“NO SALGO PENSANDO A VER SI VENDO, SINO DICIENDO: VOY A VENDER”
Comenzó vendiendo pan frente a la Normal Dora Madero para costear los estudios de sus 12 hijos, a quienes les dio estudios universitarios; es hoy por hoy un ejemplo de vida
Por: Roberto Ulíbarri
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. — A sus 86 años, doña María Genoveva Cárdenas Cervantes sigue siendo un símbolo de trabajo, fortaleza y amor incondicional por su familia y su comunidad. Su historia, tejida entre el aroma del pan recién horneado y el esfuerzo cotidiano, fue reconocida este año durante el Festival “Parras de mis Sabores”, donde se le rindió un justo y merecido homenaje por su aportación a la tradición gastronómica del Pueblo Mágico.
Nacida el 21 de mayo de 1939, doña Genoveva —conocida cariñosamente como doña Veva— ha dedicado más de seis décadas a la panadería, oficio que aprendió desde los 18 años y que convirtió en el sustento de su familia.
“Empecé a hacer pan para ayudar a mi esposo, pero cuando él murió, seguí adelante sola con mis doce hijos. No podía detenerme; ellos dependían de mí”, recuerda.
Su esposo era quien cortaba la leña para calentar el cocedor, pero tras su fallecimiento, ella tomó las riendas del negocio familiar. “Nunca me quedé a llorar. Lo que hice fue trabajar más para que mis hijos tuvieran carrera. Y gracias a Dios, lo logré.”
Los nombres de sus hijos son parte de una historia de esfuerzo compartido: Genoveva, Lilia Magdalena, Gerardo Antonio, Pedro, Patricia, María, Dulce, Amalia, Milagros, Luis, Yesica y Primitivo.
“Me siento muy orgullosa porque todos salieron adelante. Siempre tuvieron buenas calificaciones, y desde chiquitos aprendieron a trabajar conmigo”, dice con una sonrisa que mezcla orgullo y gratitud.
Hace más de cuatro décadas, doña Veva comenzó a vender su pan en la Plaza de Armas de Parras, justo frente a la escuela Normal Oficial “Dora Madero”, donde estudiaba una de sus hijas. “Vendía pan para los materiales que pedían en la escuela. Hasta les daba a mis hijas una charola de ‘ojo de buey’ para que vendieran entre clases”, recuerda entre risas.
Su esfuerzo constante y su espíritu emprendedor la convirtieron en referente para muchas mujeres del pueblo. Su consejo sigue siendo firme y claro:
“Que las mujeres no se detengan. Que vendan lo que saben hacer. No hay que salir pensando a ver si vendo, sino voy a vender. Dios ayuda al que trabaja. Y si una sufre violencia, que se vaya; que trabaje, porque las manos valen más que cualquier dependencia.”
Hoy, a sus 86 años, doña Genoveva continúa horneando y vendiendo su pan artesanal los fines de semana en el centro histórico de Parras. Su puesto en la Plaza de Armas es ya parte del paisaje local, un punto de encuentro donde el olor a pan dulce se mezcla con el cariño de la gente que la admira.
Su reconocimiento en el Festival “Parras de mis Sabores 2025” es un tributo a la perseverancia, a la dignidad del trabajo y al sabor de la tradición que ella ha mantenido viva por generaciones.
“No necesito depender de nadie —dice con orgullo—. Mi trabajo me da todo. Y mientras pueda, seguiré haciendo pan. Porque este es mi oficio, mi gusto y mi vida.”