El problema no apunta a un daño inmediato, sino a la exposición acumulada durante una etapa en que órganos y cerebro siguen madurando y absorben sustancias tóxicas con más facilidad
La alimentación a lo largo de la vida es fundamental para la salud de las personas; sin embargo, durante los primeros meses y años de vida es fundamental para el desarrollo físico y cognitivo. Recientes análisis científicos han revelado que una gran proporción de alimentos comerciales destinados a las infancias, incluyendo fórmulas lácteas y papillas, contienen niveles detectables de metales pesados.
Las Dras. Rosa María Mariscal Moreno y Alejandra de Jesús Cantoral Preciado, académicas del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana (IBERO), así como el geógrafo Abraham Moisés Reyes Luna, participaron en la revisión internacional Concentrations of Heavy Metals in Processed Baby Foods and Infant Formulas Worldwide, publicada por la revistaNutrition Reviews.
Estos son los metales pesados hallados en alimentos y estos son los riesgos
Los especialistas advierten que más del 60% de los productos infantiles y fórmulas para lactantes evaluados contienen plomo, cadmio o arsénico.
De acuerdo con la publicación, una parte de las muestras de alimentos con arroz y pescado rebasó los límites máximos internacionales permitidos. Los cereales también registraron concentraciones elevadas de cadmio.
En el caso de las fórmulas lácteas, los mayores niveles de plomo y cadmio aparecieron en las destinadas a bebés menores de un año. Varias fórmulas sin clasificación específica presentaron las concentraciones más altas de arsénico.
Entre los hallazgos, detectaron una alta frecuencia de metales pesados en fórmulas elaboradas con soya y, en menor medida, en las elaboradas con leche de vaca.
La revisión identificó además 15 estudios que evaluaron los riesgos para la salud asociados con el consumo de estos productos. Esos trabajos señalaron riesgos potenciales, sobre todo para bebés mayores de seis meses que consumen alimentos a base de arroz y para menores de un año alimentados con fórmulas de las primeras etapas.
La revisión advierte que los bebés forman una de las poblaciones más vulnerables porque sus órganos todavía están en desarrollo, consumen más alimento en relación con su peso corporal y absorben con mayor facilidad sustancias tóxicas.
La exposición temprana a metales pesados se ha relacionado con alteraciones neurológicas, problemas cognitivos y de conducta, afectaciones respiratorias y cardiovasculares, además de un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas a largo plazo.
El equipo investigador aclara que, aunque la presencia de estos contaminantes no implica daño inmediato, la exposición acumulativa puede afectar el desarrollo infantil incluso en cantidades bajas, ya que no existe un umbral completamente seguro para niños y niñas en el caso del plomo.
Origen de la contaminación y desafíos regulatorios
Los metales en alimentos infantiles pueden encontrarse, de acuerdo con los expertos, desde el cultivo agrícola por su presencia en el suelo y agua, hasta en procesos industriales, así como en el empaquetado de estos productos.
El análisis destaca que la contaminación ambiental en mares y ríospropicia la acumulación de arsénico y mercurio en pescados, lo que explica los niveles elevados en productos que contienen este ingrediente.
La revisión sostiene que es fundamental reforzar los sistemas internacionales de vigilancia, armonizar los límites máximos permitidos y exigir estándares de producción más severos a la industria.
Información de Infobae