El deterioro de la capa de ozono fue uno de los principales temas ambientales durante las décadas de 1980 y 1990

La capa de ozono podría restaurarse casi por completo hacia 2060, tras décadas de reducción en la emisión de clorofluorocarbonos, sustancias que deterioraron esta barrera de la atmósfera y elevaron la exposición a radiación ultravioleta.

La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México explica, a través de una infografía, que el deterioro de la capa de ozono fue uno de los principales temas ambientales durante las décadas de 1980 y 1990, sin embargo, la cooperación entre gobiernos permitió reducir el daño.

La capa de ozono funciona como un escudo natural que rodea la Tierra. Su función es absorber parte de la radiación ultravioleta proveniente del Sol antes de que llegue a la superficie.

Sin esa barrera, la exposición a radiación ultravioleta aumentaría el riesgo de cáncer de piel y cataratas. También afectaría a animales, plantas y microorganismos, de acuerdo con el material difundido por Sedema.

El agujero sobre la Antártica encendió la alerta en 1985

En 1985, científicos detectaron un agujero en la capa de ozono sobre la Antártica. La infografía lo describe como una abertura con una extensión comparable a la de un continente.

El hallazgo alertó sobre los efectos de ciertas sustancias utilizadas en productos de consumo e industrias. El deterioro de la capa permitía el paso de mayores cantidades de radiación ultravioleta, con consecuencias para la salud y los sistemas naturales.

El problema no se limitaba al territorio antártico. La alteración de la capa de ozono implicaba riesgos para distintas regiones del planeta, debido a que esta barrera cumple una función atmosférica global.

La información de Sedema señala que los gases CFC estuvieron entre los responsables del deterioro. Estas sustancias contienen cloro, flúor y carbono, elementos que, al llegar a la atmósfera, pueden intervenir en la destrucción del ozono.

Los CFC tuvieron uso frecuente en refrigeradores, aerosoles y materiales aislantes. Durante años formaron parte de productos cotidianos, antes de que la evidencia científica mostrara su relación con el desgaste de la capa protectora.

El Protocolo de Montreal limitó la emisión de CFC

Los gobiernos del mundo firmaron el Protocolo de Montreal en 1987 para enfrentar el deterioro de la capa de ozono. El acuerdo estableció límites a la emisión y producción de gases CFC.

La medida marcó una respuesta coordinada frente a un problema ambiental que no podía resolverse desde un solo país. La reducción de estas sustancias permitió que el agujero de ozono comenzara a disminuir de forma gradual.

La infografía indica que el proceso de recuperación ocurre desde la firma del acuerdo internacional. La previsión expuesta es que la capa de ozono pueda restaurarse casi por completo para 2060.

La recuperación no significa que el riesgo haya desaparecido. El material advierte que persisten amenazas vinculadas con los gases de efecto invernadero y el calentamiento global.

La diferencia entre el problema de los CFC y la crisis climática está en los contaminantes involucrados, pero ambos casos muestran que las actividades industriales, las decisiones de consumo y los acuerdos internacionales tienen efectos sobre la atmósfera.

La radiación ultravioleta mantiene riesgos para la salud y el ambiente

La capa de ozono no elimina toda la radiación proveniente del Sol. Su función consiste en filtrar una parte de los rayos ultravioleta, que pueden causar daños cuando la exposición es prolongada o intensa.

La radiación ultravioleta puede afectar la piel y los ojos. También puede alterar procesos biológicos en especies vegetales, animales y microorganismos que dependen de condiciones ambientales específicas.

El caso del agujero de ozono muestra que los daños atmosféricos pueden tardar décadas en revertirse. La reducción de los CFC no reparó de inmediato la capa protectora, pero permitió detener parte del deterioro y abrir un proceso de recuperación.

La experiencia del Protocolo de Montreal también deja un antecedente para otros acuerdos ambientales. Los gobiernos identificaron una sustancia dañina, establecieron restricciones y comenzaron a sustituir productos que utilizaban CFC.

La recuperación estimada para 2060 depende de que se mantengan las medidas que reducen las sustancias que agotan el ozono. El Protocolo de Montreal fue firmado en 1987 y limitó la emisión de gases CFC.

Información de Infobae

Publicado por Iris Camila Beltran