
Por Yuriria Sierra
A votar
Es nuestro derecho, pero también nuestra obligación. Nada de lo que hay a nuestro alrededor, nada de lo que somos en lo general, nada de lo que puede ser una posibilidad de lo individual, puede construirse a partir de la indiferencia.
Nuestra participación en cualquier movimiento definitivamente repercute en las personas que nos rodean. Por eso es importante que cada vez sea mayor la participación política de todos los ciudadanos. De quienes aún sin edad para votar comienzan a involucrarse, a interesarse, a preguntar e informarse. Por eso es necesario que quienes ya estamos en pleno ejercicio de nuestros derechos políticos, busquemos la manera, no sólo de ser parte de esa construcción institucional, sino también de encaminar a quienes lucen ajenos o desinteresados.
La democracia se construye con el trabajo colectivo, con la diversidad de ideas y una puerta tan enorme que permita la entrada de todas ellas. No necesitamos ser actores activos sobre el escenario político, es suficiente que entendamos cuáles son nuestras posibilidades de participación. Y este domingo se trata justo de eso.
Como en cada elección, todos, absolutamente todos los mexicanos, somos libres de elegir por quién votar. No hay otra manera de alimentar el espíritu democrático al unísono que llenando las urnas de votos. Pero también, como en cada elección, es necesario que cada vez seamos más quienes acudimos a la casilla.
La democracia de nuestro país (de hecho, de ninguno en el orbe) no puede construirse con cimientos sólidos si somos sólo unos cuantos quienes tomamos las decisiones.
En 2018, a pesar del triunfo holgado de Andrés Manuel López Obrador, apenas seis de cada 10 electores acudieron a emitir su sufragio. Sólo el 60% de la población en edad para votar ejerció su derecho, el resto le dio la espalda a su obligación.
Y se trata, también, de decidir desde la razón, no desde la visera. Informemos, revisemos propuestas. Pensemos qué es lo que queremos para nuestro país, cuáles son los caminos posibles, cuáles los que ya nunca más deberemos andar. Hagámoslo con la convicción de que esta es nuestra obligación, porque desde nuestra trinchera como ciudadanos de a pie, no hay otra manera en que podamos abonar a la construcción y al fortalecimiento de nuestra democracia. Para eso se nos dio el derecho a voto, para eso es que debemos ejercerlo.
No nos dejemos intimidar por las narrativas conocidas, pero que se anuncian como defensoras de la justicia, ni por las narrativas que se anunciaron como defensoras de la justicia y terminaron siendo las ya conocidas. Nada debe permear nuestro poder de discernimiento.
Esta es la elección más grande de la historia porque así se pensó hace varios años, pero debe ser la más importante porque como nunca antes las condiciones de nuestro país suplican por razón y entendimiento. Para esto necesitamos participación masiva. Mañana domingo, por favor, si tiene su credencial de elector, salgamos a votar: salgamos todos.