María Catalina y Eduardo siguen tomados de la mano desde hace 23 años, incluso en la adversidad
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
“Cuidarse, respetarse y amarse, en la salud y en la enfermedad”; hace 23 años, frente al altar, María Catalina Guajardo y Eduardo de la Cruz Rangel pronunciaron esos votos sin imaginar la magnitud del significado que cobrarían con el tiempo.
Lo que comenzó como una promesa de amor se transformó en la base que hoy sostiene su historia, marcada por la fortaleza, la entrega y la gratitud.
Fue un 11 de enero de 2003, el frío y la neblina fueron testigos de su boda, tras dos años de noviazgo, decidieron unir sus vidas convencidos de que el respeto y la unión serían el cimiento de su familia.
“No es fácil, no es un matrimonio perfecto, pero la fuerza y el amor nos sigue manteniendo unidos”, expresa con serenidad.
Durante más de dos décadas construyeron un hogar junto a sus tres hijos, compartiendo responsabilidades, sueños y aprendizajes, ambos vivieron las etapas escolares, las rutinas familiares y los desafíos cotidianos que fortalecen cualquier relación.
Hace tres años y cuatro meses, su vida cambió radicalmente; Eduardo sufrió un daño medular completo a nivel cervical cuatro, perdiendo la movilidad desde la base del cuello hacia abajo.
Desde entonces, Lalo depende al cien por ciento del cuidado de su esposa Katy quien se encarga de alimentarlo, bañarlo, movilizarlo y realizarle un sondeo cada dos horas tras haberle retirado la sonda permanente.
Carlina reconoció que, aunque las jornadas son largas y físicamente demandantes, pero el compromiso no ha flaqueado. “Hay días en los que uno está muy cansado, porque somos humanos, pero rendirnos no. Ni él ni yo”, afirma con seguridad.
“Sí, el amor se volvió más fuerte”, reconoce Katy y aunque muchos la consideran la fortaleza del hogar, ella insiste en que la verdadera fuerza proviene de su esposo. “Él siendo fuerte me hace fuerte a mí”, señala, sin embargo, para ambos, el valor más grande de su matrimonio es el equipo que forman y la decisión diaria de acompañarse.
En este Día del Amor y la Amistad, Katy expresó su cariño con palabras llenas de gratitud: “Lo amamos mucho y agradecemos que pueda seguir con nosotros”.
Por su parte, Lalo, aunque breve, fue profundamente sincero, con voz firme agradeció a su esposa por no soltar su mano en los momentos más difíciles, por ser su apoyo incondicional y por mantenerse a su lado con amor y paciencia
Para este matrimonio hoy Día del Amor y la Amistad lo celebra con orgullo de lograr cumplir esa promesa de amor que pactaron ante el altar y que con la ayuda de sus hijos se han mantenido fuertes.