Por Antonio Zamora
De no haber cambios de última hora a partir de mañana Altos Hornos de México iniciará con cambios en la entrada de su personal…
Los sindicalizados solamente acudirá en el “Turno A”, Primera, mientras que los llamados de confianza trabajarán desde su casa…
¿Qué seguirá?
Aseguran los que de esto saben que, lo más seguro sea una declaración como ya no podemos u algo parecido…
Ya cercaron un terreno en la ciudad de las mujeres bonitas y hombres desobligados que sería para la construcción de un hospital del Seguro Social…
El predio, hasta donde se sabe lo adquirió el Gobierno del Estado para estar listos cuando la federación diga se va arrancar la construcción…
Empero, como hoy es domingo de crisis existencialista tenemos listos dos temas de reflexión, igual número de puntos y aparte:
La gratitud es el arte de recibir con gentileza, de demostrar aprecio por cualquier acto de bondad, grande o pequeño…
Todos sentimos necesidad de gratitud cuando hacemos una buena acción, y si la negáramos contribuiríamos a disminuir el espíritu de la cooperación y de la bondad humana…
La gratitud es a veces algo más que un asunto personal…
A continuación te presentamos un relato que ejemplifica por qué debemos ser siempre agradecidos…
Un día, un enfermo fue llevado a un hospital, y se salvó gracias a una transfusión de sangre…
Una vez restablecido, preguntó cómo podría conocer el nombre del donante para darle las gracias…
Se le dijo que se acostumbra mantener como anónimo el nombre de los donantes por cuestiones de privacidad…
Semanas después de su salida volvió al hospital con el objetivo de donar una cantidad de su propia sangre…
Desde entonces ha vuelto repetidas veces con el mismo fin…
Cuando uno de los cirujanos hizo alusión a tan espléndido servicio, el hombre simplemente contestó:
Alguien a quien no conoceré jamás lo hizo por mí. Lo que estoy haciendo sencillamente es para decir gracias…
Érase una vez un anciano que vivía con su hijo y tenían caballo…
Un día el corcel se escapó, algo que hizo que los vecinos fueran a consolarlos ante su mala suerte…
Pero ante sus palabras de consuelo, el anciano les respondió que lo único verdadero es que el caballo había escapado, y si eso era buena o mala suerte sería el tiempo lo que lo determinaría…
Poco después el caballo regresó con sus dueños, acompañado de una hermosa yegua…
Los vecinos corrieron a felicitarle por su buena suerte…
Sin embargo, el anciano les respondió que en realidad lo único que sí era cierto era que el caballo había regresado con la yegua, y si esto era malo o bueno el tiempo lo diría…
Tiempo después el hijo del campesino intentó montar a la yegua, aún salvaje, de tal manera que se cayó de la montura y se rompió la pierna…
Según el médico, esto le provocaría una cojera permanente…
Los vecinos volvieron a consolar a ambos, pero también en esta ocasión el anciano campesino les dijo que lo único que se sabía en verdad era que su hijo se había roto una pierna, y que si ello era bueno o malo aún estaba por verse…
Finalmente, llegó un día en que se inició una sangrienta guerra en la región…
Se empezaron a reclutar a todos los jóvenes, pero al ver la cojera del hijo del campesino, los soldados determinaron que no era apto para el combate, algo que provocó que no fuera reclutado y pudiera permanecer en casa…
La reflexión que el anciano le hizo ver a su hijo en base a todo lo ocurrido es que los eventos no son buenos o malos en sí mismos…
Sino, más bien, que lo son nuestras expectativas y percepción de ellos…
Por ejemplo, la huida del caballo trajo a la yegua, lo que a su vez causó la rotura de su pierna y ello condujo a una cojera permanente que era lo que ahora le salvaba la vida…
NOS LEEMOS MAÑANA…