Investigadores de la Universidad Iberoamericana advierten que prohibir por completo los celulares no resuelve problemas como distracción, ansiedad, ciberacoso o bajo desempeño escolar
El gobierno de México ha puesto en debate regular el uso de dispositivos digitales y redes sociales en niñas, niños y adolescentes; se ha planteado prohibir estos aparatos en las escuelas durante las horas de estudio. Ante este panorama, especialistas de la Universidad Iberoamericana señalan que impedir los aparatos por completo difícilmente resolverá problemas de fondo, como la distracción, la ansiedad, el ciberacoso o el bajo desempeño escolar.
Para abordar este reto de una manera más efectiva y cercana, es indispensable crear reglas claras que tomen en cuenta necesidades médicas, alternativas de aprendizaje, canales de comunicación en caso de emergencia y una evaluación constante.
Sandra Montes de Oca, directora del Departamento de Psicología, propuso un plan de acción basado en seis puntos clave, con el objetivo de que no se limite el uso de celulares en las aulas, sino que fomenten espacios ideales para convivir y aprender, todo esto sin pasar por alto las necesidades de los alumnos.
Estos son las seis claves para una convivencia escolar sana
De acuerdo con Montes Oca, el primer consejo es definir con mucha claridad las reglas del juego sobre el celular en clase, indicando en qué momentos exactos el dispositivo debe estar apagado o guardado en la mochila.
Como segundo punto, es fundamental establecer excepciones claras y justificadas, ya sea por motivos de aprendizaje, cuestiones de salud, necesidades de accesibilidad o situaciones de seguridad.
En tercer lugar, las escuelas necesitan contar con un protocolo oficial para emergencias. Así, las mamás, papás y estudiantes sabrán cómo comunicarse rápidamente sin tener que depender del teléfono personal a lo largo de la mañana escolar.
La cuarta sugerencia invita a aplicar consecuencias justas y formativas cuando no se cumplan las reglas, evitando quitar los equipos por mucho tiempo o imponer castigos que terminen alejando al alumno de su propio aprendizaje.
El quinto elemento nos pone a pensar en qué ofrecer a cambio. Si se decide restringir el móvil en los recreos, los colegios deberían impulsar actividades divertidas, juegos y espacios para platicar con los amigos en persona.
Finalmente, toda medida debe ser evaluada; no se trata solo de alejar las pantallas, sino de comprobar si esto realmente mejora la atención y la armonía escolar. Como bien recordó la especialista, esconder el celular quita una distracción, pero no crea concentración por arte de magia.
Aprender a vivir en un mundo digital: tarea de todos
Por su parte, la doctora en psicología educativa, Cimenna Chao Rebolledo, destacó que cualquier límite debe ir de la mano con una buena educación digital. Esto significa enseñar a los jóvenes a analizar críticamente lo que leen en internet y a entender los intereses detrás de cada pantalla.
Las escuelas deben planear cómo usar la tecnología a su favor, recordando que, en muchas zonas, el teléfono es la única herramienta disponible y quitarlo sin pensarlo cerraría puertas al desarrollo de habilidades.
Desde el punto de vista legal, el doctor Ricardo Ortega Soriano invitó a mirar más allá y construir una política nacional sobre el uso de la tecnología. Las restricciones son válidas si tienen un propósito claro y no afectan derechos como el acceso a la información. La responsabilidad no es solo de las familias; el Estado debe capacitar a los maestros y las empresas tecnológicas tienen que asumir su parte. El gran reto no es elegir si el celular entra o no al salón, sino enseñar a las nuevas generaciones a convivir sanamente con herramientas que los acompañarán toda la vida.
Información de Infobae
Publicado por Iris Camila Beltran




