Permanecerán bajo cuidado especializado para su futura liberación
Kolaval, Tanok, Nashoba y River, recorrieron más de mil kilómetros desde el Estado de México hasta Saltillo en un esfuerzo para asegurar la conservación de su especie
Ulises Cruz
LA PRENSA
A la luz del amanecer del 9 de enero, cuatro siluetas emblemáticas de la fauna mexicana emprendieron un viaje decisivo. Kolaval, Tanok, Nashoba y River —ejemplares de lobo gris mexicano— dejaron el municipio de Timilpan, Estado de México, para llegar a su nuevo destino: el Museo del Desierto, en Saltillo, Coahuila. El traslado, coordinado por el Gobierno del Estado de México a través de la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF), forma parte de un proyecto integral de conservación que une ciencia, política pública y coordinación internacional.
Los animales partieron desde el Parque Ecológico Zacango, donde permanecían bajo resguardo, tras un proceso previo de evaluaciones genéticas y médicas. Cada uno fue preparado para soportar un recorrido de más de mil kilómetros bajo estrictos protocolos de bienestar animal. Un equipo especializado acompañó el operativo durante toda la madrugada, vigilando signos vitales, respuestas al estrés y condiciones de transporte para garantizar su seguridad. No se trató de un simple movimiento logístico: fue una operación diseñada para incidir en el futuro de una especie icónica en peligro crítico de extinción.
El lobo gris mexicano enfrenta uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Se estima una población mundial inferior a los 600 ejemplares, situación que obliga a la implementación de estrategias científicas y colaborativas de largo aliento. En este contexto, el proyecto que hoy los trae a Coahuila no ocurre en aislamiento: se inserta en un convenio binacional entre México y Estados Unidos, vigente desde 1999, que contempla manejo coordinado, intercambio de individuos, fortalecimiento de la diversidad genética y programas de reproducción controlada con vistas a la reintroducción en hábitats naturales.
En el Museo del Desierto, los cuatro lobos permanecerán bajo cuidado especializado. Allí comenzará una nueva etapa que incluye monitoreo veterinario permanente, seguimiento genético, manejo conductual y preparación gradual para fases de preliberación. Nada se deja al azar: cada movimiento, cada interacción y cada respuesta del organismo forma parte de protocolos diseñados para que, a futuro, la reintroducción sea viable, segura y científicamente sustentada.
Fernando Domínguez Bernáldez, médico veterinario y coordinador operativo del Parque Ecológico Zacango, explicó que la especie enfrenta una situación límite y que la intervención humana responsable resulta determinante para evitar su desaparición. Desde su perspectiva, el esfuerzo conjunto entre instituciones mexicanas y estadounidenses, respaldado por personal técnico y especialistas en fauna silvestre, abre una ventana real para la recuperación del lobo gris mexicano mediante reproducción controlada, manejo de linajes y reintroducciones planificadas.
El Parque Ecológico Zacango desempeñó un papel central antes y durante la movilización. Bajo la administración de CEPANAF, el recinto ha asumido la labor de manejo y resguardo de fauna silvestre, y ahora también de traslado de ejemplares estratégicos para programas de conservación. En esta operación se atendieron condiciones de salud, seguridad y bienestar desde el punto de origen hasta la llegada a Coahuila, con procedimientos documentados y personal capacitado.
El movimiento de Kolaval, Tanok, Nashoba y River tiene también una dimensión simbólica: representa una nueva esperanza para la especie. En un contexto en el que los números son frágiles y el riesgo es alto, cada individuo cuenta. La colaboración binacional permite ampliar la base genética, reducir la consanguinidad y fortalecer la viabilidad poblacional a largo plazo. Al mismo tiempo, refuerza la idea de que la conservación trasciende fronteras políticas y se apoya en el intercambio de conocimiento y responsabilidad compartida.
En Saltillo, los lobos ingresarán a programas que consideran no solo su salud física, sino también su comportamiento natural. Se prioriza minimizar la habituación humana, fomentar conductas propias de la especie y prepararlos para escenarios de vida silvestre. La preliberación y eventual reintroducción no ocurren de manera inmediata; exigen etapas, evaluaciones y decisiones basadas en evidencia científica.