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miércoles 8 de julio de 2026

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Gritar y golpear a tu hijos puede disminuir el tamaño de su cerebro: Estudio

Gritar y golpear a tu hijos puede disminuir el tamaño de su cerebro: Estudio

Los menores que son criados con violencia, gritos, malas palabras y castigos tienen la corteza prefrontal más pequeña, afirma estudio de la Universidad de Montreal.

La ciencia ha vuelto a respaldar lo que los expertos llevan años calificando como erróneo: gritar, castigar, golpear o cualquier tipo de violencia hacia los hijos no tiene ningún beneficio en su educación y por el contrario podrían perjudicar su crecimiento y desarrollo. 

A esta conclusión ha llegado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Montreal, quienes determinaron que la crianza agresiva, es decir, la que se basa en golpes, castigos, gritos o cualquier otro tipo de violencia ejercida hacia los hijos, puede reducir el tamaño de su cerebro

¿Qué dice el estudio?

De acuerdo con la investigación, publicada por la Revista Development and Psychopathology, los niños que son criados con violencia, castigos y gritos tienen la corteza prefrontal y amígdalas más pequeñas en comparación con aquellos niños que son criados bajo una crianza positiva y respetuosa. 

Según los expertos, esta reducción afecta seriamente el desarrollo social y emocional de los niños y a largo plazo podría predisponerlos a padecer ansiedad y depresión en la adolescencia o vida adulta. 

“Las implicaciones van más allá de los cambios del cerebro. Creo que lo importante es que los padres y la sociedad comprendan que el uso frecuente de prácticas parentales severas pueden dañar el desarrollo de un niño”, afirmó Sabrina Suffren, autora principal de la investigación. 

¿Cómo se llevó a cabo?

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores monitorearon el cerebro de un grupo de niños nacidos entre 2005 y 2009, por medio de resonancias magnéticas anatómicas. 

Además, se llevó control de las prácticas de crianza y los niveles de ansiedad de esos pequeños desde los 2 a los 9 años. Estos datos se utilizaron para dividir a los niños en grupos según sus exposición (baja o alta) a prácticas severas de educación. 

Después, los dividieron en grupo y aquellos que habían recibido gritos, castigos o otras prácticas de crianza severa en la infancia, volvieron a someterse a una monitorización de su cerebro entre los 12 y 16 años. 

Llegando así a la conclusión de que la dura educación recibida por estos niños fue evidente especialmente en los que padecieron conductos más semejantes al maltrato  

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