
Yuriria Sierra
Potestad legislativa
El trabajo legislativo es un acto de reconocimiento a los alcances de las mesas de discusión.
“Nadie quiere que México siga sumido en la inseguridad, en la violencia y en la impunidad, justamente eso es lo que la oposición ha estado tratando de evitar en estos años. ¿Qué queremos? Policías civiles fuertes, capacitadas, bien pagadas que puedan hacer su labor, la que les toca. ¿Y qué queremos? Fuerzas Armadas que hagan sus labores constitucionales y no estén haciendo labores que no deben hacer, para las cuales no están capacitadas…”, palabras de Claudia Ruiz Massieu, senadora del PRI, una de las tres figuras de ese partido que votó en contra de la reforma que mantendrá a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad hasta el 2028.
El sueño cumplido para Andrés Manuel López Obrador es la pesadilla para quienes han vivido de cerca los abusos de las fuerzas castrenses, como ese episodio que se recordó apenas el domingo pasado, pero también una encrucijada para quienes respetan a este brazo del Estado. Y aunque la discusión en el Senado que dio este resultado fue, por decir lo menos, intensa, entre descalificativos y penosos ataques misóginos (peor aún, de una senadora a otra) se ha perdido un punto relevante de lo que sucedió en el Senado, uno que debe reconocerse y del que Ruiz Massieu es claro ejemplo: “¿Me atrevo con valentía a ejercer un voto que refleje mis convicciones? Sí, sí me atrevo…”.
Minutos más tarde, en ese misma sesión, otra priista, figura que bien conoce los terrenos de la alternancia política, explicó claramente, palabras de Beatriz Paredes: “Los legisladores, por su propia naturaleza, no podemos renunciar a legislar y a negociar. Parlamentar supone dialogar para encontrar mejores soluciones (…) Valoro que se haya reivindicado la función del Poder Legislativo, valoro que se apuesta al diálogo, no como una concesión, sino porque es una obligación de toda mayoría que se estime democrática (…) Aquí no nos han subyugado, no nos han subordinado. Aquí ejercimos nuestra función como senadores de la República (…) más que fijar la posición respecto de un dictamen, fijo mi posición respecto a la potestad del Poder Legislativo: somos el Senado de la República, ninguno de los elementos que conforman el Poder Ejecutivo puede estar exento de la evaluación. Hagamos respetar nuestra potestad, que funcione esa potestad dependerá de la grandeza y calidad de cada una de nosotras y nosotros. La convicción y la congruencia no es patrimonio de nadie…”.
Aunque se materializó ese plan militarista, aunque en Palacio Nacional no quieran llamarlo así, se logró, una vez que alcanzaron 87 votos, gracias a priistas y perredistas que se adhirieron a la cargada oficial, merece reconocimiento el trabajo y las palabras de estas dos senadoras, sobre todo en un contexto político que le apuesta sólo al blanco y al negro. El trabajo legislativo no sólo es consenso, es también un acto de firmeza, contundencia y reconocimiento a los alcances de las mesas de discusión, donde se construyen acuerdos.