Estación Sauceda:
Un lugar de encanto, digno de admirarse
Por Melchor Sánchez de la Fuente
LA PRENSA
Hoy, recorriendo algunas de las carreteras de Coahuila, a pocos kilómetros de Hipólito, me encontré con un lugar donde pareciera que el tiempo decidió detenerse: la antigua Estación Sauceda.
Me detuve a contemplar sus muros de piedra, sus puertas, sus ventanas y aquella vieja chimenea… y por un momento traté de imaginar este mismo lugar hace más de cien años.
Imaginé a las mujeres de 1900, con sus vestidos largos de crinolina, sus sombreros y aquellos elegantes peinados; a los hombres esperando la llegada del tren; a los niños corriendo alrededor de la estación. Imaginé también a familias enteras cargando sus maletas, quizá con miedo, pero también con esperanza, subiendo al ferrocarril para buscar trabajo y nuevos horizontes, hacia el norte o hacia el sur.

Porque por estas vías no solamente pasaban trenes. Por aquí viajaba la vida.
Llegaban mercancías y materiales; llegaban cartas, paquetes y noticias de lugares lejanos. En una época sin teléfonos celulares ni comunicación instantánea, el silbato de una locomotora anunciaba mucho más que la llegada de un tren: anunciaba noticias, encuentros, despedidas y oportunidades.
¿Quién habrá esperado sentado dentro de estas habitaciones? ¿Cuántos abrazos de despedida habrán presenciado estos muros? ¿Cuántas personas habrán mirado hacia las vías esperando distinguir, a lo lejos, el humo de aquella locomotora que finalmente los llevaría a su destino?

Hoy solamente queda el silencio.
Pero tuve la fortuna de llegar hasta aquí y tomar estas fotografías, que ahora quiero compartir con ustedes, nuestros lectores. Porque fotografiar un lugar como Estación Sauceda no es solamente retratar piedras antiguas.
Es intentar conservar la memoria de quienes alguna vez estuvieron aquí.
Y detrás de estos muros silenciosos existe una historia extraordinaria: una historia que comenzó durante el Porfiriato, que conoció el paso del ferrocarril y que, años después, sería también testigo de uno de los capítulos más importantes de la Revolución Mexicana.
Ésta es la historia de Estación de “La Sauceda”.
En medio del desierto de Coahuila, en el municipio de Ramos Arizpe, permanece en pie la vieja Estación Sauceda, como un testigo silencioso de más de un siglo de historia.

Su origen se remonta al Porfiriato, cuando durante el gobierno de Porfirio Díaz México vivió una enorme expansión ferroviaria. Hacia 1888, el Ferrocarril Internacional Mexicano extendió sus vías por estas tierras, comunicando el norte de Coahuila con Torreón y convirtiendo al ferrocarril en símbolo de modernidad, comercio y progreso.
Pero Sauceda también sería escenario de otra etapa decisiva. El 17 de marzo de 1913, Venustiano Carranza pasó por La Sauceda y pernoctó aquí, en los primeros días de la lucha constitucionalista contra Victoriano Huerta.
Así, este pequeño rincón del desierto une dos grandes capítulos de México: el Porfiriato y la Revolución.
Hoy sus muros de piedra siguen junto a las vías, recordándonos que Estación Sauceda no es una ruina: es un pedazo vivo de la historia de Coahuila y de México

Publicado por Iris Camila Beltran




