La materia Integradora: un reto que prepara para el mundo profesional
Por: Gustavo Adolfo Morales Pesina Norberto Menchaca Mata, Luis Alberto Montes Facundo, Sebastian Armando Guerrero Lopez, Edith Yuritzi Ortega Lomas y Evelin Alexa Gómez Rios
Estudiantes de Ingeniería en Proceso y Operaciones Industriales
LA PRENSA
Para nosotros, la materia Integradora es la oportunidad de llevar a la práctica lo aprendido durante la carrera. Nos permite trabajar en equipo, resolver problemas, tomar decisiones y desarrollar un proyecto que no solo demuestra nuestros conocimientos, sino también nuestra capacidad para aplicarlos en situaciones reales y con una utilidad para los demás.
Nuestro proyecto integrador se llama NutriDecor y nació de una pregunta que, aunque parecía sencilla, terminó convirtiéndose en todo un reto para nosotros: si las piedras decorativas que colocamos en las plantas ayudan a que se vean bonitas, ¿por qué no podrían también tener algún aporte real para ellas?
La idea surgió a partir de una observación de nuestro compañero Gustavo Pesina. A partir de esa pregunta comenzamos a investigar qué materiales naturales podíamos utilizar y qué propiedades podíamos aprovechar para desarrollar una piedra que no solo fuera decorativa, sino también funcional. Así nació NutriDecor.
Nuestro proyecto consiste en desarrollar una piedra ecológica para macetas, elaborada principalmente con materiales naturales como tierra de diatomeas, arcilla potásica, cáscara de huevo, fibra de coco y carbón vegetal. La idea es que tenga una doble función: ser un elemento decorativo para las plantas y, al mismo tiempo, aportar beneficios al suelo y ayudar al control natural de algunas plagas.
Queríamos ofrecer una alternativa más natural al uso frecuente de fertilizantes y productos químicos para el cuidado de las plantas, pero también encontrar una manera diferente de presentar un producto que, además de ser funcional, pudiera integrarse como parte de la decoración.
Desarrollar NutriDecor ha sido un proceso de mucho aprendizaje. Como equipo ya habíamos trabajado juntos en proyectos anteriores de la materia integradora, por lo que comenzamos con una base de confianza y conocimiento entre nosotros. Eso nos permitió organizarnos mejor y afrontar los problemas como equipo.
También fue un proceso de prueba y error. Tuvimos formulaciones que no funcionaron como esperábamos y tuvimos que modificarlas, repetir pruebas y analizar los resultados hasta encontrar una formulación que tuviera mejores características.
Una de las partes más difíciles fue lograr que la piedra tuviera un equilibrio entre resistencia, consistencia y funcionalidad. Algunas de las primeras formulaciones no tenían la resistencia que buscábamos, así que tuvimos que modificar las cantidades de los materiales.
En lugar de ver los resultados negativos como un fracaso, aprendimos a utilizarlos para identificar qué necesitábamos cambiar. Esa parte fue importante porque nos enseñó a tomar decisiones basándonos en los resultados obtenidos.
Uno de los momentos que más recordamos fue cuando finalmente obtuvimos una formulación que cumplió con las pruebas de resistencia que habíamos establecido. Después de varias modificaciones, ver que la piedra podía soportar las pruebas y que además podía utilizarse en una planta nos hizo sentir que todo el trabajo y esfuerzo finalmente estaba dando resultados.
También nos sorprendió cuánto puede cambiar el comportamiento del producto al modificar pequeñas cantidades de un material. Al principio pensábamos que los cambios serían más sencillos, pero durante las pruebas nos dimos cuenta de que cada componente influía en la consistencia y resistencia de la piedra.
Durante el proyecto pudimos aplicar conocimientos relacionados con la planeación de proyectos, administración de recursos, análisis de riesgos, estimación de tiempos, documentación, investigación y evaluación de resultados. También utilizamos conocimientos técnicos para desarrollar y modificar nuestro prototipo.
Pero quizás uno de nuestros mayores aprendizajes fue entender que en un proyecto real las cosas no siempre salen como se plantean inicialmente. En clase podemos conocer herramientas y metodologías, pero al llevarlas a la práctica entendimos la importancia de adaptarlas a situaciones reales, trabajar con información incompleta y tomar decisiones cuando los resultados no son los esperados.
También desarrollamos nuestra capacidad para resolver problemas, analizar resultados y tomar decisiones en equipo. Mejoramos nuestra organización, comunicación, distribución de actividades y capacidad para adaptarnos cuando algo no salía como estaba planeado.
Para nosotros, trabajar en equipo fue una de las partes más importantes del proyecto. Este fue nuestro tercer proyecto de la materia integradora juntos, por lo que ya existe mucha confianza entre nosotros. Conocemos las fortalezas de cada integrante y sabemos que podemos apoyarnos cuando alguien tiene dificultades.
Aprendimos que cada integrante puede aportar algo diferente. Algunos tienen mayor facilidad para la parte técnica, otros para organizar, investigar, documentar o presentar las ideas. También aprendimos a escuchar diferentes propuestas y encontrar juntos la mejor solución.
La organización y la colaboración fueron fundamentales. Cuando surgía un problema, no se quedaba como responsabilidad de una sola persona. Lo hablábamos entre todos y buscábamos una solución. Una de nuestras mayores fortalezas fue precisamente no dejar que un problema nos desanimara. Siempre tratamos de encontrar una alternativa y continuar.
Ver terminado nuestro proyecto significa ver el resultado de muchas horas de trabajo, pruebas, cambios y decisiones. No solamente vemos el producto terminado, sino todo el proceso que hubo detrás para llegar a él.
Esta experiencia también nos prepara para situaciones que probablemente encontraremos en un trabajo: trabajar con fechas límite, administrar recursos, resolver problemas, aceptar que algunas ideas necesitan modificarse y colaborar con personas que tienen diferentes habilidades.
Nos sentimos orgullosos del equipo y de la forma en que hemos trabajado juntos. No solamente por haber terminado el proyecto, sino porque durante los tres proyectos de integradora hemos aprendido a trabajar cada vez mejor como grupo. Cuando aparecen problemas, buscamos soluciones juntos y tratamos de mantener siempre un buen espíritu como equipo.
A quienes próximamente realizarán una integradora les diríamos que no tengan miedo de equivocarse. Es muy probable que la primera idea no funcione exactamente como esperaban y eso no significa que el proyecto esté mal. Los errores y los resultados inesperados también sirven para aprender y mejorar.
También les recomendamos elegir bien a su equipo, comunicarse constantemente y aprender a confiar en las habilidades de los demás. Un proyecto puede volverse mucho más sencillo cuando todos trabajan hacia el mismo objetivo.
Creemos que vale la pena vivir esta experiencia porque permite llevar los conocimientos de la carrera a una situación real. Es diferente aprender un concepto en clase que tener que aplicarlo para resolver un problema. Además, permite conocer mejor las capacidades de nuestros compañeros y descubrir habilidades que quizá no sabíamos que teníamos.
Después de vivir esta experiencia, ahora sabemos que un proyecto no siempre resulta como lo imaginamos al principio, pero eso no significa que debamos rendirnos. Aprendimos que los problemas pueden convertirse en oportunidades para mejorar y que, cuando existe confianza, colaboración y un buen espíritu de equipo, es posible encontrar una solución incluso cuando las cosas se complican.
Publicado por Iris Camila Beltran




