Por: Luis Alfonso Valdés Blackaller
En abril del año de 1821 se le presentó en Bexar al gobernador de Texas, coronel Don Antonio Martínez, un indio enviado por el jefe Gran Cadó, quien pedía permiso para entrar a esa población para conferenciar con él. El jefe venía acompañado de su gente, que se componía de 130 personas, entre indios de armas, mujeres y muchachos. Habiendo dado su consentimiento, el gobernador salió a recibirlo y lo encontró en las inmediaciones de un paraje llamado “El Cíbolo”, de ahí se trasladaron a la casa del gobernador en Bexar (Texas), en donde invitó a comer al jefe, a su familia y sus caudillos, en su casa y en su mesa.
El indio le dijo al gobernador que había ido a conocerlo y al mismo tiempo, a tratar de componer las cosas con las naciones indias, de modo de evitar en lo posible las hostilidades que se hacían, y que no se derramara más sangre española, a la que amaba desde sus primeros años. Que, para ello, había traído con él a trece indios, entre ellos a dos capitanes de la nación Tahuacana, con el objeto de que hagan las paces con el gobierno de Texas, no solo esa nación, sino también los Guiches, los Tahuayanes, los Guichitas y los Aguajes, que estaban unidos con ellos. Además, le dijo, que había mandado al capitán Menchaca de los Tahuacanos a hablar con los Comanches y Lipanes para que también se unan a las paces.
El gobernador describió al jefe indio como un hombre, que, aunque su aspecto era de un indio montaraz, sus hechos, razonamientos y formalidad de su trato, desmentían sin duda esa figura, “pues se produce como un hombre racional muy humano, y con un género de respeto que impone, no solo a su nación, sino a todos los barbaros del norte”. Ese mismo día se acordó el tratado de paz, en los términos siguientes:
= Convenio acordado con el gobernador de esta provincia de Texas, coronel Don Antonio Martínez, y los capitanes de la nación Tahuacana, llamados Diaquiariquis y Jacarehue, por sí, y a nombre de los demás jefes de dicha nación, en asamblea celebrada el 23 de abril de 1821, con presencia del expresado Gran Cadó, y con asistencia del teniente coronel Don Ignacio Pérez, capitán Don Juan Castañeda y los Alcaldes Constitucionales. Después de haber hecho presente a los capitanes, y recordarles los continuos favores de este gobierno hechos a los Tahuacanos, y la poca razón que han tenido para quebrantar la paz que antes tuvieron, cometiendo tantas hostilidades, no solo en esta provincia, sino también en las demás del oriente, y que se les perdonaba todo lo que habían cometido hasta el día, y olvidando la poca buena fe con que se habían comportado, se dio principio por parte del gobernador a las propuestas siguientes:
Propuesta del gobernador: Que los capitanes Tahuacanos han de gobernar bien su gente, manteniéndolos fieles y sumisos a los españoles, evitando en adelante los daños y extorciones que general y continuamente han cometido hasta ahora, y que han de venir los capitanes principales y jefe que los dirige a todos, a presentarse con el gobernador y a ratificar lo mismo que ellos contratan ese día.
Contestación de la primera pregunta: Que entendidos en la pregunta contestan que vienen con toda voluntad de su nación y del Gran Cado a solicitar la paz; que desde ese día cesarán toda hostilidad, con ánimos de no quebrantar la paz que ahora hacen y que vendrán los capitanes sus compañeros seguros que aprobarán y ratificarán lo que ahora ellos contratan.
Segunda pregunta: Que para que la paz sea verdadera y que los españoles puedan ir y venir a su pueblo (que donde está se halla bien establecido), es preciso no sean amigos de los comanches y lipanes ínterin estos no hagan la paz con este gobierno, pues estando estas naciones en guerra con nosotros, nunca podrán los españoles transitar con libertad a sus pueblos sin recibir perjuicios de dichos comanches y lipanes, y que deben quedar obligados a defender a los españoles de los daños que les causen aquellos, ya en los caminos, o ya dentro del pueblo Tahuacano, lo mismo que el gobierno español los protegerá a ellos.
Contestación a la segunda pregunta: Que respecto a que el capitán principal de la nación, llamado Menchaca, es el mismo enviado a los comanches por el Gran Cadó para reducirlos a una paz general, no dudan su venida sea breve y con buen éxito, pero que en el ínterin esto se verifique, se opondrán a cualquier perjuicio que aquellos quieran causarle a los españoles y que si por con consecuencia los dichos comanches y lipanes no consintiesen en la paz, que desde aquel momento se declararán los Tahuacanos enemigos de ellos.
