UN TUMOR MALIGNO DE MAMA NO VENCIÓ A LA SALTILLENSE

El miedo a faltarles a sus tres hijos acompañó a Lorena desde que recibió el diagnóstico en 2019. Ahora, tras concluir su tratamiento, comparte los aprendizajes que le dejó la enfermedad y la importancia de priorizar la salud

Por: Roberto Ulíbarri

LA PRENSA

SALTILLO, COAHUILA. – A los 33 años recibió un diagnóstico de cáncer de mama que cambió su vida. Después de cirugía, quimioterapias, radiaciones y años de tratamiento, en febrero de 2026 recibió el alta médica. Hoy comparte su experiencia con los lectores de La Prensa de Coahuila para recordarles a las mujeres que no deben ignorar las señales de su cuerpo.

En junio o julio de 2019, Edna Lorena Martínez Herrera comenzó a sentir un dolor en el seno derecho. Pensó que podía tratarse de un cambio hormonal y, aunque consideró acudir al médico, dejó pasar algunos días. El dolor disminuyó, pero después apareció una pequeña bolita que la llevó a buscar atención médica.

Lo que inicialmente parecía una molestia terminó convirtiéndose en uno de los desafíos más difíciles de su vida. Tenía 33 años, tres hijos y una familia que dependía emocionalmente de ella. El 18 de octubre de 2019 recibió la confirmación de que tenía cáncer de mama.

“Yo todavía conservaba la esperanza de que me dijeran que no era cierto”, recuerda.

La mastografía había arrojado una clasificación BI-RADS 5, un resultado altamente sospechoso de malignidad que requería una biopsia para confirmar el diagnóstico. Los estudios posteriores permitieron establecer que el tumor estaba localizado y, de acuerdo con su testimonio, no había compromiso de los ganglios ni metástasis.

En diciembre de ese año -2019- fue sometida a una cuadrantectomía, es decir una cirugía que permitió retirar el tumor y conservar el resto del seno.

Sin embargo, el verdadero sufrimiento, no terminó con la operación, ya que esto apenas empezaba. Después vinieron las quimioterapias y las radiaciones, además de un tratamiento hormonal que se prolongó durante años.

EL MOMENTO EN QUE EL CÁNCER SE HIZO REAL

Aunque el diagnóstico fue devastador, Edna Lorena recuerda que uno de los momentos más difíciles llegó cuando comenzó a perder el cabello como consecuencia del tratamiento.

“Mis hijos me decían: ‘Mamá, te quitaron tu seno y no lloras, ¿por qué lloras por tu cabello?’. Para mí fue como ver de frente al cáncer”, relata Lorena, con la voz entrecortada, como si al momento de platicarlo lo volviera a vivir.

Y es que para Edna Lorena, lo mismo que para la mayoría de las mujeres que enfrentan la presencia de un tumor maligno de mama, la enfermedad no solo implicó enfrentar procedimientos médicos y los efectos secundarios de los tratamientos.

También -por es muy importante reconocerlo- significó aprender a manejar el miedo, la incertidumbre y la preocupación por sus hijos, quienes entonces tenían 16, 18 y apenas tres años y medio.

Su mayor temor no era únicamente lo que pudiera pasarle, sino la posibilidad de faltarles cuando todavía eran pequeños.

“Yo decía: ¿qué van a hacer mis hijos sin su mamá? El más chiquito ni siquiera se va a acordar de mí”, recuerda la entrevistada, quien con una voz mas entrecortada por el llanto y con lágrimas en los ojos, revive esa angustia.   

Como si fuera ayer, cuando recibió la confirmación del diagnóstico, estaba sola con el médico. Su esposo esperaba afuera. Después de escuchar la noticia, tuvo que reunir fuerzas para comunicársela a él y, posteriormente, a sus hijos y demás familiares.

Con el tiempo, la fe, el acompañamiento de sus seres queridos y el trabajo emocional le ayudaron a afrontar el proceso.

Y aunque reconoció que nada pudo hacer para evitar enfrentar el cáncer, si podía hacer mucho para enfrentarlo como una valiente guerrera:

“En mis manos estaba cómo iba a enfrentar esta situación y cómo la iba a transformar para un bien para mí y para mis hijos”, expresa, ya con una voz más firme y con un tono más fuerte.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA VIVIR

El tratamiento también tuvo momentos de riesgo. Durante una de las primeras quimioterapias presentó una reacción alérgica grave que requirió atención inmediata. Además, enfrentó efectos secundarios que afectaron su bienestar físico y emocional.

A ello se sumaron 25 sesiones de radioterapia y varios años de tratamiento hormonal. Primero tomó tamoxifeno durante aproximadamente un año y después anastrozol durante cinco años, según relata.

El camino fue largo, estuvo lleno de retos, de miedo, de crisis emocionales, de dolores musculares, de efectos secundarios del tratamiento, -que si bien mató al cáncer, en esa guerra interna que se sostuvo en el interior de su cuerpo arrasó con sus defensas-, sin embargo  después de seis años y cuatro meses de tratamiento, Edna Lorena Martínez recibió el alta médica en febrero de 2026.

¿QUÉ LE ENSEÑÓ EL CÁNCER?

La experiencia también transformó su manera de entender la vida. Aprendió a cuidar su alimentación, hacer ejercicio, acudir a terapia y prestar atención a su bienestar emocional. Sobre todo, comprendió que cuidarse a sí misma no significa descuidar a su familia.

“Casi siempre les damos prioridad a los demás, incluidos nuestros hijos, antes que a nosotros. Tengo que cuidarme, amarme y atenderme para poder estar bien, principalmente con mis hijos”, afirma.

Su familia también encontró aprendizajes en medio de la enfermedad. Sus hijos llegaron a decirle que, incluso durante aquella etapa tan difícil, la calidad de vida de todos había mejorado porque comenzaron a valorar más el tiempo compartido y a enfrentar las dificultades de otra manera.

Para Edna Lorena Martínez Herrera, el cáncer no dejó únicamente recuerdos dolorosos. También le enseñó a no dar por hecho el mañana, a disfrutar los momentos cotidianos y a buscar motivos para seguir adelante.

SU MENSAJE PARA LAS MUJERES

Hoy, durante el mes de concientización sobre el cáncer de mama, su recomendación es clara: no ignorar los cambios del cuerpo ni posponer una consulta médica por miedo a recibir malas noticias.

“Si notas algo extraño en tu cuerpo, algo que no estaba ahí, hay que darle atención rápido. Es preferible que te digan que no tienes nada, a que te pregunten por qué viniste hasta ahora”, aconseja.

También invita a las mujeres a informarse sobre las clínicas y los servicios de detección disponibles, así como a acudir a revisiones periódicas de acuerdo con su edad, antecedentes y recomendaciones médicas.

Su propia historia demuestra que el cáncer de mama también puede presentarse en mujeres jóvenes y que no debe descartarse por la edad. En su caso, los antecedentes familiares representaban un factor importante de riesgo.

Después de casi siete años de enfrentar la enfermedad y sus consecuencias, Edna Lorena Martínez Herrera comparte su testimonio con la esperanza de que otras mujeres escuchen las señales de su cuerpo y busquen atención sin demora.

Su mensaje final es aprender a vivir el presente, cuidar de una misma y enfrentar cada etapa con las herramientas disponibles.

“Vivir el día a día. Lo que depende de ti es cómo vas a transformar esta situación en tu vida. Todo lo demás no está en tus manos”.

Publicado por Rocío Ledezma