Por Iván Villarreal

La Prensa

MONCLOVA, COAHUILA.-El cáncer cambia la vida de quienes reciben el diagnóstico, pero también pone a prueba la fortaleza de sus familias y transforma la manera de entender el futuro. En la Región Centro de Coahuila, las historias de mujeres que han enfrentado esta enfermedad muestran que, entre tratamientos, incertidumbre y secuelas, también existen motivos para mantener la esperanza y tender la mano a quienes apenas comienzan su propia batalla.

Rebeca Almanza, María de los Ángeles Vázquez Ibarara y otras mujeres que compartieron sus experiencias coinciden en la importancia de atender la salud, seguir las indicaciones médicas y contar con una red de apoyo durante el proceso. Sus testimonios, aunque diferentes, tienen un punto en común: convertir lo vivido en una oportunidad para orientar a otras pacientes y recordarles que no están solas.

REBECA ALMANZA: DOCE AÑOS DE LUCHA Y UNA NUEVA VIDA

Para Rebeca Almanza, el 20 de julio de 2026 quedó marcado como una fecha especial, después de un proceso que comenzó en 2014 y se extendió durante 12 años.

Al recordar su experiencia, reconoce que enfrentar el cáncer fue un camino difícil, aunque las vivencias de dos amigas muy queridas, a quienes llamaba comadres, le permitieron conocer de cerca la enfermedad antes de recibir su propio diagnóstico.

Ambas fallecieron a consecuencia del cáncer, por lo que cuando ella supo que también tendría que enfrentarlo, comprendió parte del camino que tenía por delante.

“Yo creo que a mí la vida me preparó. Tuve dos comadres muy entrañables y viví el cáncer así, pegadito con ellas. Según yo era la fuerte, pero cuando a mí me salió, tristemente ya me sabía el camino”, recordó.

Su diagnóstico llegó de manera inesperada durante una actividad que parecía no tener relación con su salud. Rebeca se había inscrito a unos cursos de repostería que se impartían en el sector Mendoza Berrueto, pues uno de sus grandes sueños era convertirse en pastelera.

Fue así como comenzó una etapa que afrontó con el respaldo de su familia, especialmente de su hermana mayor, Araceli, a quien considera uno de sus principales apoyos.

Rebeca recuerda que hubo lágrimas y momentos de incertidumbre, pero nunca se sintió completamente sola. Su familia la acompañó durante el proceso y le dio fuerzas para continuar.

Hoy, al compartir su historia, celebra haber superado aquella etapa, aunque reconoce que todavía enfrenta secuelas como cansancio y dolores en los huesos.

Con su característico sentido del humor, explica que aprender a vivir después del cáncer también significa reconocer las limitaciones del cuerpo y adaptar el ritmo de vida a las nuevas circunstancias.

OLIVIA VALDÉS, UNA SOBREVIVIENTE QUE LUCHA UNA VEZ MÁS

Olivia Valdés, otra de las mujeres que compartió su testimonio recordó que recibió su primer diagnóstico hace aproximadamente 15 años. Después de un largo periodo, actualmente enfrenta una nueva etapa tras la detección de metástasis y permanece bajo tratamiento médico.

A pesar de las dificultades, procura conservar el ánimo y mantenerse activa, apoyada por sus amigas y algunos familiares que la acompañan durante este proceso.

La paciente destacó que nunca abandonó sus medicamentos ni sus tratamientos médicos y que ha procurado acudir puntualmente a sus consultas.

También recordó que, durante su primera experiencia con el cáncer, debía trasladarse a Monterrey para recibir atención, lo que representaba un esfuerzo adicional por los gastos, el tiempo de traslado y los efectos secundarios de la quimioterapia.

Actualmente reconoce que existen mayores posibilidades de recibir atención en Monclova, una situación que considera favorable para las mujeres de la región.

Su recomendación es prestar atención a cualquier cambio en el cuerpo y acudir oportunamente a una valoración médica.

“Yo no quiero que pasen por lo que yo pasé”, expresó al referirse a las mujeres que todavía no se realizan estudios preventivos.

La caída del cabello y otros cambios físicos, agregó, pueden representar una carga emocional importante. Por ello, considera necesario que las pacientes reciban apoyo y comprensión durante el tratamiento.

JOSEFINA: UNA RECOMENDACIÓN OPORTUNA LA LLEVÓ AL MÉDICO

La historia de Josefina comenzó cuando acudió a una farmacia y una trabajadora le recomendó buscar atención médica para realizarse estudios.

