Con la presencia del Obispo Hilario González, la velada combinó oración, canto popular y el orgullo de una tradición que supera ya los 30 años
Por Iván Villarreal
La Prensa
Bajo el cielo estrellado de Monclova y ante miles de fieles reunidos en el Santuario de Guadalupe, la tradicional serenata a la Virgen de Guadalupe volvió a emocionar corazones la noche del 11 de diciembre. Encabezada por el obispo de la Diócesis de Saltillo, monseñor Hilario González García, y organizada por la Asociación de Charros de Monclova, la velada combinó oración, canto popular y el orgullo de una tradición que supera ya los 30 años.
“Esta noche nos reunimos con el corazón lleno de amor y gratitud para ofrecerle esta humilde serenata. Que este encuentro sea un eco de aquel primer encuentro en el Tepeyac, donde el cielo besó la tierra”, expresó el obispo González García al iniciar el acto, invitando a los presentes a rezar un Padre Nuestro y un Ave María antes de dar paso a los cantos.
El escenario se llenó de sombrero y botines con la participación del cantante Jesús Ballesteros, acompañado por el grupo De Charros y el ensamble infantil De Charros Infantil. Temas emblemáticos como “Madrecita querida”, “Mi Virgencita ranchera”, “Las mañanitas guadalupanas” y “Una rosa pintada de azul” resonaron entre aplausos y lágrimas, mientras el mariachi y el público coreaban vivas a la Morenita del Tepeyac.
Un momento especialmente emotivo llegó cuando los charros, representados por su directiva, tomaron la palabra para agradecer a la Virgen: “Te agradecemos por darnos salud, trabajo y por llevarnos siempre de tu mano a pesar de las adversidades económicas. Aquí estamos tus hijos de la Asociación de Charros de Monclova, acompañados por las nuevas generaciones de escaramuzitas y charros infantiles, para que esta bonita tradición prevalezca por muchos años más”.
La noche cerró con la interpretación del coro Jeremías, que entonó el célebre “Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre”, frase que resume la cercanía maternal de la Guadalupana con su pueblo, y el relato original de las apariciones a san Juan Diego en 1531.
Con el santuario iluminado y el aroma a rosas y copal flotando en el aire, Monclova renovó una vez más su devoción a la Reina de México, demostrando que la fe guadalupana sigue siendo el latido más fuerte de la identidad regional. ¡Que viva la Virgen de Guadalupe! ¡Que viva México!