menú

domingo 12 de julio de 2026

>
>
>
>
>
El Indio Longoria

El Indio Longoria

De la Revista del Ejército y la Marina correspondiente a los meses de enero y febrero de 1918, sacamos este relato escrito por Francisco L. Urquizo referente a un héroe coahuilense poco conocido.

“Por aquellos días (abril de 1913) el primer jefe había establecido su Cuartel General de Piedras Negras, en el edificio de la aduana. El Estado Mayor, cuyo jefe era el teniente coronel Jacinto Treviño, habíase quedado la mayor parte en Monclova, y solo acompañábamos al Sr. Carranza, el Tte. Coronel Treviño y el que esto escribe.

Así pues, estábamos casi solos. El trabajo no abundaba, pues está reducido a los mensajes de Don Pablo González a Monclova, o cuando mucho a los jefes de las avanzadas en Espinazo, uno que otro a Sonora y algunas comunicaciones y salvoconductos.

Hacíamos en Piedras Negras una vida en extremo metódica: entre cinco y seis de la mañana, nos despertaba Secundino Reyes, asistente del primer jefe, dándonos una taza de café cargado, costumbre arraigadísima en la frontera. Acompañábamos al Sr. Carranza a dar alguna vuelta a caballo, por algún rancho cercano y regresábamos a las siete y media, a desayunar a la aduana; permanecíamos en la oficina hasta las doce, despachando lo que había, y a esa hora nos dirigíamos a comer en la fonda de una señora española, simpatizadora de nuestra causa y amiga del Sr. Carranza, quien siempre pagaba de su bolsillo el gasto que hacíamos. En la tarde, nuevamente en la aduana, y a visitar de vez en cuando los talleres del ferrocarril, en donde se construían cañones y granadas para formar nuestra artillería; en la noche, a cenar a la misma fonda, dar una vueltas en la plaza de armas y recogernos a las nueve o diez. Mas metódica no podía ser nuestra vida.

Una tarde, en que el primer jefe había tenido más trabajo de costumbre, conferenciando con algunos jefes, me encontraba yo escribiendo en máquina algunos oficios en la pieza contigua a la de él, que al mismo tiempo era oficina y dormitorio del Estado Mayor y sala de espera de los visitantes, cuando se me presentó un individuo, que por su extravagante aspecto, hízome suspender mi labor para examinarlo.

Era el tal, un hombre alto y delgado, musculoso, de tez tostada por el sol, con larga cabellera negrísima hasta la mitad de la espalda, con pequeño bigote hacia arriba y barba no muy poblada; en su penetrante mirada demostraba la energía de su carácter. Vestía como generalmente acostumbran los campesinos de la frontera: sombrero texano de anchas alas puesto de cualquier manera, camisa de lana azul marino, remangada y con rojo pañuelo al cuello, anudado; cartucheras en la cintura, con pistola del “caballito”, pantalones de kaki y botas de cuero amarillo de largas orejas. Al quitarse el sombrero, dejóme ver su aseada cabellera muy bien peinada.

– “Vengo a ver a Don Venustiano”, me dijo, tomando asiento con toda confianza en una de las camas donde dormíamos, y comenzó a sacudirse el polvo de las botas con una varita que traía en la mano.

– “Muy bien, ¿cómo se llama usted?”, le pregunté.

– “José María Longoria; el Indio Longoria, mejor dicho.”

Acordéme inmediatamente de las tribus que aún quedan en el norte de Coahuila y que son descendientes de los antiguos comanches. Aquel seguramente era uno de ellos, tal vez un cabecilla.

– “¿Es usted revolucionario?”, le pregunté, viendo que llevaba dos cartucheras repletas y una magnifica pistola.

– “Si, desde hace muchos años, ahora no me he metido”, y después de larga pausa: “A eso vengo”.

Me asomé a ver si podía recibirlo el Primer Jefe, y notando que aún estaba ocupado, le indiqué al indio que tenía que esperar un rato, mientras se desocupaba el Sr. Carranza.

Continué mi trabajo. La conferencia de Primer jefe se prolongó hasta el oscurecer, y ya desocupado, le anuncié al visitante. Al enterarse del objeto de la entrevista, me ordenó le dejara pasar, así como hiciera llamar al Jefe de Estado Mayor y al señor Calzada, jefe de armas. La conversación con el indio Longoria prometía tener interés, así que tan pronto como este hubo pasado, así como las otras dos personas, y como el asunto no era secreto, dado que el Primer Jefe quería que lo presenciaran las personas aludidas, me introduje yo también. Después del saludo, que hizo muy ceremoniosamente Longoria, empezó diciendo:

– “Pues señor, Yo soy revolucionario desde aquello de Las Vacas, ¿Se acuerda usted? ¿Cuándo lo Magón? Que salió mal entonces. Después anduve de Maderista, y ahora que usted anda también contra Huerta, pues vengo a presentarme, para ver que hacemos. Yo tengo mi gente, sesenta hombres, es decir, la que puedo levantar; aquí en Las Vacas, todos están montados y armados y son muchachos viejos ya en la bola.”

– “Bueno, muy bien”, díjole el Primer Jefe, y “¿Cuándo pueden estar listos para salir a campaña?”

– “Pues luego, señor, nada más que……..”

Se rascó el indio la cabeza, pensó largo rato, escupió, y por fin continuó:

– “Nada más que, ¿Cómo vamos a salir así ….. nada más?”

– “¿Pues qué les hace falta?”

