeres y hombres con arraigo social, propuestas claras y cercanía con la ciudadanía. Con disciplina y determinación, recorrieron calles y colonias para solicitar el voto casa por casa.
Sus adversarios de Morena apostaron principalmente a las redes sociales y a la descalificación. Tampoco puede pasar inadvertido el abandono que la dirigencia nacional guinda mostró hacia sus propios candidatos en el estado. Así lo señaló Alberto Hurtado, uno de los contendientes derrotados, quien responsabilizó a Luisa María Alcalde y a Andrés Manuel López Beltrán de los malos resultados obtenidos.
Morena no acepta la voluntad popular y ya amenaza con impugnar los comicios. A muchos les preocupa que, en 2030, el partido fundado por López Obrador tampoco esté dispuesto a reconocer una eventual derrota y que, con el respaldo de las autoridades electorales, pretenda mantenerse en el poder.