«Tengo el mandato del presidente de encontrar la manera de que, en cualquier acuerdo que alcancemos con México, haya aranceles, cuotas o cualquier otro mecanismo para tratar de controlar eso», dijo el representante comercial Jamieson Greer
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Aunque México logre un acuerdo para la ratificación del T-MEC o incluso termine negociando un nuevo tratado comercial con Estados Unidos, eso no significaría el fin de los aranceles.
Por el contrario, la administración de Donald Trump busca mantener algún mecanismo que le permita seguir gravando las importaciones mexicanas.
Así lo confirmó el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, quien señaló que esa es una instrucción directa del presidente estadounidense.
«Tengo el mandato del presidente de encontrar la manera de que, en cualquier acuerdo que alcancemos con México, haya aranceles, cuotas o cualquier otro mecanismo para tratar de controlar eso», dijo durante el Foro de Seguridad del Instituto Aspen, en Colorado.
De acuerdo con Greer, el gobierno mexicano ha mostrado disposición para aceptar cambios y cooperar con Estados Unidos; sin embargo, reconoció que todavía no existen condiciones para avanzar hacia la ratificación del acuerdo comercial.
El principal obstáculo, insistió, sigue siendo el déficit externo de Estados Unidos, es decir, el desequilibrio que existe porque el país compra al resto del mundo más bienes y servicios de los que vende. Por ello, se busca un futuro permanente con aranceles.
La justificación de los aranceles
Las declaraciones de Greer vinieron acompañadas de la más reciente publciación del Council of Economic Advisers (CEA), el grupo de economistas que asesora directamente al presidente Donald Trump.
Ellos publicaron el documento Measuring Balance of Payments Deficits, un análisis que busca respaldar la estrategia comercial de los aranceles de la Casa Blanca.
El texto revisa las distintas formas en que históricamente se ha medido el déficit de la balanza de pagos, pero concluye que el indicador más importante actualmente es el déficit de la cuenta corriente, porque refleja el desequilibrio entre lo que Estados Unidos compra al resto del mundo y lo que logra venderle.
Según el CEA, esa es la medida que mejor permite identificar cuándo un país enfrenta un problema en su comercio exterior.
«El enfoque más razonable para determinar un déficit de balanza de pagos es el saldo de la cuenta corriente», se lee en el documento.
Para sustentar esa postura, el Consejo compara la situación actual con la de hace más de cinco décadas.
En 1972, el déficit de la cuenta corriente de Estados Unidos equivalía aproximadamente a -0.5% del Producto Interno Bruto (PIB), o -0.7% del Producto Nacional Bruto (PNB), según las estimaciones disponibles entonces.
Al cierre de 2024, ese déficit alcanzó -4.1% del PIB, es decir, es alrededor de ocho veces mayor que el registrado cuando el Congreso estadounidense aprobó la Sección 122 de la Trade Act de 1974.
El documento sostiene que esa ley autoriza al presidente de Estados Unidos a imponer de manera temporal aranceles o restricciones a las importaciones cuando exista un déficit grave en la balanza de pagos.
Con ello, el documento deja entrever que, si esa facultad legal fue aprobada cuando el déficit era de apenas -0.5% del PIB, ahora que alcanza -4.1%, la administración de Trump considera que existen todavía más argumentos para recurrir a los aranceles.
Contradicciones
Si Estados Unidos mantiene esa postura, el resultado iría en sentido contrario a uno de los principales objetivos que ha planteado el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, durante la revisión del T-MEC.
Ebrard ha sostenido que las negociaciones buscan recuperar una relación comercial sin gravámenes, eliminando los aranceles que Trump ha impuesto en distintos sectores.
Información de Proceso