LOS LOBOS DE YELLOWSTONE: UNA HISTORIA DE REGENERACIÓN NATURAL.
Ignacio Moreira Loera
Instagram: @thewaxwingmra1
Desde hace algunos meses, la influyente Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto con el Parlamento Europeo, han impulsando una “guerra” legislativa y mediática en contra del “lobo euroasiático”. Su motivación no es más que un sinsentido absurdo: un lobo dentro de su hábitat y en busca de alimento, mató al poni favorito de la mandataria, a partir de lo sucedido, no solo se ordenó rastrear y matar al ejemplar, sino que además, ahora se busca eliminar la protección de esta especie en algunos lugares del continente, cuyo folklore ha satanizado históricamente al lobo, poniendo en peligro su existencia.
Sin embargo, en esta columna no busco profundizar en los infantiles caprichos de los poderosos, sino más bien, compartirles un interesante caso en el que la desaparición de una sola especie ocasionó un preocupante desequilibrio ecológico y, cómo su posterior reintroducción llevó a la rápida recuperación de uno de los tesoros naturales más diversos de los Estados Unidos, el Parque Nacional Yellowstone.
En 1926, hace aproximadamente 100 años, el último lobo gris del parque Nacional Yellowstone fue exterminado; la desaparición de este importante depredador trajo consigo devastadoras consecuencias ambientales. Por ejemplo, la población de alces empezó a incrementar dramáticamente, en 20 años un solo rebaño pasó de tener 6,000 individuos a superar los 20,000. El aumento de este herbívoro derivó en el consumo excesivo de la vegetación, los miles de alces se alimentaron de forma tan desmedida que interrumpieron el crecimiento de los árboles de álamo, acabando así con vastas extensiones de bosque.
La reducción de los grandes árboles afectó directamente al arquitecto por excelencia de la naturaleza, el castor, mamífero constructor de represas que frenan el paso del agua y cambian la topografía del terreno, anegando y creando humedales en donde prosperan no solo las plantas, sino también insectos, peces, anfibios y aves. Al no haber árboles de apropiado tamaño, los castores no pueden levantar sus peculiares estructuras, por lo tanto, las zonas aledañas a los cuerpos de agua no se inundan y los cientos de animales que dependen de estos hábitats no encuentran las condiciones apropiadas para subsistir.
La desaparición del lobo gris trajo consigo también el aumento de la población de coyotes, los cuales cazaron a otras especies hasta reducir su número considerablemente. La extirpación del lobo gris afectó el balance natural de Yellowstone, diminuyendo la población de biodiversidad animal y vegetal e inclusive transformado la composición del terreno.
Después de 70 años, en 1995 se pusieron en marcha programas para reintroducir al lobo gris en la región; a partir de entonces, cambios inesperados han transformado la salud biológica y restaurado el ciclo natural de la misma. Hoy en día habitan dentro del parque un aproximado de 100 lobos organizados en 11 manadas. La presencia del principal depredador de
Yellowstone ha controlado la población de alces y los álamos que antes no pasaban de medir unos cuantos centímetros ahora superan la altura humana. Las poblaciones de venados, comadrejas, berrendos, garzas, ardillas y zorros se han recuperado al verse controlado su principal depredador, el coyote. La cantidad de salmón aumentó, el oso grizzly y el águila calva se vieron directamente beneficiados. Después de 29 años, el sistema biológico de Yellowstone empieza a recuperarse y todo gracias al regreso del gran lobo gris.