Alberto Rojas Carrizales
HÉRCULES, COAHUILA.- Dejando atrás nubes de polvo del vasto desierto con sus camionetas, familias enteras continúan abandonando este pueblo minero que apenas hace algunos meses llegó a tener 8 mil habitantes, cargan lo más indispensable en dirección a poblados chihuahuenses porque consideran se apagó la flama de la esperanza de recuperar la paz y el empleo.
El éxodo es imparable, aceleradamente este conjunto habitacional propiedad de Altos Hornos de México está siendo engullido por la melancolía, las calles ofrecen una postal de soledad, dicen también que aisladamente se observa a alguna persona o automóvil circulando, pero vigilados con desconfianza por la treintena de individuos que tienen tomado el mineral.
Rolando Torres, dirigente del Sindicato Democrático en Hércules, explica que este fin de semana desmedidamente registró incremento la salida masiva de habitantes que solamente esperaban la conclusión del ciclo escolar educativo para inmigrar.
“La inmensa mayoría ya no volverá, están lamentablemente convencidos que no hay nada que hacer, y menos en condición de rehenes”, puntualiza Torres, al reiterar por otro lado, que sufrió una emboscada el jueves en Camargo, Chihuahua por el grupo rival napista donde, aunque él resultó ileso, su compañero Rogelio Hernández sufrió golpes en múltiples partes del cuerpo.
Pareciera que, con los meses de abandono, la nostalgia se ha colado por puertas y ventanas del empolvado y olvidado cine, clínica de salud, radiodifusora, escuela, mina, tiendas y oficinas de la compañía Minera del Norte, la subsidiaria de Altos Hornos de México que está en parálisis total desde hace más de medio año con sus 1070 mineros sindicalizados, un 80 por ciento inmigró.
Torres, afirma que diariamente cuatro o cinco camionetas en promedio salen con la caja hasta el tope de pertenencias, por lo que sigue adelgazando la cantidad de moradores, el retrato de pueblo –fantasma- podría perpetuarse en Hércules porque no hay señales de reactivación de la mina y la tensión social generada por napistas que tienen tomado el pueblo desde abril anterior.
Asegura que muchos trabajadores no pueden tramitar la pensión por cesantía ante el IMSS porque no hay quién les aplique la baja ya que los directivos de la empresa también fueron desterrados violentamente del lugar y aunque la información está almacenada en computadoras, el recinto sindical y oficinas de Minera del Norte están tomadas.
El dirigente sindical indicó que tuvo que recurrir al exilio forzado porque desde abril anterior, gente ajena a la Unidad Hércules de Minera del Norte de Altos Hornos de México mantiene secuestrada con intimidaciones y hostilidades a la comunidad e instalaciones de la compañía, incluyendo actos de rapiña en los equipos.
De hecho, recalca, -el poblado de Hércules, ya es un pueblo fantasma, pero ahora resulta que hasta el Ministerio Público condiciona la entrada y salida de los pobladores a que reconozcan al Sindicato Minero como titular del Contrato Colectivo de Trabajo, su trabajo es procurar justicia, y su actitud nada tiene que ver con eso-
El sindicalista expresa que la inmensa mayoría de los 8 mil habitantes que tenía Hércules han abandonado el lugar, -se perdió la fe, la esperanza, de que se reactivara el empleo, ahí solamente quedan firmes la treintena de individuos totalmente ajenos a la Unidad Hércules, que mantienen tomado el pueblo y la mina-.
Expresa que los trabajadores y sus familias buscan refugio en casa de familiares de Ciudad Camargo, Jiménez, Delicias, entre otras poblaciones de Chihuahua o de Coahuila, pero no siempre podrían estar recibiendo el apoyo de sus consanguíneos.
Hércules, está totalmente olvidado ya con etiqueta de pueblo- fantasma- con el paso del tiempo será material de mitos y leyendas, no hay señales de alguna eventual solución a sus múltiples problemas que enfrenta.