
CIUDAD DE MÉXICO.-Empresarios y políticos asesinados, cabezas de cerdo con mensajes intimidatorios y grupos armados que irrumpen en la plaza pública para atentar contra candidatos.
Como nunca antes, los modos del crimen organizado han calado de lleno en las campañas políticas de San Luis Potosí.
No es casualidad: de acuerdo con un informe del Gobierno federal, en paralelo a la contienda electoral, seis organizaciones delictivas dedicadas principalmente al narcotráfico y la extorsión han intensificado su disputa por zonas de influencia en la entidad.
Los denominados Cárteles Jalisco Nueva Generación, del Golfo, Noreste, de San Luis Potosí Nueva Generación, Los Talibanes y Los Zetas, detonan la violencia y los delitos en el estado.
La Secretaría de Gobierno estatal ha clasificado como focos rojos a nueve municipios y sólo tres de ellos pertenecen a la zonas centro y altiplano: Soledad de Graciano Sánchez, Villa de Reyes y Matehuala.
El resto son Ciudad Valles, Tamuín, Xilitla, Aquismón, Tampamolón y San Martín Chalchicuautla, todos ellos de la Huasteca, la zona de mayor preocupación para las autoridades.
En 2019, el promedio de homicidios dolosos en tierras potosinas era de 41 por mes, al año siguiente saltó a 61 y en los primeros cuatro meses del 2021 la cifra es de 82, equivalente a 2.7 asesinatos diarios, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
También, en este cuatrimestre, la entidad registró 15 mil 878 delitos de toda índole, un récord que sitúa al estado en el número 12 de incidencia delictiva a nivel nacional y por encima de Michoacán y Sinaloa, cunas del tráfico de drogas.
Sus números incluso son mayores a los 11 mil 432 delitos registrados en el mismo periodo por Tamaulipas, entidad de la que han migrado muchos de los miembros de los grupos criminales que operan en San Luis Potosí.
Abanderado señalado
Para Primo Dothé, quien renunció en abril como senador de Morena, el mejor ejemplo de cómo pueden empalmarse la política y el crimen es justamente Ricardo Gallardo, candidato a Gobernador del Partido Verde, investigado en el pasado reciente por crimen organizado.
«Él, su padre, su familia, sus socios, las empresas propias y ajenas con las que se lava mucho dinero, ahora no solamente (van por) la gubernatura, sino que evidentemente sembraron candidatos para la mayoría de las diputaciones federales de San Luis Potosí, en coalición con Morena, en diputaciones locales y en presidencias municipales. Es decir, van por todo el poder», asegura.
En la década pasada, la entonces PGR indagó a Gallardo por sus supuestos vínculos con Los Zetas.
De hecho, el 5 de enero de 2015 fue encarcelado por los delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero, al supuestamente triangular en su beneficio más de 209 millones de pesos de las arcas del municipio de Soledad de Graciano Sánchez, cuando era Alcalde.
El 9 de diciembre del mismo año fue absuelto por falta de pruebas. Aunque los tribunales lo deslindaron de las acusaciones, desde entonces el nombre de Gallardo provoca miedo en la política y la sociedad potosina, explica Dothé.
«Hay temor en la sociedad, hay mucho temor en la sociedad y mucha preocupación, en una buena parte de la ciudadanía hay preocupación y hay alarma porque ya conocen a Ricardo Gallardo», expresa.
Sin embargo, «El Pollo», como le dicen al candidato del PVEM, ha recibido el respaldo público de Morena, aún más que Mónica Rangel, quien en el papel es su candidata, así como del empresariado local.
Por ejemplo, el presidente del Senado y de la Comisión Permanente, el morenista Eduardo Ramírez, respaldó esta semana su candidatura e incluso el dirigente nacional Mario Delgado describió a Gallardo como un aliado de la 4T.