Gustavo Rico, director del Hospital San Martín comparte las vivencias que marcaron su carrera, desde grandes contingencias hasta las emergencias en su hogar
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
El servicio más difícil para un paramédico no siempre ocurre entre sirenas, accidentes o escenas de emergencia colectiva, a veces, el verdadero reto llega en silencio, dentro de casa, cuando la preparación profesional se enfrenta al vínculo más profundo: la propia familia. Para Gustavo Rico Hernández, director del Hospital San Martín, paramédico profesional esa realidad marcó su vida al tener que actuar para salvar la vida a sus propios hijos.
Con más de 20 años de experiencia en la atención prehospitalaria, su trayectoria comenzó como enfermero, posteriormente se formó como paramédico y consolidó su preparación en áreas de rescate industrial, brigadista y capacitación especializada en emergencias, desarrollando una carrera enfocada en la atención de situaciones críticas.
A lo largo de su carrera, ha dedicado una parte importante a la formación de personal en urgencias, participando en la capacitación de paramédicos, brigadistas y equipos operativos en instituciones como la Cruz Roja, además de programas independientes que han contribuido a la preparación de personal en distintas regiones del país.
Sin embargo, entre todas sus experiencias en campo, una de las más difíciles ocurrió cuando su hijo mayor nació sin signos vitales, en ese momento, sin margen de tiempo ni condiciones ideales, aplicó maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) hasta lograr estabilizarlo.
A ese episodio se suma otra intervención igual de delicada dentro del entorno familiar, cuando tuvo que actuar de inmediato ante un atragantamiento que sufrió otro de sus hijos, aplicando la maniobra de Heimlich en una situación donde la técnica profesional se enfrentó al temor más humano.
Más allá del ámbito personal, su trayectoria también incluye la atención de contingencias de gran magnitud como huracanes, inundaciones, incendios forestales y accidentes múltiples, escenarios en los que ha participado tanto en la respuesta operativa como en la capacitación de equipos de emergencia.
Rico Hernández afirma que ser paramédico la preparación nunca termina: la disciplina, la actualización constante y la capacidad de actuar bajo presión son esenciales para responder de manera eficaz ante cualquier emergencia.“No hagas cosas pequeñas, haz cosas grandes y que marquen la diferencia”, una expresión que lo define como paramédico y como formador de vida en situaciones donde cada segundo cuenta