Tercera pregunta: Que nos han de entregar, sin rescate ni sin estipendio alguno, cuantos cautivos españoles tengan en su poder, y que los españoles que tienen agregados a la nación, los han de despachar para que vengan a presentárseles y se les perdonará su delito.
Contestación a la tercera pregunta: Que no tienen cautivo ninguno y que se alegrarán se cerciore el gobierno de esta verdad, y solo si tiene el capitán Concha un muchacho español que compró a los comanches, y que este lo entregarán dándole a Concha lo que por él dio, y que desde luego, harán que los españoles que estén entre ellos vengan a presentarse, con tal que se les dé un papel del perdón, a fin de que ellos no duden de que les ofrecí dárselos.
Cuarta Pregunta: Que, respecto a la paz tratada, cualquier indio de la nación que cometa algún robo o daño a los españoles, han de devolverlo al gobierno y entregarán al agresor, bien sea pedido por el gobierno o presentándolo ellos mismos para dar una prueba de su buena fe y lealtad, a fin de castigarlo con proporción a el delito que haya cometido.
Contestación a la cuarta pregunta: Que convienen en cumplir con todo el contenido de esta pregunta.
Quinta pregunta: Que respecto a las naciones luichas, tahuias, guichitas y aguajes, están unidas con la tahuancana; Y si para venir a pedir la paz han tenido estas, conocimiento y consentimiento en ello, en cuyo caso es preciso hagan que algunos capitanes de cada una de esas naciones vengan a presentarse y hacer un particular trato con todos ellos.
Contestación a la quinta pregunta: Que las cuatro naciones citadas han mantenido consentimiento de que a nombre de todos ellos venían estos a tratar, y que, dándoles un papel con que asegurar ellos su verdad, lo entregarán a los capitanes Concha y Menchaca, y que estos se lo harán entender a todos, y harán así mismo vengan a ratificar este tratado.
Sexta pregunta: Que, para evitar en adelante dudas y reclamos de bestias mulares y caballares, y también los robos que puedan resultar, este gobierno hará hacer el fierro que se señala y se pondrá en poder del alcalde Don José Granados, para que toda nación, conforme vallan viniendo, marquen con él todas las bestias y sean por él reconocidas, extendiéndose esto con las que ellos traigan y con las que aquí compren.
Contestación a la sexta pregunta: Que están convenidos en cumplir con esta proposición.
Séptima pregunta: Que para conservar esta paz y respecto a que por sus pueblos pasan precisamente todos los tratantes que se dirigen a comerciar con las naciones enemigas, han de aprehenderlos, ya sean estos españoles o extranjeros, cediéndoles desde ahora, para que se aprovechen de ellos, cuantos efectos lleven consigo y bestias, con tal que traigan a presentar presos a dichos tratantes.
Contestación a la séptima pregunta: Que enterados de la proposición hecha, ofrecen aprehender a todo tratante que vean, según y en los términos que se les piden =
Concluida la conferencia, explicaron los capitanes Daqui, Arariqui y Tacarahue a todos los suyos que se hallan presentes, cuanto va expresado, de lo que informaron quedaron contentos y satisfechos. Se les recomendó la obediencia y respeto a sus capitanes y la fidelidad y buena armonía con los españoles. Y en vista de todo ello, en el mismo día, mes y año, lo firmaron conmigo todos los señores que han compuesto esta asamblea. =Antonio Martínez= Ignacio Pérez=Juan de Castañeda=José Ángel Navarro= José Manuel Granados=
El jefe Gran Cado fue invitado a asistir a la coronación de Agustín Iturbide, en la ciudad de México. A su paso por Monterrey se le describió de la siguiente manera: “Este personaje estaba tatuado, vestía taparrabo, una capa con cabelleras humanas colgadas y penacho de aves de la región, cabello largo entrenzado, y así montaba caballo. Su gente también traía taparrabo o andaba desnuda, tatuada, cabellos largos, y si eran buenos guerreros (al perder una pelea eran rapados), podían comer carne cruda.
Fuentes: Archivo General de la Nación. México. Provincias Internas. Volumen 151. Archivo de Monterrey, Expediente 20; Actas de Cabildo de: 2 de agosto de 1821.
Contribución de: Luis Alfonso Valdés Blackaller, con apoyo de socios Arqueosaurios A.C. (1997) ~ Luis Alonso Armendáriz Otzuka, Arnoldo Bermea Balderas, Juan Latapi Ortega, José Manuel Luna Lastra (QEPD 2022), José Mariano Orozco Tenorio, Francisco Rocha Garza, Oscar Valdés Martin del Campo, Willem Veltman, y Ramón Williamson Bosque.
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