Holanda Contreras
«COAHUILA ESPERÓ AL MUNDIAL. EL MUNDIAL YA ESTABA BLINDADO»
El Mundial 2026 se vendió como la gran derrama. Y Coahuila hizo la tarea.
Se tejió la expectativa: con hoteles de Monterrey a $40 mil la noche, se creyó que el turismo buscaría alternativas. Que Saltillo, Torreón, Arteaga y Parras serían el plan B: más barato, más auténtico, más México. Que la escénica de la sierra y el vino jalarían lo que la sede no podía sostener.
Pero el telar ya venía roto.
No fue culpa del paisaje. No fue culpa de la promoción. Las alertas internacionales estaban ahí desde antes del silbatazo inicial. Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Alemania y muchos otros, ya tenían a 11 estados mexicanos en semáforo rojo por inseguridad general: robos, secuestros, violencia.
El Mundial no generó las alertas. Se estrelló contra ellas. Cuando la cancillería británica endureció restricciones para el México-Inglaterra, solo confirmó lo que ya advertía: celulares robados, bebidas adulteradas y riesgo real.
Y luego, desde el gol 1, la civilidad se fue a ceros frente al mundo.
El espejo nos devolvió: portones tumbados en Monterrey porque “la gente es así”. Hotelazos con bocina en las sedes de los equipos rivales. 40 toneladas de basura diaria por sede. Asfixiados en Reforma por sobrecupo.
Inglaterra respondió con lo único que entiende un país en alerta: 12 mil elementos, Plan Kukulcán, protocolos químicos y nucleares para un partido. No es protocolo de fiesta. Es protocolo de guerra.
Coahuila resistió con lo suyo. Saltillo con su Ruta Vinos y Dinos. Torreón con su turismo de negocios. Arteaga con su sierra. Mantuvieron su ocupación habitual mientras las sedes reportaban 65% nacional, la más baja en décadas para un Mundial, repito, para un Mundial.
Y luego llegamos al caso Parras. Reconocemos que el proyecto mundialista “no funcionó”. Cero reservaciones extra. Y el remate: Algunos concluyeron que Parras debe “replantear estrategias de promoción”.
No, señores.
Las alertas de inseguridad ya habían cerrado la puerta antes de que Parras pudiera abrirla. Parras es bodas, reuniones familiares y vino desde antes del VAR. Su mercado es orgánico, no de coyuntura. Pedirle que se vuelva base de la FIFA es como pedirle al Sarape que tape un penal.
El replanteamiento es de México como anfitrión. No puedes vender “Pueblos Mágicos” cuando el país entero arrastra alertas de viaje. No puedes ofrecer “experiencia cultural” si el turista lee que aquí matan gente en festejos. El turismo no vive de estadios: vive de seguridad, orden y palabra. Y eso no lo teje Parras. Lo teje el país, desde antes del calendario FIFA.
Coahuila puso la lana, la escénica y la copa servida. Pero si el invitado no llega porque la calle está en rojo desde hace meses… no culpes al anfitrión por no llenar las sillas.
El vino está listo. El telar está firme. Falta que a México le quiten las alertas, no que Parras ponga más anuncios.