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domingo 28 de junio de 2026

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Juegos de poder

Juegos de poder

Por Leo Zuckermann

El conservador es usted, señor Presidente

El Presidente nos endilga el adjetivo de “conservadores” a los que estamos en desacuerdo con él. Lo hace con toda la intención de perjudicarnos. Y es que el mote tiene una pésima reputación en la historia patria. Conservadores son los que trajeron a un príncipe europeo a gobernar el país y perdieron la Guerra de Reforma. Son los centralistas que no querían separar al Estado de la Iglesia.

Decir que alguien es “conservador” es como mentarle la madre. Una grosería, sobre todo de quien viene, es decir, de un verdadero conservador como es AMLO. Y mi intención no es insultarlo, sino aclarar quién es quién en el debate entre liberales y conservadores.

Yo soy liberal porque estoy a favor de la división de poderes y un sistema democrático de pesos y contrapesos. AMLO, no. Él quiere reconcentrar el poder en el Ejecutivo. Ergo, es un retrógrado conservador que pretende regresarnos a las épocas del autoritarismo priista.

Los liberales pugnamos por un régimen federalista donde los Estados tengan el poder para resolver sus problemas sociales. El presidente López Obrador, en cambio, quiere controlar a los gobiernos estatales y municipales. Su descarada intervención en la elección de Nuevo León habla de ello. Es un Presidente en la vieja tradición conservadora del siglo XIX: más centralista que federalista.

Los liberales creemos en la economía de mercado. AMLO, sin embargo, quiere un mayor intervencionismo del Estado. Que monopolios públicos controlen ciertos mercados, como los energéticos. Estamos hablando del más rancio y conservador estatismo que fracasó a finales del siglo pasado.

Los liberales queremos que el Estado no se meta en nuestras vidas privadas para prohibir, por ejemplo, que las mujeres interrumpan un embarazo, la genta consuma drogas y los homosexuales casarse y adoptar niños. El Presidente, en cambio, es un conservador en todos estos temas: está más a favor de las prohibiciones que de las libertades.

Los liberales aborrecemos los monopolios y oligopolios. AMLO tiene una excelente relación con varios de estos empresarios y pretende desaparecer la comisión encargada de combatir las prácticas monopólicas. No ha hecho nada para desmantelar el terrible problema del “capitalismo de cuates”. Es un conservador del statu quo.

Los liberales pensamos que los individuos tenemos la responsabilidad de salir adelante en la vida. No está mal que el Estado intervenga para darle oportunidades a los que no las tienen mejorando la seguridad, educación y salud. Pero de ninguna forma creemos, como AMLO, que la gente es como “mascotas” que el Estado debe proteger. Esto no sólo viene de una visión pastoral conservadora, sino que raya en lo insultante.

Los liberales estamos a favor del Estado de derecho como herramienta fundamental para civilizar a las sociedades. Un Estado que trate de manera pareja a sus ciudadanos de acuerdo con las leyes aprobadas por representantes elegidos en las urnas. En una democracia liberal no tiene sentido decir que la justicia está por arriba de la ley. Si no es la ley la que nos rige, ¿quién define lo que es justo? Pues el que tiene el poder. Y eso es profundamente antidemocrático, es decir, tiránico y conservador por naturaleza.

Los liberales sabemos que los Estados deben intervenir para resolver problemas que, por su naturaleza, no puede solucionar el mercado. Uno de ellos, de escala global, es el cambio climático. Los gobiernos tienen que incentivar el uso de energías limpias. Nuestro Presidente, en cambio, promueve las fósiles que dañan al planeta. AMLO es más petrolero que las petroleras que ya están cambiando su postura. Un conservador que no ha entendido la dimensión del problema climático.

Los liberales creemos que los ejércitos deben estar subordinados a los civiles y dedicados a la seguridad nacional. López Obrador, en cambio, está militarizando el país. Las Fuerzas Armadas con más poder es la mismísima definición del conservadurismo latinoamericano.

Los liberales defendemos los derechos inalienables y universales de los individuos. Por ejemplo, la presunción de inocencia y el respeto al debido proceso. No se puede juzgar a los individuos desde el púlpito presidencial como hace a diario AMLO. Este abuso de poder es conservador porque no respeta los valores liberales.

En suma, el Presidente es el conservador. Me encantaría que estuviera dispuesto a debatirlo. Pero no va a ocurrir porque AMLO no debate, sino pontifica. Y no hay nada más conservador que un político que se cree dueño de la verdad y que se rehúsa a escuchar a sus críticos, mucho menos a cambiar de opinión.

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