Momento de actuar, no de seguir aplazando
Cada día que AHMSA permanece sin una solución, Monclova pierde una oportunidad para levantarse, falta voluntad a la federación, no hay argumento que justifique una espera interminable mientras miles de familias pagan las consecuencias
Por: Melchor Sánchez
La Prensa
Por más de 70 años, Altos Hornos de México fue mucho más que una empresa. Fue el corazón económico de Monclova y de gran parte de la Región Centro de Coahuila. Su actividad impulsó también a la Región Carbonífera, la Región Desierto, las ciudades fronterizas y a cientos de proveedores que dependían directa o indirectamente de la producción de acero.
En sus mejores años, AHMSA representó el sustento de alrededor de veinte mil familias de manera directa y de decenas de miles más mediante el comercio, el transporte, los servicios y toda la cadena de proveeduría. En total, cerca de cuarenta mil familias dependían, de una u otra forma, de la fortaleza de la siderúrgica. No era solamente una empresa; era el motor económico de toda una región.
Muchos habitantes de esta zona sostienen que el cierre de AHMSA pudo haberse evitado. Desde esa perspectiva, el enfrentamiento entre el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y el empresario Alonso Ancira terminó por colocar a la empresa en una situación prácticamente insostenible. El congelamiento de cuentas, las dificultades para acceder a financiamiento, la cancelación de concesiones mineras, los problemas para mantener la operación (CFE y Gas) y la imposibilidad de cumplir con los trabajadores y proveedores fueron debilitando, paso a paso, a una empresa que durante décadas fue un orgullo para México y una de las siderúrgicas más importantes de América Latina.
Al final, quienes pagaron el precio más alto no fueron los protagonistas de ese conflicto. Fueron los trabajadores, sus familias, los pequeños empresarios, los comerciantes y miles de personas que vimos desaparecer su fuente de ingresos y el futuro que durante generaciones había girado alrededor de Altos Hornos de México.
Pero el daño no terminó cuando se apagaron los hornos. Después vino una etapa que, para miles de familias, ha resultado igual de dolorosa: la interminable espera.
Desde hace varios años, Monclova ha escuchado una y otra vez el mismo discurso: que ahora sí está por concretarse la venta, que ahora sí viene la reactivación, que ahora sí falta muy poco para que AHMSA vuelva a producir. Sin embargo, los meses se convierten en años y la solución nunca llega.
Hoy, el centro de la preocupación ya no es únicamente el conflicto que llevó al cierre de la empresa. Hoy también lo es la lentitud con la que se ha conducido el procedimiento judicial. Bajo la responsabilidad de la jueza del concurso mercantil y del síndico encargado del proceso, cada aplazamiento, cada recurso, cada trámite y cada nueva espera representan un golpe más para una empresa cuyo valor disminuye conforme pasa el tiempo.
La sociedad tiene derecho a preguntarse por qué un procedimiento de esta magnitud continúa sin una definición clara después de tantos años. Tiene derecho a exigir que las decisiones se tomen con oportunidad y que, si existen inversionistas interesados en adquirir AHMSA mediante los mecanismos legales correspondientes, se les permita competir en un proceso transparente, ágil y definitivo.
A esa incertidumbre se suma lo que muchos ciudadanos perciben como una insuficiente voluntad política del Gobierno Federal para impulsar una solución que permita rescatar una industria estratégica para el país. Mientras los expedientes siguen acumulándose y las fechas vuelven a posponerse, quienes verdaderamente pagan el costo son los trabajadores, los pensionados, los proveedores y toda una región que continúa esperando una respuesta.
Es inevitable que la ciudadanía se haga preguntas. ¿Por qué un proceso que debió resolverse hace años sigue sin concluir? ¿Por qué cada semana aparece un nuevo obstáculo y cada mes se anuncia un nuevo retraso? ¿Por qué no existe una decisión definitiva? Son interrogantes legítimas que nacen del cansancio y de la desesperación de una comunidad que ha esperado demasiado.
Mientras tanto, la empresa sigue perdiendo valor. Cada día que pasa sin producir acero significa maquinaria que se deteriora, clientes que se marchan, mercados que se pierden, talento que emigra y oportunidades de inversión que buscan otros destinos. Lo que hace cuatro años podía rescatarse con relativa rapidez, hoy requiere un esfuerzo mucho mayor.
Monclova no necesita más discursos ni más promesas. No necesita más aplazamientos. Necesita decisiones. Necesita certeza jurídica. Necesita que el procedimiento concluya de una vez por todas para que la empresa pueda venderse, reactivarse y volver a generar el empleo y la esperanza que durante décadas dieron vida a esta tierra.
Porque el tiempo también destruye empresas. Y cada día que pasa sin una solución hace más difícil recuperar lo que alguna vez fue el orgullo industrial de México.
AHMSA no fue solamente una acerera. Fue el proyecto de vida de generaciones enteras. Y por respeto a esas familias, por respeto a la historia de Monclova y por respeto al futuro de esta región, ya es tiempo de que quienes tienen en sus manos el destino de la empresa dejen de administrar la espera y comiencen, por fin, a construir una solución.