Yuriria Sierra
Prohibido salir de pobre
En la mañanera de ayer nos enteramos de que aquello de “primero los pobres” aplica siempre y cuando estés decidido(a) a permanecer de por vida en esta situación socioeconómica. Si se te ocurre seguir cualquier estrategia individual más allá de extender la mano al gobierno-amigo-bienestar para recibir sus ayudas sectoralizadas e intentar abandonar la situación de pobreza utilizando estrategias individuales (como estudiar, trabajar, emprender), corres el grave riesgo de caer en el oscuro pozo de la estigmatización. Si sales de pobre, seguramente es porque eres un corrupto.
Al menos eso es lo que nos sugirió Andrés Manuel López Obrador ayer por la mañana al referirse (en violación al secreto bancario y fiscal, en opinión de los abogados expertos en la materia) a los contratos obtenidos por la empresa propiedad de la senadora Xóchitl Gálvez (hoy puntera del proceso interno del Frente Amplio por México); “de vender gelatinas a ser millonaria”, dijo el Presidente. Rápidamente, Gálvez le reviró que, si le llegara a demostrar cualquier irregularidad, ella se bajará de la contienda, pero que, de no hacerlo, él deberá renunciar a la Presidencia. Evidentemente, no va a pasar ni lo primero ni lo segundo, pero lo que sí exhibe (o confirma) el momento es el desprecio que AMLO siente por las aspiraciones personales de cualquier ciudadano. Lo ha dicho con anterioridad: el aspiracionismo propio de las clases medias le genera algo parecido al desprecio. Como si él mismo no fuera producto de sus eternas aspiraciones y profundo empeño para llegar hasta donde llegó. Que no aspirara a convertirse en la réplica corrupta de tantos de sus predecesores en el cargo no quiere decir que no haya obtenido aquello que tanto deseaba para sí; y no es poco el poder acumulado.
El camino hacia el éxito y la superación personal está lleno de obstáculos y desafíos que ponen a prueba la determinación y el carácter de las personas. Lo mismo en el caso de AMLO que en el de Xóchitl Gálvez, cuya historia es un claro ejemplo de cómo la perseverancia, el trabajo arduo y el compromiso con sus ideales pueden abrir puertas insospechadas, a pesar de las críticas y adversidades que puedan surgir en el camino. Es absolutamente relevante reconocer que Xóchitl Gálvez está enfrentando durísimas (y, en apariencia, hasta ahora infundadas) críticas lanzadas por el actual Presidente de México. Sin embargo, en el México polarizado de hoy, la valía de una persona no se mide por la cantidad de críticas que recibe, sino por la forma en que enfrenta esos señalamientos y sigue avanzando hacia sus objetivos.
Además de todo su perfil público, Xóchitl Gálvez también ha demostrado ser una emprendedora exitosa en el ámbito empresarial. Su tenacidad y visión le permitieron abrirse camino en el mundo empresarial, destacando en un sector tradicionalmente dominado por hombres. Su experiencia como empresaria la ha llevado a entender la importancia del sector privado en el desarrollo económico del país y a promover políticas que fomenten la inversión y la creación de empleos.
La historia de superación personal, política y empresarial de Xóchitl Gálvez es un ejemplo inspirador para muchas mujeres y hombres en México. Es natural que las figuras públicas enfrenten críticas y desafíos en su camino, pero parece que AMLO se encontró con la horma de su zapato: Xóchitl, en lugar de desanimarse, ha utilizado estas críticas como una oportunidad para crecerse y fortalecer sus momios en la contienda.
En un país que, además, durante los últimos años pareciera haber olvidado (o sepultado a golpe de retórica) la importancia de los incentivos al emprendedurismo, la superación personal y la creación de oportunidades más allá del otorgamiento de becas y ayudas estatales. Ojalá muchas y muchos más mexicanos logren pasar de vender gelatinas a explotar todo su potencial y a cumplir sus metas en la vida. Sin ser (ilegal e injustamente) castigados por el Estado por haber logrado “salir de pobres”, a base de estudios y trabajo.