ARLETTH: EL NOMBRE DE UNA MADRE Y LA FUERZA DE UNA HIJA
Madre autónoma, futura docente y emprendedora; a sus 29 años, demuestra que los retos no son obstáculos, sino los cimientos de una vida dedicada al servicio y la superación
Por: Roberto Ulíbarri Hernández
LA PRENSA
PARRAS, COAHUILA. – A las 4:40 de la mañana, cuando el sol aún no se asoma por las calles de Parras, el mundo de Arletth Donají Macías Hernández ya está en marcha. A sus 29 años, su vida es un engranaje perfecto de disciplina, amor y una resiliencia que se ha forjado a base de retos.
Arletth, quien nació en Parras el 21 de diciembre de 1996, no solo estudia el sexto semestre de la licenciatura en Educación Preescolar en la Escuela Normal Oficial “Dora Madero”; es también la fuerza motriz de su propio negocio de belleza y, por encima de todo, el pilar de un hogar que sostiene con orgullo desde hace tres años y medio.
El motor: Hany, Hade y el aula del mañana
Para Arletth, la maternidad no fue un freno, sino el catalizador de su ambición. Sus hijas, Hany (11) y Hade (10), son sus cómplices y su equipo de trabajo.
En casa las tareas se comparten en un silencio solidario: mientras mamá se sumerge en las teorías del desarrollo infantil, las pequeñas se acercan para ayudar a recortar, pintar o preparar los materiales didácticos que Arletth llevará a sus prácticas.
“Mi principal motivación son ellas”, confiesa con una voz de contrastes que por un lado se escucha tierna y juvenil, pero con una seguridad que denota una madurez forjada en la responsabilidad.
“Quiero dejarles el mensaje de que, sin importar las adversidades, los problemas o las cuestiones que se presenten en la vida, siempre se puede salir adelante”.
Para Arletth, ser jefa de familia ha sido un camino de aprendizaje donde el apoyo es circular: “Hay un cariño y un respaldo mutuo entre mamá e hijas; ellas están al pendiente de lo que necesito cuando estudio o trabajo”.
El equilibrio entre el estudio y la realidad
Para Arletth, cursar la Licenciatura en Educación Preescolar en la Escuela Normal Oficial ‘Dora Madero’ es mucho más que obtener un título; es la oportunidad de sembrar semillas de cambio en las etapas más tempranas de la vida.
Ella entiende que su paso por las aulas de la Normal le otorga las herramientas para influir positivamente en el futuro de sus alumnos. ‘Es una carrera hermosa’, reflexiona, consciente de que los aprendizajes que fomenta en los pequeños son lecciones que ellos cargarán hasta su etapa adulta, transformando no solo sus vidas, sino el tejido mismo de la sociedad”.
Y es que a pesar de que su camino académico comenzó un poco después que el de otras compañeras, Arletth ha convertido esa madurez en su mayor ventaja pedagógica.
Mientras muchas estudiantes se limitan a cumplir con las exigencias académicas, ella debe gestionar un equilibrio milimétrico entre los exámenes, la planeación de prácticas y el sustento de su hogar.
Esta dualidad le otorga una visión única de la enseñanza: no solo educa con libros, sino con el ejemplo de una mujer que, tras concluir sus clases, se despoja del uniforme de estudiante para vestir el de emprendedora y madre, demostrando que la verdadera maestría se alcanza con perseverancia.
La belleza como terapia de resiliencia
Su espíritu emprendedor nació de la necesidad, pero se transformó en una vocación de servicio.
Su negocio, “Arletth de Hernández“, “La chica de los alaciados”, inició en enero de 2023 cuando acondicionó la cochera de la casa de sus padres para poder generar ingresos sin descuidar sus estudios ni a sus hijas.
Con el paso del tiempo, gracias a su excelente mano para la belleza y la recomendación “boca a boca” de sus clientas, lo que inició como un ingreso extra, hoy es una marca que incluye una línea propia de tratamientos capilares, champús y aceites diseñados bajo sus especificaciones.
Sin embargo, para ella, el salón de belleza es un “lugar seguro”. Arletth entiende que su trabajo va más allá de la estética. “Me genera mucha satisfacción ver a mujeres que llegan un poco destrozadas por diferentes situaciones; el ver su cabello arreglado o su carita arreglada les ayuda a motivarse. A veces solo necesitan ser escuchadas y yo estoy ahí para ellas”.
Así, su formación como maestra y su labor como estilista se entrelazan: en ambas facetas, Arletth busca transformar la realidad de quienes llegan a sus manos.
El miedo como brújula y la disciplina como bandera
Arletth no oculta las sombras del camino. Recuerda con honestidad el terror que sintió al enfrentar la soledad, teniendo a dos niñas pequeñas siguiendo sus pasos.
“Da miedo, da demasiado miedo”, admite. Pero en su filosofía, el miedo es una herramienta, no un obstáculo.
“El miedo ocurre cuando salimos de la zona de confort. Hay que agarrar ese miedo, hacerlo bolita y decir: ‘esto me va a ayudar a salir adelante’, porque cuando uno tiene miedo es porque está haciendo las cosas bien”.
Esa determinación se traduce en una rutina extenuante de lunes a viernes. Su día termina mucho después de que todos duermen, a veces a la medianoche, entre planificaciones de clase y citas de belleza agendadas con precisión quirúrgica.
“Se requiere mucha organización; ir por prioridades, un pendiente a la vez, una cosa a la vez”, explica.
Su recomendación para las generaciones más jóvenes es tajante: la constancia y el amor por lo que se hace son innegociables. Hacer las cosas “ahí se va” no es una opción en su diccionario.
Un legado en el nombre: el homenaje a Doña Juanita
Si alguien busca el origen de la fuerza de Arletth, lo encontrará en su linaje materno. Aunque su primer apellido es Macías, ella ha decidido que su identidad pública y profesional sea Arletth Hernández. Es un tributo vivo a su madre, Doña Juanita Hernández, quien falleció hace cinco años y cuya partida marcó un antes y un después en su vida.
Con una sonrisa en los labios, pero con una mirada triste recuerda que cuando a su mamá le decían que tenía una niña bonita, ellas les decía: “Pero es más bonita de corazón”. “Ella me enseñó que sin importar lo físico, hay que mantener el corazón puro”, recuerda con emoción.
Doña Juanita no solo le dejó lecciones de bondad y de amor, sino un ejemplo de lucha que Arletth invoca en sus momentos de mayor cansancio. “A veces siento que ya no puedo y hablo con ella; le pido que me ayude aunque no esté físicamente. Su recuerdo es lo que me hace decir ‘yo puedo’ una vez más”.
Un mensaje para el 8 de marzo
A solo un año de recibir su título profesional, Arletth Donají es un ejemplo de que no hay tiempos “correctos” ni planes fallidos, solo determinaciones inquebrantables.
Su mensaje para las mujeres en este Día Internacional de la Mujer es una invitación al autorreconocimiento:
“Cuando una mujer cree en sí misma, no hay límite. Somos capaces de transformar los retos en oportunidades. Si el plan A falla, hay que tener la determinación de hacer que las cosas sucedan. Solo es cuestión de tener fortaleza, disciplina y agarrarse de todo lo bueno que tenemos dentro“.