Por: Dr. Diomar Enrique Rodríguez Obregón, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Unidad Norte, Universidad Autónoma de Coahuila.
Hasta hace poco, Midjourney era conocida por crear imágenes con inteligencia artificial. Millones de personas la han usado para escribir una frase, por ejemplo, “un castillo futurista en el desierto” o “un retrato estilo pintura renacentista”, y recibir en segundos una imagen generada por computadora. En otras palabras, Midjourney se volvió famosa porque ayudó a popularizar la idea de que una inteligencia artificial podía convertir palabras en imágenes sorprendentes.
Por eso llamó tanto la atención cuando la empresa anunció Midjourney Medical, una nueva división que no busca hacer dibujos, sino construir escáneres del cuerpo humano. Su propuesta es ambiciosa: crear una máquina capaz de obtener imágenes de cuerpo completo usando ultrasonido, agua y cómputo avanzado con inteligencia artificial, sin radiación y sin los grandes imanes que se usan en la resonancia magnética. La empresa presenta su tecnología como “Tomografía Computarizada Ultrasónica” y habla de escaneos de aproximadamente 60 segundos.

Para entender por qué esto importa, hay que recordar qué representa Midjourney dentro del mundo de la IA. No es una empresa médica tradicional ni un hospital ni un fabricante clásico de equipos de imagenología. Es una compañía nacida en la ola de la IA generativa, es decir, la inteligencia artificial capaz de crear contenido nuevo: imágenes, textos, videos o sonidos. Su entrada al área médica sorprende porque viene de un sector más cercano al arte digital, el diseño y la computación creativa que a la radiología clínica.
La idea de Midjourney Medical suena casi como ciencia ficción: una persona se sumergiría en una especie de cabina o tina con agua, rodeada por sensores de ultrasonido. Estos sensores enviarían ondas sonoras a través del cuerpo desde muchos ángulos. Después, una computadora reconstruiría esa información para formar imágenes tridimensionales. La empresa incluso plantea abrir una primera ubicación en San Francisco hacia finales de 2027.
Un detalle importante es que Midjourney no lo presenta inicialmente como una clínica de diagnóstico, sino como una experiencia parecida a un spa. Es decir, algo más cercano a ir a revisarse el cuerpo como parte de una rutina de bienestar que a acudir a un hospital por una enfermedad específica. Reportes recientes indican que la empresa ha hablado de empezar con mapas de composición corporal, no con diagnóstico médico formal. Esto es relevante porque diagnosticar enfermedades exige evidencia clínica, regulación y validación mucho más estrictas.

¿Por qué usar agua? La respuesta está en la física del ultrasonido. El ultrasonido usa ondas sonoras para formar imágenes del interior del cuerpo. Pero esas ondas no viajan bien a través del aire. Por eso, cuando a una persona le hacen un ultrasonido convencional, el médico coloca gel sobre la piel: el gel elimina la capa de aire entre el transductor y el cuerpo. En el caso de Midjourney Medical, el agua cumpliría una función parecida, pero a mayor escala. Al sumergir el cuerpo, los sensores pueden enviar y recibir sonido desde muchos ángulos sin que el aire bloquee la señal.
Además, el agua permite rodear el cuerpo con sensores. En un ultrasonido común, el médico mueve una sonda sobre una zona específica: abdomen, corazón, embarazo, tiroides, etc. En una tomografía por ultrasonido, la idea es distinta: obtener información desde muchas direcciones para reconstruir una imagen más amplia, como si se intentara armar un mapa tridimensional del cuerpo.

La pregunta más importante es: ¿esto realmente puede reemplazar a una resonancia magnética? Con la evidencia actual, la respuesta prudente es: no como reemplazo general. La resonancia magnética sigue siendo una de las mejores herramientas para estudiar cerebro, médula espinal, articulaciones, abdomen, pelvis, corazón y muchos tumores. Ofrece un contraste muy detallado de tejidos blandos y no depende de que el sonido pueda atravesar bien cada parte del cuerpo.
El ultrasonido, en cambio, tiene limitaciones conocidas. Funciona muy bien en muchas situaciones, pero tiene problemas con el hueso, el aire, el cráneo, los pulmones y el gas intestinal. El sonido no atraviesa todos los tejidos de la misma manera. Por eso una imagen 3D obtenida con ultrasonido no necesariamente equivale a una resonancia magnética. Puede ser útil, pero no ve el cuerpo de la misma forma.

