
Cuando la Escuela Primaria Tussahaw abrió sus puertas esta semana para un nuevo año escolar, madres dejaron a sus hijitos de kindergarten y buses dejaron a niños de quinto grado. La pista mayor sobre la persistente crisis del COVID-19 en Estados Unidos fueron los cubrebocas que traían estudiantes y maestros, aunque no todos.
Georgia, al igual que la mayoría de los estados, les ha dejado a las escuelas la decisión de si requieren o no las mascarillas. Y el condado Henry, con 43.000 estudiantes, como muchos distritos agotados por meses de conflictos sobre los cubrebocas, ha decidido no insistir en su uso.
Muchos padres en este suburbio del sur de Atlanta tienen sentimientos encontrados sobre la política. Algunos dejaron a sus hijos en casa por estar en desacuerdo. Otros los enviaron a las aulas con los rostros cubiertos.