En el año de 1833 se vivió una gran tragedia en el pueblo; casi todas las familias fueron alcanzadas por este flagelo
Especial
Gran tragedia vivió el pueblo de Monclova en el mes de septiembre de 1833, nuestra imaginación no alcanza para evocar el sufrimiento que padecieron casi todas las familias habitantes de esta comunidad que no pudieron escaparse al flagelo que azotó el cólera morbus, aterrorizando a los indefensos vecinos, incapacitados de todas formas para frenar la tremenda mortandad provocada por esta epidemia.
De nada servían las trenzas de ajos que colgaban en los marcos de las puertas ni el agua bendita que, en su ignorancia, creían les “cuidaban” sus precarios hogares y les espantaban todos los males; la mortandad acabó con casi una cuarta parte de la población.
En esa época eran muy pobres los avances médicos, además de carecer de un aseo adecuado y regímenes alimenticios sanos, todo esto provocaba las condiciones propicias para que el mal sin control se propagara con mayor facilidad. Considerados también como principales agentes contaminantes eran el consumo de agua no hervida, el uso de los arroyos y, su proximidad.
Una vez contagiados con este mal, los síntomas que presentaban las personas, eran males intestinales; cara ceniza, labios azulados, ojos y estómagos sumidos, brazos rojizos y arrugados como si hubiesen sido expuestos al fuego.
Cólera morbus; etimológicamente parte de dos vocablos: del latín morbus que significa enfermedad, y del griego chole (cole) que se refiere a la bilis; esto es pues enfermedad de la bilis.
ACABA CON FAMILIAS ENTERAS
En Monclova “la enfermedad de la bilis” acabó con familias enteras; los deudos apenas alcanzaban a envolver a sus difuntos en alguna improvisada manta, para luego hacinarlos en carretas que vuelta y vuelta, no se daban abasto acarreando los cadáveres. Las autoridades y ciudadanos comunes se habilitaban como sepultureros y al igual que en otras regiones, se les concedía indulto y reducción de penas hasta en una tercera parte a los pocos internos que poblaban las prisiones, siempre que apoyaran estos trabajos.
Con tanto sepulturero participando en las labores funerarias, en muchos casos se creaba la incertidumbre de que, si efectivamente estuvieran enterrando muertos, algunos supersticiosos temían que al sepultar cuerpos alguno pudiera estar vivo, y este fuera a “regresar para reclamarles”.
El gobernador de Coahuila, don Juan Martín de Veramendi estaba marcado por el destino al venirse a radicar a Monclova en 1832, trayéndose la capital a cuestas.
En 1831 había sido elegido vicegobernador del estado de Coahuila y Texas, siendo gobernador José María de Letona. Al morir éste, asumió la gubernatura en 1832 Juan Martín de Veramendi. A su vez, Veramendi murió víctima de la epidemia de cólera que azotó la zona en los meses de septiembre y octubre de 1833.
Veramendi fue amigo y suegro de James (“Jim”) Bowie, el famoso “scout” y explorador quien en su momento creó el “cuchillo Bowie” (“Bowie Knife”). Jim se había casado con su hija Úrsula en abril de 1831, y tuvieron 2 hijos.
En septiembre – octubre 1833 Jim Bowie llegó a perder sus suegros, esposa Úrsula, y ambos hijos al cólera morbus, enfermedad desatada en el país y llegada a Monclova vía Saltillo. Jim moriría pocos años después, en 1836, cuando ayudó a defender la misión cercana a San Antonio conocida como El Álamo, en espera de la probable llegada de tropas mexicanas para reconquistar Texas.
SEQUÍA AGRAVA ESCENARIO
El cólera y la sequía que provocaba la escasez de alimentos, afligieron a Coahuila en el siglo XIX; particularmente a Monclova que, azotado por los climas extremosos en las temporadas de invierno, se endurecía su suelo con estas inclemencias.
Empezaron a circular una gran variedad de remedios que los aterrorizados vecinos se pasaban entre sí, incluso se reimprimió en Monclova un documento que se titulaba como “Método Curativo” hecho por Ignacio Sendejas, de la Cólera Morbo.
En la historia de este mal, se registran siete pandemias. La primera se inicia en 1818 en la India y una vez propagado en todo ese país en una semana cobra más de 20,000 vidas. La segunda se desata en Rusia en 1829, como recrudecimiento de la anterior; empieza a propagarse por todo el mundo; en América apareció en la primavera de 1833 en las costas y altiplano de la República Mexicana y Cuba, aparentemente procediendo de España. Una vez contagiada la ciudad de Saltillo, vecinos de esa población propagaron el mal a Monclova.
Los sacerdotes de las parroquias de las diferentes poblaciones, llevaban un exacto registro de los nacidos, de los casados y de los muertos. En nacimientos, separaban hombres de mujeres; en caso de muertes se establecía un rango de cero a seis años, y para registrar casados y muertos también consideraban de siete a 16 (en este rango, se identificaban matrimonios cuyas edades pudieran ser de doce a trece años), de 17 a 25, de 26 a 40, de 41 a 50 y de 50 en adelante. Para informar a las autoridades, se hacían reportes trimestrales, en donde regularmente la estadística no sobrepasaba de un dígito. En el trimestre de julio, agosto y septiembre de 1833, al cura de Monclova don José Francisco Soberón, le representó un verdadero problema sobre todo en este último mes, para poder registrar fielmente el dato de las edades de quienes murieron por el cólera morbus; únicamente pudo destacar los siguiente: de cero a siete años murieron 33 hombres y 38 mujeres, y de 7 en adelante, 216 hombres y 189 mujeres, haciendo un gran total de 476 personas ….. casi una cuarta parte de la población.
Por Arnoldo Bermea, en colaboración con Juan Latapí, Francisco Rocha, Luis Valdés Blackaller, Oscar Valdés, Willem Veltman, y Ramón Williamson.