Lleva seis años como bombero en Parras; en ese tiempo ha enfrentado incendios, rescates y momentos en los que su propia vida estuvo en riesgo
Por: Roberto Ulíbarri
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – Cuando suena la sirena en Parras, la mayoría quiere saber qué pasó y hacia dónde va la emergencia. Erick Alberto Moreno Torres sabe algo más: detrás de esa sirena puede haber una vida que necesita ayuda y, algunas veces, también un peligro que puede poner en riesgo la suya.
Hace seis años decidió cambiar Seguridad Pública por Bomberos. No fue por buscar aventuras ni por sentirse un héroe. Su razón fue mucho más sencilla.
“Servir a la población, más que nada. Me gusta mucho ayudar a la gente”, dice.
De niño había querido ser policía y lo consiguió. Durante dos años trabajó en Seguridad Pública. Después pidió su cambio al área de Bomberos porque encontró otra manera de hacer aquello que siempre había querido: ayudar.
Hoy, seis años después, reconoce que el uniforme le ha dejado experiencias que difícilmente se olvidan.
HAY SERVICIOS QUE SE QUEDAN PARA SIEMPRE
Uno de ellos ocurrió en una madrugada, alrededor de las dos de la mañana, cuando recibieron el reporte de un incendio en la calle Morelos.
Al llegar no sabían si había personas dentro. El fuego había provocado el colapso de los techos y las condiciones hacían difícil ingresar.
Entonces llegó la madre de un niño que les informó que su hijo estaba dentro de la vivienda.
Los bomberos comenzaron la búsqueda entre los escombros. La madre les dio referencias sobre el lugar donde podía encontrarse y ellos comenzaron a retirar material hasta localizarlo.
El recuerdo sigue presente en Erick, no sólo por lo ocurrido, sino porque en Parras las distancias son cortas y la gente se conoce.
“Si quieres o no, alguna vez te lo topaste”, cuenta.
Para un bombero, explica, no siempre se trata de un desconocido. Puede ser un vecino, alguien que alguna vez vio en el pueblo o incluso una persona a la que conoce.
Y eso también pesa.
“DE NO HABERNOS MOVIDO NOS APLASTA”
Otro recuerdo que guarda ocurrió durante el incendio de una casona, hace aproximadamente tres años.
Erick y su comandante, Raúl Normos, trabajaban en la parte baja del inmueble. Ya estaban en las labores finales de enfriamiento cuando recibieron la indicación de avanzar hacia otra habitación.
Cerraron el chorro de agua y dieron un paso hacia la puerta. Entonces cayó la losa.
El estruendo hizo pensar a quienes estaban afuera que los bomberos habían quedado atrapados. Durante unos momentos, sus compañeros los buscaron con preocupación.
Erick lo explica con una frase sencilla, pero que dice mucho de lo que significa su trabajo: “De no habernos movido nos aplasta”. Son segundos que pueden cambiarlo todo.
EL MIEDO TAMBIÉN EXISTE
Ser bombero no significa no tener miedo. Erick lo reconoce.
Sabe que cada vez que sale a un servicio existe la posibilidad de no regresar a casa.
Y ahora tiene más razones para pensarlo. Tiene esposa y dos hijos, uno de cuatro y otro de diez años. También está su madre, María Cristina Torres Vázquez, quien se preocupa cada vez que escucha que su hijo salió a atender una emergencia.
“Yo sé que a veces en cualquier momento puede que ya no llegue a la casa”, admite.
Es probablemente una de las partes más humanas de su trabajo. Mientras se coloca el equipo y sube al camión, sabe que en algún lugar hay una familia esperando que alguien llegue a ayudarla, pero también hay otra familia, la suya, esperando que él vuelva.
NO TODO SON MOMENTOS MALOS
A pesar de los incendios, accidentes y situaciones de riesgo, Erick dice que también hay momentos que hacen que el trabajo valga la pena.
Son los pacientes que logran salir adelante, las personas que agradecen un traslado o aquellas ocasiones en las que llegan a tiempo para rescatar a alguien. “Porque ayudamos a mucha gente”, dice.
No habla de reconocimientos ni de sentirse protagonista. Habla de ayudar. Y quizá ahí está la razón por la que decidió convertirse en bombero.
EL PELIGRO PUEDE LLEGAR EN CUALQUIER MOMENTO
Uno de los riesgos que más le preocupan son los accidentes en carretera.
Mientras los bomberos trabajan para rescatar a una persona, algunos conductores pasan sin reducir la velocidad, como si no hubiera nadie trabajando en el lugar.
El problema es que un vehículo puede convertirse también en una amenaza para quienes están tratando de salvar una vida.
Erick sabe que no sólo arriesga su vida frente a las llamas.Lo ha vivido también en incendios relacionados con gas.
En una emergencia reciente, mientras combatían un incendio, una pipa liberó presión y provocó un momento de tensión entre los elementos que se encontraban cerca. “Ve uno pasar su vida por enfrente”, recuerda.
En otra emergencia, en Paila, tuvo que enfrentarse a una situación todavía más complicada, con fugas de gas en una despachadora, una pipa y un camión que estaba siendo cargado.
Había que controlar las fugas, cerrar válvulas y mantener el área enfriada para evitar una tragedia mayor. Son trabajos en los que no hay margen para equivocarse.
SEIS AÑOS QUE LE CAMBIARON LA MANERA DE VER LA VIDA
Después de seis años como bombero, Erick asegura que una de las principales cosas que ha aprendido es a valorar más la vida.
También ha aprendido que ayudar a los demás no significa olvidarse de uno mismo.
Hay que proteger a la persona que necesita ayuda, pero también cuidar la propia integridad.
Por eso la capacitación es parte fundamental de su trabajo. El cuerpo de Bomberos de Parras se prepara en rescate vertical, extracción vehicular, primeros auxilios, manejo de hidrocarburos, rescate acuático y supervivencia del bombero, entre otras áreas.
Porque un bombero también puede convertirse en víctima y, en ese momento, sus propios compañeros tienen que saber cómo entrar por él.
PARA LOS NIÑOS QUE SUEÑAN CON SER BOMBEROS
A los niños que alguna vez han dicho que quieren ser bomberos, Erick no les vende una historia de aventuras. Les habla de una profesión difícil y riesgosa.
“Es una profesión muy riesgosa. Tienes que dar la vida por las demás”, explica.
Pero también les recuerda que hay que aprender a cuidarse y a proteger tanto la propia integridad como la de la persona que necesita ayuda.
Tal vez por eso una de las frases que mejor resume lo que significa ser bombero para él es también una de las más sencillas: “Mientras unos corren fuera del fuego, nosotros corremos al fuego”.
Y así, cuando las sirenas vuelven a escucharse por las calles de Parras, Erick y sus compañeros vuelven a hacer lo que han aprendido durante años: ponerse el equipo, subir al camión y avanzar hacia donde alguien los necesita.
Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad, una esposa, dos niños y una madre esperan escuchar nuevamente la puerta de casa.
Publicado por Iris Camila Beltran




