Más de 12 mil personas acudieron a los camposantos del municipio, el doble que el año pasado; revivieron la tradición con flores, velas y recuerdos
Por: Roberto Ulíbarri
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. — Las celebraciones por el Día de Muertos dejaron este año una cifra histórica de afluencia en los panteones del municipio, al registrarse la visita de más de 12 mil personas, el doble de lo reportado en 2024, cuando se contabilizaron alrededor de seis mil.
El incremento se debió a que las fechas coincidieron con el fin de semana, lo que permitió que numerosos parrenses radicados en Saltillo, Torreón y Monterrey aprovecharan los días de descanso para regresar a su tierra y rendir homenaje a sus seres queridos.
PANTEONES LLENOS Y TRADICIONES VIVAS
Desde el viernes por la tarde hasta la noche del domingo, el flujo de visitantes fue constante en los cuatro camposantos del municipio: Los Cipreses, San Antonio, San José y el ejidal Santa María de las Esperanzas, donde se observaron familias completas llevando flores, velas y ofrendas.
El domingo fue el día de mayor actividad. Las tumbas se llenaron de color con arreglos florales y veladoras encendidas, generando un ambiente de respeto, nostalgia y unión familiar, característico de esta conmemoración que reafirma los lazos entre los vivos y quienes ya partieron.
Además de los visitantes locales, se notó la presencia de turistas atraídos por el ambiente tradicional del Pueblo Mágico, que durante estas fechas combina devoción, cultura y un profundo sentido de identidad.
Para garantizar la seguridad y comodidad de los asistentes, los cuatro cementerios operaron las 24 horas del día, permitiendo las tradicionales veladas nocturnas, costumbre que ha cobrado fuerza en los últimos años inspirada en las celebraciones del sur del país.
El área de Servicios Públicos y Protección Civil implementó dispositivos de limpieza, control vehicular y apoyo logístico, con el fin de mantener el orden y evitar incidentes.
Como parte de las medidas de apoyo, se dispusieron dos pipas de agua: una de 5 mil litros para llenar las pilas de los panteones y otra de 20 mil litros equipada con conexiones para que los asistentes pudieran abastecerse durante las visitas prolongadas.
El ambiente que se vivió en los panteones fue una mezcla de recuerdo y celebración, con música, rezos y silencios compartidos, pero también con la satisfacción de mantener viva una costumbre que une generaciones.