Como venganza por la denuncia que hicieron ante la Fiscalía, nuevamente una familia vecina de la colonia Chinameca sufrió a manos de una pandilla integrada por cerca de 30 adolescentes, que durante la madrugada de ayer se metieron otra vez a su domicilio y les apedrearon la casa. El líder de los menores tiene un arma de fuego.
Florinda Hernández, vecina de la calle Río de Janeiro, número 802, denunció el día de ayer que tras presentar la denuncia en la FGE, y hacer pública la agresión de la que fueron víctimas el pasado domingo, la pandilla encabezada por Armando, el hijastro de 17 años de uno de sus hijos, regresó para cobrar venganza.
Nuevamente dijo, le causaron daños a su casa, terminando los pandilleros por derribar el portón, entre otros destrozos, y pese a que llegó la policía no alcanzaron a detenerlos.
El problema comenzó días atrás cuando uno de sus nietos, un joven de nombre Roberto Alejandro, estaba afuera de la casa con una vecina, pasó Armando y ella bromeando le dijo dale un palazo en la cabeza, y entonces se regresó a bordo de la bicicleta y les respondió, “pa’ luego es tarde”.
Debido a que lo siguen muchos muchachos, su nieto evitó la confrontación pero esa noche, la del domingo; comenzaron el ataque cerca de la una de la mañana con 30 minutos, rompiendo vidrios y destrozando una camioneta, metiéndose al domicilio y robando dinero y celulares.
La afectada aseguró que en las redes sociales está circulando una foto de Armando, el líder de la pandilla portando una pistola, y les preocupa mucho que las agresiones continúen sucediendo, al grado que ya no pueden siquiera dormir por las noches, teniendo ella a sus 65 años de edad problemas de salud como la diabetes, presión alta y cinco hernias de disco en la columna.
Ella piensa que durante los ataques lo que esperan es que salgan sus hijos o su nieto, pero ella no se les permitió, pidiendo a las autoridades que intervengan y no esperen hasta que los maten.
Como son menores de edad piensa que no les van a hacer nada, si anduvieron las patrullas vigilando pero esperan a que se vayan y vuelven para volverle a apedrear la casa.