Oscar Ballesteros
A mitad de su juventud, Marielisa Zertuche quedó a cargo del negocio familiar; con apenas 24 años ella tuvo que tomar las riendas de una constructora con la misma edad de ella y ahora recuerda que todos los apoyos vividos en distintas etapas de su vida resultaron útiles para mantenerla donde está.
Fue en 2021, por motivos de la pandemia por Covid-19, cuando aún no se tenían tratamientos ciertos, ni vacunas para el virus, su padre falleció dejando sin líder la constructora familiar y Marielisa como hermana mayor, no dudó en tomar las riendas.
“No lo pensé 2 veces y sentí yo la necesidad de poder ayudar, y aparte hacerle honor el trabajo de mi papá (…) era un trabajo que le apasionaba, nos llevaba a sus lugares de trabajo los domingos, tenía un poco de conocimiento, al tomar la rienda de la empresa dije, tengo una carrera, familia y amigos yo puedo salir adelante, nunca tuve miedo”, expresó la empresaria de 26 años.
Actualmente su empresa la cual mayormente se dedica al arrendamiento de maquinaria pesada, genera cerca de 15 empleos y ella se colocó a la cabeza con lo que había aprendido de su padre y su carrera de Contaduría y Finanzas que cursó en la UDEM.
Para llegar hasta este punto, conforme fue creciendo ella se visualizó con distintos sueños a realizar antes de que dicha responsabilidad le llegara.
“Mi mamá era educadora, lógico teniendo el ejemplo en casa, la mentalidad de niño es a lo grande, mi primer sueño era ser como mi mamá, era ser maestra, la veía trabajar en la casa, a veces tuve la suerte de y me llamaba mucho la atención, ese fue mi primer sueño para ser adulta”, compartió Marielisa.
Con el objetivo de lograr su cometido y como retribución a la educación que le brindaron sus padres dijo que, siempre fue una niña muy aplicada en sus clases, si bien era sociable y se desenvolvía con distintos grupos de amigas, su familia nunca tuvo problemas en cuanto a su comportamiento académico.
UNA INFANCIA FELIZ
Hasta ese momento su infancia era muy normal, no esperaba que en menos de un par de décadas heredaría el patrimonio familiar.
“Yo cuando estaba chiquita veía todas las novelas infantiles de Televisa, era la moda y era lo que tenía que tener en el grupito de amigas (…) siempre fui una niña de muñecas, de Barbie, juegos de mesa, todo lo que podría involucrar jugar con mis amigas”, recuerda.
Poco a poco se fue involucrando en actividades más sociales como fue la participación en piñatas los viernes, que era la manera de ver a sus amigas fuera de la primaria, estas conforme pasaron los años evolucionaron a las pijamadas, que cuando fueron en su casa, ahora piensa riéndose “pobres de mis padres”.
En esto se basó realmente su infancia ya que, aunque tuvo interacción con aparatos digitales a finales de primaria comentó que, no fueron de su total agrado y dejó ese entretenimiento para la nueva generación como la de su hermano menor, Raúl.
En el lapso de secundaria y preparatoria fue cuando rompería el sueño de la infancia y se daría cuenta que estaba desarrollando otras habilidades, no precisamente para desenvolverse maestra.
“En secundaria y prepa yo dije que, maestra no va a ser mi sueño, se me dieron otro tipo de habilidades administrativas, y pensé seguir por esa rama para tomar la decisión en la universidad. Se me dio la facilidad, tuve momentos en los que llegué a pensar que mi futuro me gustaría decidir por mí misma y tener mi negocio”.
Esto resultaría ser el primer acercamiento a la situación que ya se le tenía predestinada; después de analizar diversas posibilidades, fue Contaduría y Finanzas lo que finalmente elegiría para estudiar, pero esto lo llevaría a cabo en Monterrey.
CAMBIO DE VIDA
“Fue un tema muy fuerte, toda mi vida en Monclova, la decisión no fue complicada, el tema de no ver todos los días la dinámica familiar, conocer gente nueva, adaptarte a un nuevo nivel educativo (…) tener que aprender a cocinar, había días que sí le hablaba a mi mamá para saber cómo hacer las cosas, preguntas básicas, aprender a manejar, convivir con roomies” señaló la entrevistada.
En la parte final de sus estudios, además de la presión por presentar una tesis, llegaría el evento que afectaría a gran parte de la población mundial, la pandemia del Covid-19.
“Todo esto es por cosas de la vida, desafortunadamente en la pandemia falleció mi papá, la noticia fue muy fuerte y repentina, en ese momento no existían las vacunas, en 2021. Acababa de pasar Navidad y Año Nuevo, celebramos por videollamada, todo estaba muy bien”, recuerda Marielisa.
A raíz de eso, con su preparación académica y un compromiso de ayudar a su familia fue que se aventuró a hacerse cargo del negocio familiar, después de 2 años y medio la empresa sigue a flote, como María planea nuevos proyectos en lo personal y para el crecimiento de la empresa.