Agradecida por aquella advertencia, decidió acudir con especialistas y someterse a las revisiones correspondientes. Posteriormente recibió el diagnóstico de cáncer e inició su proceso de atención.

En junio de este año cumplió un año desde aquella etapa, y actualmente continúa bajo vigilancia médica.

Al recordar lo ocurrido, destacó la importancia de conservar el ánimo y no dejar pasar las recomendaciones de quienes pueden advertir una situación que requiere atención.

Su mensaje está dirigido especialmente a las mujeres que sienten temor de realizarse estudios o que posponen sus consultas.

“Que se cuiden mucho y que se chequen”, aconsejó.

Josefina también resaltó que la detección y la atención oportunas son fundamentales para buscar un tratamiento adecuado, aunque la evolución depende de las características particulares de cada caso.

Su experiencia se suma a la de otras sobrevivientes que consideran necesario hablar de la enfermedad sin miedo y promover una cultura de prevención.

MARÍA DE LOS ÁNGELES: TRANSFORMÓ SU EXPERIENCIA EN APOYO PARA OTRAS MUJERES

Para María de los Ángeles Vázquez Ibarara, haber superado el cáncer hace aproximadamente 15 años representa una etapa que hoy recuerda con tranquilidad, pero también con el compromiso de compartir sus vivencias con quienes actualmente enfrentan la enfermedad.

La mujer explicó que forma parte de un grupo de apoyo en el que las sobrevivientes buscan acompañar a pacientes que atraviesan momentos difíciles.

Cuando una vecina o conocida le cuenta que recibió un diagnóstico, María de los Ángeles procura acercarse para escucharla, orientarla desde su experiencia y explicarle algunos de los desafíos que puede encontrar durante el proceso.

Su intención es que ninguna mujer tenga que enfrentar el diagnóstico con la misma desinformación que, recuerda, vivieron muchas pacientes, años atrás.

“Mi experiencia mía, yo se la paso a ella para que no vaya tan cerrada, porque cuando nosotros estábamos, a nosotros nadie nos dijo nada”, compartió.

LA DETECCIÓN OPORTUNA PUEDE HACER LA DIFERENCIA

Los testimonios coinciden en la importancia de prestar atención a la salud y acudir con profesionales ante cualquier señal de alerta.

El cáncer de mama puede desarrollarse sin síntomas evidentes en sus primeras etapas, por lo que las mujeres deben informarse sobre las revisiones y los estudios recomendados según su edad y sus factores de riesgo.

Entre los cambios que requieren valoración médica se encuentran la aparición de una bolita en la mama o la axila, modificaciones en la piel, cambios en el pezón, secreciones inusuales o alteraciones en la forma de la mama.

Ante cualquiera de estas señales, es importante buscar atención sin esperar a que aparezcan otras molestias.

LA FAMILIA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA LUCHA

Además del tratamiento médico, las mujeres destacaron el valor de contar con familiares y amistades que las acompañen durante las consultas, los procedimientos y los momentos emocionalmente difíciles.

La caída del cabello, el cansancio, los cambios físicos y la incertidumbre pueden afectar la autoestima y el bienestar emocional de las pacientes.

Por ello, escuchar sin juzgar, ofrecer ayuda práctica y respetar las decisiones médicas son formas de apoyo que pueden contribuir a que las mujeres se sientan acompañadas.

CONVERTIR EL DOLOR EN ESPERANZA

Las historias de Rebeca Almanza Bay, Josefina, María de los Ángeles Vázquez Ibarra y Olivia Valdés quien actualmente enfrenta nuevamente la enfermedad muestran diferentes maneras de vivir el cáncer.

Algunas celebran haber superado la etapa más difícil; otras continúan bajo vigilancia o tratamiento. Sin embargo, todas coinciden en la importancia de cuidar la salud, buscar atención y apoyarse en las personas que las rodean.

Para Rebeca, la satisfacción de haber superado el cáncer también está acompañada de la esperanza de que su pequeño sobrino nieto pueda recuperarse. Para María de los Ángeles, la posibilidad de ayudar a otras pacientes representa una manera de dar sentido a lo vivido.

Sus testimonios recuerdan que hablar del cáncer no solamente significa hablar de diagnósticos y tratamientos, sino también de las personas que encuentran fuerzas para continuar y de quienes deciden acompañar a otras en el camino.

En la Región Centro de Coahuila, estas mujeres comparten una misma invitación: no ignorar las señales del cuerpo, acudir oportunamente al médico y no enfrentar la enfermedad en soledad.

Porque detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia y una vida que merece atención, respeto y esperanza.

Publicado por Rocío Ledezma