El médico que nadie ve, el dolor que nadie nombra
Dr. Raúl Ramos López
FACS, FASCRS (Ret) Cirujano Colorrectal · asesormedicos.com Cuando ocurre un evento adverso en salud —la muerte inesperada de un paciente, una complicación que nadie anticipó, un error en la cadena de atención— la narrativa pública se organiza de inmediato alrededor de dos personajes: la víctima y el culpable.
Los medios buscan un rostro para cada papel. Los ministerios públicos abren carpetas. Los titulares declaran verdades antes de que existan evidencias. Pero uno de esos dos personajes permanece invisible. No sale en los noticieros. No recibe flores ni visitas. No tiene nombre en el expediente. Es el médico que estuvo presente cuando todo salió mal, y que desde ese momento carga con un peso que el sistema no reconoce y casi nunca ayuda a sobrellevar.
La medicina tiene un nombre para este fenómeno: la segunda víctima.
Los que más sufren después de un error médico suelen ser los mejores médicos. Los que no sienten nada, no sufren. El médico que nadie ve( La segunda victima) El término fue acuñado en 2000 por Albert Wu, de Johns Hopkins, en el British Medical Journal.
Wu describió algo que los médicos conocen pero raramente verbalizan: los profesionales involucrados en eventos adversos sufren consecuencias psicológicas profundas que el sistema ignora. Insomnio, culpa paralizante, pérdida de conf ianza clínica, distanciamiento emocional de los pacientes. En los casos más graves: abandono de la especialidad, depresión, y —en una proporción documentada y perturbadora— suicidio. Susan Scott, de la Universidad de Missouri, describió seis etapas de recuperación: caos inicial, intrusión del evento, recuperación del equilibrio, resistencia a continuar, 1búsqueda de apoyo, e integración.
En México, el médico rara vez llega a las últimas etapas. El sistema lo detiene mucho antes. El sistema que agrava el daño. En países con sistemas de salud maduros existen programas institucionales de apoyo post-evento: el modelo forYOU de Missouri, el RISE de Johns Hopkins. No son perfectos, pero existen. En México no existen, o viven en el papel de alguna norma que nadie aplica. El problema más grave, sin embargo, es procesal.
En la mayoría de los países desarrollados, el error médico sin dolo se resuelve por vía civil: compensación económica, investigación de causas, aprendizaje. El médico puede ser sancionado profesionalmente, pero no encarcelado.
En México, la primera respuesta es casi siempre la carpeta penal. El médico es citado como probable responsable, puede ser detenido preventivamente, sus bienes asegurados, su licencia suspendida — todo antes de que ningún perito determine si hubo error y antes de que nadie pregunte qué falló en el sistema.
En México, la primera respuesta ante un error médico no es ‘¿qué falló en el sistema?’ Es: ‘¿quién va a la cárcel?’ Los comités periciales: la promesa y la realidad México sí creó mecanismos alternativos. La CONAMED, fundada en 1996, y los comités estatales de arbitraje médico fueron concebidos para ofrecer una vía técnica e imparcial. En teoría, es exactamente lo que el sistema necesita. En la práctica, su competencia es voluntaria —si alguna de las partes no acepta, el proceso no avanza— y operan bajo presión política que con frecuencia pesa más que el análisis técnico.
México tiene el instrumento; le falta la voluntad de usarlo como primera respuesta, no como último recurso. La conspiración del silencio 2Cuando un médico enfrenta un proceso penal, sus colegas desaparecen. No por maldad: por miedo. En un sistema donde opinar a su favor puede interpretarse como complicidad, el silencio es la estrategia de supervivencia racional. Wu lo llamó ‘wall of silence’. En México ese muro no es metafórico — es estructural. El médico queda completamente solo en el momento de mayor vulnerabilidad psicológica.
Su institución lo abandona.
Los colegios emiten comunicados tibios.
Y el sistema sigue funcionando como si nada, listo para producir la próxima tragedia.
Cinco propuestas para romper el ciclo
1.Reformar el marco penal para distinguir error sistémico de negligencia dolosa. No todo error médico debe ser delito. Esta distinción existe en derecho comparado. Solo falta voluntad para adoptarla.
2.Hacer obligatorio el arbitraje médico antes de la vía penal. La CONAMED y los comités periciales deben tener independencia real y dictámenes vinculantes para el ministerio público.
3.Crear programas institucionales de apoyo para la segunda víctima. Todo hospital de tercer nivel debe contar con psicólogo clínico, figura de acompañamiento entre pares y protocolo de debriefing post-evento.
4.Colegios médicos con función real de defensa y acompañamiento. Fondos de defensa legal, peritaje independiente y postura pública clara: el gremio no abandona al médico involucrado en un evento adverso.
5.Adoptar la Cultura Justa como política hospitalaria nacional. El marco de Sidney Dekker distingue error humano, conducta de riesgo y negligencia, con respuestas diferenciadas. Sin ella, el miedo al castigo dominará la cultura y nadie reportará errores. Sin reporte, no hay aprendizaje.
El paciente merece justicia cuando hay negligencia real. Pero el médico que trabaja dentro de un sistema imperfecto, con recursos insuficientes y sin respaldo institucional, merece algo que México raramente le ofrece: compasión. La segunda víctima existe. Tiene nombre, tiene historia clínica, tiene insomnio.
Hasta que México no la vea, seguirá destruyendo a las personas que más necesita para que el sistema funcione. El Dr. Raúl Ramos López es cirujano colorrectal con más de 50 años de experiencia clínica en México y Estados Unidos. Es fundador de asesormedicos.com.