La gente se organizó para los rescates y sola sacó los cuerpos de los fallecidos; ahora, organizan ayuda para otras zonas
Han pasado cinco días desde el devastador terremoto que impactó Venezuela y arrasó buena parte de La Guaira. Miles de civiles, personal de rescate extranjero y efectivos de Protección Civil venezolana ya se encuentran en el sitio tratando de realizar labores de salvamento. Esa atención, fundamental para apoyar a todas las personas afectadas, lamentablemente no ha llegado a Carayaca, un pueblo que, poco a poco, empieza a responder con escasa o nula ayuda.
Llegar a Carayaca desde Catia la Mar es enfrentar el daño y las secuelas dejadas por el sismo: casas derrumbadas, miles de personas durmiendo en la calle, negocios saqueados y efectivos policiales y militares que, pese a estar en el lugar, se limitan a labores de control de tránsito.
Pero si se recorre más allá, se aprecia que el desastre no se limitó a la ciudad principal; más allá de Catia la Mar, en el sector Las Tunitas, las personas sufren por la falta constante de servicios públicos e insumos. La comida y el agua son una necesidad permanente.
Maris Valera, habitante del sector, se para junto a varias vecinas y algunos niños a hacer señas a los vehículos que pasan. Buscan, con un letrero improvisado, que los conductores se detengan y les brinden algún donativo.
“Estamos muy afectados, necesitamos pañales; estamos sin luz desde el día del terremoto. Necesitamos leche, agua potable. Estamos totalmente desasistidos, tenemos niños, personas encamadas. Estamos totalmente desasistidos desde aquí hasta Arrecife”, comentó la mujer con su niño en los brazos.
Su realidad, lamentablemente, no es única; un par de kilómetros más adelante, en Arrecife, la historia se repite.
María, una mujer de la tercera edad que estaba sentada en una esquina junto con otros dos ancianos, hizo el mismo llamado: “Necesitamos comida. La luz va y viene, estamos abandonados, nadie ha venido a ayudarnos”.
La ruta hacia Carayaca está llena de viviendas a los lados de la carretera. La gran mayoría no presenta los daños estructurales severos que se aprecian en otros sectores de La Guaira, pero las necesidades de sus habitantes no dejan de estar presentes. Lo ausente es el auxilio por parte del Estado.
Los cuerpos de los fallecidos los sacaron los vecinos
Al llegar al pueblo de Carayaca, lo primero que uno encuentra es el complejo perteneciente a la Unidad Educativa Rafael Rangel, una escuela creada para los niños que, tras el sismo, perdió la mayor parte de su estructura. Aun así, es el lugar en el que algunas familias pasan las noches.
“Nosotros somos vecinos, nuestras casas están afectadas y la directora nos prestó este espacio para que podamos pasar las noches. Aquí estamos durmiendo como 50 personas. De día, la gente va a sus casas, pero para dormir, lo hacemos aquí”, comentó Carmen Mayora, una de las mujeres refugiadas en la escuela.
Pese a su realidad, tanto ella como Alexandra Camacho, otra de las desplazadas, destacan la ausencia casi total del Estado venezolano. Aseguran que solo las ayudas de particulares han llegado al sitio. Inclusive, relataron que el rescate de las personas y la recuperación de los cuerpos de las víctimas fatales fue hecho por los propios residentes de Carayaca.
“Aquí no hay autoridad. Las personas rescatadas y los cuerpos de los fallecidos fueron sacados por el trabajo de los vecinos, el pueblo colaboró. El gobierno como tal no está, esto ha sido puro pueblo”, contó Camacho.
POR STAFF/LATIN US