Entonces, ¿la propuesta es absurda? No necesariamente. La tomografía por ultrasonido sí existe como campo científico. Se ha estudiado, por ejemplo, para imagen de mama y para medir propiedades de los tejidos, como la velocidad del sonido o la atenuación. También hay trabajos recientes que muestran sistemas experimentales capaces de obtener imágenes de secciones completas del cuerpo humano usando ultrasonido en agua. Un estudio académico describió imágenes de abdomen y piernas en voluntarios sanos mediante una configuración circular de ultrasonido, con posibles aplicaciones como medición de grasa abdominal o localización de agujas en procedimientos médicos.
También se han reportado avances en sistemas híbridos que combinan ultrasonido con otras técnicas, como imagen fotoacústica, para obtener información estructural y vascular en 3D. Estos desarrollos muestran que la idea de usar sonido para obtener imágenes más amplias del cuerpo tiene base científica. Pero una cosa es demostrar un prototipo prometedor en investigación y otra muy distinta es convertirlo en un escáner de cuerpo completo, rápido, barato, confiable y clínicamente equivalente a una resonancia magnética.
Una forma sencilla de verlo es esta: Midjourney Medical podría ser plausible como una nueva herramienta para ciertos usos, por ejemplo composición corporal, grasa, músculo, algunas estructuras superficiales o seguimiento general de cambios en el cuerpo. También podría ser útil si logra hacer estudios frecuentes, accesibles y sin radiación. Pero afirmar que reemplazará a la resonancia magnética en diagnóstico médico avanzado todavía suena exagerado.

También hay un riesgo de falsas expectativas. La idea de escanear todo el cuerpo en un minuto puede sonar tranquilizadora: “me reviso todo y así sé si estoy sano”. Pero en medicina no siempre funciona así. Los escáneres de cuerpo completo pueden encontrar cosas dudosas en personas sanas: quistes, nódulos pequeños, variaciones normales o hallazgos que quizá nunca causarían problemas. Eso puede llevar a ansiedad, estudios adicionales, biopsias innecesarias y gastos. Ver más no siempre significa entender mejor.
Por eso es comprensible que Midjourney quiera iniciar como spa o servicio de bienestar. Si promete diagnóstico médico, tendría que demostrar que su máquina detecta enfermedades de manera confiable, que no genera demasiados falsos positivos, que no pasa por alto lesiones importantes y que realmente ayuda a tomar mejores decisiones clínicas. Además, tendría que pasar por procesos regulatorios como los que aplican a dispositivos médicos y sistemas de apoyo al diagnóstico. La FDA, por ejemplo, tiene guías para evaluar el desempeño clínico de herramientas computacionales aplicadas a imágenes radiológicas.

Otro punto interesante es cómo se financia Midjourney. A diferencia de muchas empresas tecnológicas que dependen fuertemente de inversionistas externos, Midjourney se describe a sí misma como un laboratorio financiado por su comunidad. Su negocio principal ha sido cobrar suscripciones por el uso de sus modelos de generación de imágenes. Esa independencia podría permitirle apostar por proyectos raros o ambiciosos que tal vez una empresa médica tradicional no intentaría tan rápido. Midjourney se presenta oficialmente como un laboratorio de investigación “community-funded”.
Pero la independencia financiera no sustituye la evidencia científica. Para que Midjourney Medical sea tomado en serio como herramienta diagnóstica, harían falta estudios muy concretos. Primero, demostrar que el escaneo es repetible: que si una persona se escanea dos veces, los resultados sean consistentes. Segundo, compararlo contra métodos ya aceptados, como resonancia magnética, tomografía, ultrasonido convencional o incluso biopsia, dependiendo del objetivo. Tercero, probarlo en muchas personas distintas: diferentes edades, sexos, tallas, enfermedades y condiciones corporales. Cuarto, demostrar utilidad clínica: no basta con producir imágenes llamativas; debe probarse que esas imágenes ayudan a médicos y pacientes.
Si además la empresa usa inteligencia artificial para reconstruir o interpretar las imágenes, el reto aumenta. La IA puede mejorar una imagen, pero también puede equivocarse, exagerar estructuras, ocultar detalles o producir resultados difíciles de interpretar. En medicina, una imagen bonita no basta. Lo importante es que sea confiable, medible, reproducible y útil para tomar decisiones.
Midjourney Medical debe entenderse, por ahora, como una apuesta tecnológica audaz. Tiene elementos interesantes: ultrasonido sin radiación, escaneos rápidos, agua como medio de acoplamiento, reconstrucción 3D y posible reducción de costos. También se apoya en un campo científico real: la tomografía por ultrasonido. Pero todavía no hay evidencia pública suficiente para afirmar que pueda reemplazar a la resonancia magnética ni que esté listo para diagnóstico médico general.
La noticia, entonces, no debe leerse como “la resonancia magnética será reemplazada por un spa de ultrasonido”. Sería más correcto decir: una empresa famosa por IA generativa quiere explorar una nueva forma de imagen corporal basada en ultrasonido, con una propuesta comercial llamativa y muchas preguntas científicas pendientes.
La actitud más sana no es burlarse de la idea ni creerla ciegamente. Es pedir evidencia. ¿Qué partes del cuerpo puede ver bien? ¿Qué enfermedades puede detectar? ¿Con qué precisión? ¿Comparado con qué método? ¿Quién interpretará los resultados? ¿Qué regulación tendrá? ¿Qué pasará con los datos corporales de los usuarios? ¿Cuántos hallazgos falsos generará?
En salud, las promesas tecnológicas deben evaluarse con cuidado. Midjourney ya demostró que la inteligencia artificial puede cambiar la forma en que imaginamos y creamos imágenes. Ahora quiere entrar al terreno de las imágenes médicas. Pero en medicina, imaginar no es suficiente: hay que demostrar.