– “Pues la verdad, señor, estamos muy endrogados, debemos mucho, necesitamos pagar, necesitamos dinero para dejar aseguradas nuestras familias. ¿Cómo nos vamos yendo así sin dejarles nada? ¿Si nos matan? Pues ¿Cómo deja uno a su familia abandonada? Y si no pagamos lo que nos han hecho el favor de prestarnos, ¿pues con qué cara van a pedir mas nuestras mujeres? Necesitamos, pues, que usted nos facilite lo necesario para pagar lo que debemos y para dejar en nuestras casas.”

El Primer Jefe quedó pensativo, el asunto no era para menos. Tal vez no compensaba el dinero, tan escaso en esos días, que le diera a ese hombre, con sus servicios; probablemente necesitaba un pico fuerte: sesenta hombres, lo que debieran, lo que tenían que dejar, etc. El caso era realmente para pensarse. Por fin, después de un rato, preguntóle:

-“¿Y cómo cuanto necesita usted?”

Quedose el indio pensando y como haciendo cuentas en la imaginación.  “Pues ahora verá usted….”. Otra pausa larga, viendo el indio al techo. “Pues, han de ser como unos diecisiete pesos y centavos”, dijo por fin.

Nadie pudo contener la risa, y Longoria quedósenos viendo, como interrogando y pensando al mismo tiempo si habría dicho alguna barbaridad.http://www.undiacomohoy.com.mx/imagen/escala/2020/3/a1216/venustiano-carranza-garza-42-presidente-mexico-mx.jpg El Sr. Carranza sacó de una pequeña cartera sesenta pesos y se los entregó.

Al siguiente día desfilaba Longoria frente a la aduana con sus sesenta hombres, todos por el estilo de él, bien montados y armados y dispuestos ya todos a jugarse la vida. Era este sin duda un carácter bien templado y luchador infatigable del ideal redentor que, a pesar de su limitada cultura, destilaba en su pensamiento fecundo de nobles ideas y consiente de que el sacrificio de su vida abonaría el campo en provecho general de las generaciones futuras.

Tuvo Longoria la muerte de los héroes, tras luchar con denuedo contra los federales de Laredo, a quienes infundió pánico. Sucumbió al fin, peleando él solo contra una partida de trecientos en Colombia. Su cadáver fue arrastrado de su hermosa cabellera y exhibido en el cuartel de sus enemigos.

El que esto relata, al transcurso del tiempo que suele olvidar las heroicidades de tantas figuras que en la vida reflejaron una luz de honestidad viril, quizás por la suerte siempre cruel, pero al fin humana de ‘no ser nadie’, me hace pensar en los incontables héroes anónimos, que han sucumbido al golpe irresistible de la fatalidad, y que ignoradas sus acciones y demeritadas con la ingratitud del recuerdo las hazañas que determinaron su existencia, no tienen ni siquiera el derecho de “entrar en la leyenda”, que es historia, para que se exalten sus virtudes por los glorificadores del mañana.

Longoria fue un carácter, un factor importante en la revolución. Merece la gratitud revolucionaria.

¡¡Gloria a aquel puritano!! ¡¡Gloria al héroe!! Tu ejemplo, como dijera un genial cantor de las ideas, es soberbio y se destaca en la historia como una estela moral inconmovible al paso de los vientos de los siglos…”

México, 1918, F.L. URQUIZO

Contribución de Luis Alfonso Valdés Blackaller, en colaboración con socios Arqueosaurios ~ Arnoldo Bermea Balderas, Juan Latapi Ortega, Francisco Rocha Garza, Oscar Valdés Martin del Campo, Ramón Williamson Bosque & Willem Veltman.

Envíanos sus comentarios y/o preguntas a: [email protected]

Más Noticias

Carambola y fuego deja diez muertos
Tragedia en la Guadalajara-Tepic Elementos de la Guardia Nacional se encontraban atendiendo el choque de dos camiones cuando un tercero se impactó y provocó un...
Fallecen seis en Chile tras atropellamiento masivo
El hombre aprehendido dio negativo en su prueba de alcoholemia, por lo que hasta el momento se desconocen las causas del incidente Por Staff/Latinus La...
No respondió AMLO por la captura de ‘EL Mayo’
Nos aplicó la ‘ley del hielo’: Ken Salazar Investigación sobre Zambada “era de Gertz y la FGR; nosotros cooperábamos” Por Manuel Ocaño/Excelsior La Prensa EU.-...

Relacionados

Cae chofer de In Driver por muerte de ex pareja
Manolo Acosta La Prensa Una mujer fue asesinada presuntamente por...
ERMITA 318
Por: Jesús Medina BUEN CIERRE DE SEMANA… MANOLO JIMÉNEZ SALINAS...
Festejo familiar termina en balacera con un muerto y un herido grave
MARÍA RODRÍGUEZLA PRENSA PALAÚ, COAH.- Lo que comenzó como una...
APUESTA SALTILLO POR CRECIMIENTO VERTICAL
Nace ŌMEGA | Torre de Negocios un baluarte en el...
Tendrán gran semana el FUTFEST y el FINA 2026
El Alcalde de Saltillo Javier Díaz invita a disfrutar la...
Presentan en NL programa de Vendimias Parras 2026
INVITAN A REGIOS A DISFRUTAR DE LOS GRANDES EVENTOS VINÍCOLAS...

Suscríbete

Inscribete a todas nuestras noticias y avisos.