Por: Enrique Martínez y Morales

Este 7 de octubre se celebra el Día del Vino Mexicano. Una industria que en nuestro país ha crecido de manera importante durante los últimos años y que para los coahuilenses tiene un significado especial: aquí comenzó la historia del vino en América.

En 1597, Lorenzo García recibió del gobernador de la Nueva Vizcaya una merced de tierras y la autorización para plantar vides y producir vino en la Hacienda de San Lorenzo, en el Valle de Parras. Ahí nació lo que hoy conocemos como Casa Madero, considerada la vinícola más antigua del continente.

Más de cuatro siglos después, aquella vocación sigue viva, pero con una dimensión muy diferente.

Durante mucho tiempo hablar del vino de Coahuila era prácticamente hablar de Parras. Hoy el mapa se ha extendido. Hay proyectos vitivinícolas en nueve municipios y regiones tan distintas y distantes como Arteaga, Ramos Arizpe, Saltillo, General Cepeda, San Buenaventura y Cuatro Ciénegas se han incorporado a una actividad que combina el campo con la industria, la gastronomía y el turismo.

Las cifras muestran la velocidad del crecimiento. Hace apenas una década Coahuila producía alrededor de 2.8 millones de botellas de vino al año. Hoy estamos cerca de los seis millones, más del doble. La superficie de viñedos ronda ya las mil hectáreas y existen decenas de bodegas y nuevos proyectos en desarrollo.

Actualmente Coahuila ocupa el segundo lugar nacional en producción de vino, sólo detrás de Baja California, y aporta alrededor del 20% de la producción mexicana. Pero quizá lo más importante no sea solamente cuánto producimos, sino la calidad con que lo hacemos. Los vinos coahuilenses acumulan más de 1,800 medallas en concursos nacionales e internacionales.

A esto se suma otro fenómeno: el enoturismo. Un viñedo no solamente produce vino. También atrae visitantes, genera empleos y mueve hoteles, restaurantes, transporte, comercio y servicios. Las vendimias se han convertido en verdaderos acontecimientos turísticos y la Ruta Vinos & Dinos ha logrado unir dos riquezas muy nuestras: una historia vitivinícola de más de cuatro siglos y uno de los patrimonios paleontológicos más importantes de México.

Por eso el reto ya no es solamente producir más vino. Es construir alrededor de él una industria cada vez más sólida: ampliar viñedos, atraer inversiones, profesionalizar servicios, cuidar el agua, fortalecer nuestras rutas y lograr que quien visite Coahuila encuentre razones para quedarse una noche más.

Tenemos historia, tierra, clima, calidad y emprendedores creativos que siguen apostando por esta industria mística.

Hace 429 años comenzó en Parras una historia que hoy se escribe en buena parte del territorio coahuilense. El reto es aprovechar ese legado para consolidarnos como el gran destino vitivinícola de México y seguir creciendo hasta alcanzar el liderazgo nacional en producción. El vino en Coahuila es mucho más que una bebida. Es campo, turismo, empleo, inversión, gastronomía e identidad.

La historia del vino en América comenzó en Coahuila. Y su futuro también se encuentra aquí.

Publicado por Iris Camila Beltran