Entre 30 mil y 40 mil soldados estadounidenses desplegados en Medio Oriente, distribuidos en al menos ocho bases permanentes, contaban con defensas aéreas limitadas, insuficientes frente a previsibles represalias iraníes con misiles balísticos y drones.
De acuerdo a reportes del NYT, cuando el presidente Donald Trump amenazó el mes pasado con atacar a Irán si no aceptaba un acuerdo para frenar su programa nuclear, el Pentágono no estaba preparado para respaldar esa advertencia con una operación inmediata.
Entre 30 mil y 40 mil soldados estadounidenses desplegados en Medio Oriente, distribuidos en al menos ocho bases permanentes, contaban con defensas aéreas limitadas, insuficientes frente a previsibles represalias iraníes con misiles balísticos y drones.
Gran parte del equipamiento acumulado durante dos décadas de guerra en la región, incluida la campaña contra los hutíes en Yemen el año pasado, había sido retirado. Además, los aviones de combate necesarios para una operación de gran escala estaban estacionados en Europa o en territorio estadounidense.
¿Cuál fue la respuesta a Trump sobre un posible conflicto bélico con Irán?
Ante ese panorama, altos funcionarios de seguridad nacional recomendaron al presidente ganar tiempo mientras se reconstruía tanto la capacidad ofensiva como la capacidad defensiva en 11 países potencialmente vulnerables a ataques iraníes.
“El presidente tiene todas las opciones sobre la mesa”, afirmó la vocera de la Casa Blanca, Anna Kelly, subrayando que Trump escucha distintas perspectivas antes de tomar decisiones vinculadas a la seguridad nacional.
Mientras continúan contactos diplomáticos entre Estados Unidos, Israel, países árabes e Irán, el Pentágono avanza en lo que un alto mando describió como “poner la casa en orden”. El despliegue incluye ocho destructores con misiles guiados, sistemas terrestres de defensa antimisiles y submarinos capaces de lanzar misiles de crucero Tomahawk.
En el centro de esta concentración naval se encuentra el portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado por buques equipados con misiles de largo alcance. El grupo de combate opera en un amplio arco que abarca el mar Arábigo, el golfo Pérsico, el mar Rojo y el Mediterráneo oriental.
Además, se informó a la tripulación del USS Gerald R. Ford que abandonará el Caribe para dirigirse a Medio Oriente, reforzando la presión estratégica.
En paralelo, Estados Unidos ha enviado cazas furtivos F-35, aviones de ataque F/A-18 y más de una decena de F-15E adicionales. Bombarderos de largo alcance B-2 permanecen en estado de alerta elevada en territorio estadounidense.
El general retirado Joseph Votel, exjefe del Mando Central, advirtió que cualquier acción requerirá garantizar primero la protección de bases en Catar, Irak, Baréin, Kuwait y Jordania. No solo la base aérea de Al Udeid, atacada previamente por Irán, sino todas las instalaciones con presencia estadounidense deben contar con sistemas Patriot y THAAD reforzados.
Los analistas consideran otros indicadores clave de una eventual ofensiva: aumento de aviones cisterna de reabastecimiento, despliegue de EA-18 Growlers especializados en guerra electrónica y el posible reposicionamiento de submarinos lanzamisiles balísticos hacia el mar Arábigo.
Trump, que inicialmente vinculó su retórica a la defensa de manifestantes iraníes, ha vuelto a centrar sus argumentos en el programa nuclear iraní, que Teherán insiste tiene fines civiles. El académico Vali Nasr señaló que al mencionar la guerra antes de estar preparado, Washington pudo haber alertado a Irán y darle tiempo para fortalecer sus propias amenazas.
El general retirado Kenneth F. McKenzie Jr. subrayó que los líderes iraníes toman en serio cualquier refuerzo estadounidense debido a precedentes como el asesinato en 2020 del general Qasem Soleimani y ataques previos contra instalaciones nucleares.