FABIOLA CONVIRTIÓ LA ENFERMERÍA EN UNA MISIÓN
Durante casi dos décadas ha acompañado a los adultos mayores del asilo, atendiendo no sólo su salud, sino también sus emociones
Por Iván Villarreal
La Prensa
Durante 19 años, Fabiola Martínez Garibay ha convertido su trabajo como jefa de enfermeras del Asilo de Ancianos de Monclova en mucho más que una profesión: lo ha transformado en una misión de vida, basada en el respeto, la dignidad y el amor hacia los adultos mayores.
Responsable del área de mujeres, Fabiola se encarga de brindar atención emocional, psicológica y social a las residentes, además de mantenerse pendiente de sus necesidades de salud. Sin embargo, con el paso de los años, su labor le ha permitido conocerlas profundamente, al grado de saber no solamente sus padecimientos y medicamentos, sino también sus historias de vida.
Para ella, cada adulto mayor que llega al asilo se convierte en parte de una familia.
“El asilo de ancianos aquí es una familia. Es un hogar que abrimos las puertas a los abuelitos”, expresó Fabiola, quien asegura que cada residente es recibido con respeto, dignidad y cariño, independientemente de las circunstancias que lo hayan llevado hasta ahí.
Su compromiso con ellos la ha llevado a dedicar tiempo para conocer sus diagnósticos, alergias, tratamientos y necesidades particulares, pero también para escuchar aquello que no aparece en ningún expediente médico: sus recuerdos.
“Me he dado la tarea de investigar, de tomarme el tiempo suficiente para saber el padecimiento, el diagnóstico y, más que nada, tocar su corazón”, relató.
Más que pacientes, son sus tesoros
Fabiola habla de los adultos mayores con un cariño que deja claro el vínculo que ha construido con ellos durante casi dos décadas.
“Para nosotros ellos son unos tesoros”, afirmó. Y como cualquier tesoro, considera que deben ser protegidos, cuidados y tratados con el máximo respeto.
Su jornada implica mucho más que las labores propias de enfermería. También está presente para ayudar a los residentes a bañarse, alimentarse, acompañarlos, abrazarlos y escuchar sus preocupaciones.
Pero uno de los aspectos que más valora es conocer sus historias.
Fabiola procura sentarse con ellos y escuchar sus anécdotas de infancia, sus recuerdos de juventud y las experiencias que han acumulado durante toda su vida. “Tenemos que tomarnos el tiempo suficiente de escucharlos”, señaló.
Para ella, escuchar también es una forma de cuidar, porque detrás de cada adulto mayor existe una historia que merece ser conocida y respetada.
Después de 19 años en el Asilo de Ancianos de Monclova, Fabiola asegura que puede hablar prácticamente de cada uno de los residentes y describir sus necesidades y características.
“Si usted me pregunta por cada una de mis abuelitas o por cada uno de los abuelitos, yo se lo describo al 100 por ciento”, aseguró.
Su historia refleja la de una enfermera que, con los años, dejó de ver a sus pacientes únicamente como personas a quienes debía atender y comenzó a considerarlos parte de su propia familia.
Para Fabiola Martínez Garibay, cuidar a un adulto mayor significa conocerlo, escucharlo, respetarlo y acompañarlo, pero sobre todo hacerle sentir que no está solo.
Publicado por Iris Camila Beltran




