En esta charla con la Psicóloga Gaby Medrano, Coordinadora del Módulo del Adolescente, hace un recorrido por los diferentes estilos de crianza y las repercusiones hacia los hijos
Alberto Rojas Carrizales
LA PRENSA
Cada 10 de mayo se celebra el Día de las Madres con flores, abrazos, serenatas y mensajes de amor, pero detrás de frases como “una madre siempre sabe amar” también existen historias de dolor, exigencia, culpa, sobreprotección, ausencias emocionales y relaciones complejas que dejan huellas profundas en la vida de los hijos.
La psicóloga Gaby Medrano, aclara; “no se trata de etiquetar, ni juzgar a las madres, aunque en psicología observamos siempre los estilos de crianza”, y es que a partir de su experiencia la terapeuta expone distintos tipos de maternidad y cómo estas formas de crianza influyen directamente en la autoestima, y la seguridad emocional.
LA MADRE NARCISISTA
Uno de los estilos más delicados es el de la madre narcisista, la psicóloga explica que; “una madre narcisista si pudiéramos definir, es quien antepone sus necesidades emocionales, incluso por encima de sus propios hijos, busca admiración, control, una validación constante de decir; yo soy la importante, soy el pilar, el eje de esta familia”.
En estos casos, la atención y las necesidades emocionales de los hijos quedan relegadas, como en momentos importantes para los menores; “cuando le piden a su madre su asistencia a un festival o a la firma de calificaciones, pero la respuesta es; discúlpame hijo, pero es el día que tengo mi visita de las uñas, no puedo acompañarte, en alguna otra ocasión iré”.
Ese niño, precisa, “suele crecer sintiendo que tiene que ganarse el cariño, afecto, el amor de la madre, la consecuencia puede ser el desarrollo de culpa, ansiedad, baja autoestima y dificultades para establecer límites sanos en la adolescencia y en la vida adulta”.
La especialista en el comportamiento de la conducta, advierte que estos hijos suelen convertirse en personas excesivamente complacientes o, por el contrario, extremadamente autoexigentes, tratando constantemente de demostrar que son suficientes.
LA MADRE SOBREPROTECTORA
Otro estilo de crianza muy frecuente es el de la madre sobreprotectora, que aunque nace desde el amor y el deseo de evitar sufrimiento, la profesionista alerta que este tipo de maternidad con miedo y enviar el mensaje de que el mundo es muy peligroso, puede impedir que los hijos desarrollen autonomía y seguridad.
Las consecuencias se observan con frecuencia en adultos inseguros, incapaces de tomar decisiones por sí mismos, algunos consultan todo con su madre, desde cuestiones personales hasta decisiones laborales o sentimentales.
LA MADRE CONTROLADORA
La psicóloga también describe el caso de la madre controladora, aquella que necesita decidir permanentemente sobre la vida de sus hijos., “esa amistad no te conviene; esa mujer no te conviene; esa carrera no es para ti; esa ropa no te queda”, son algunas de las frases que, según explica, suelen escuchar quienes crecen bajo este tipo de crianza.
Detrás de estas conductas suele existir miedo, inseguridad o una necesidad excesiva de mantener el control familiar, pero el impacto emocional puede traducirse en hijos incapaces de desarrollar una identidad propia o relaciones afectivas saludables.
LA MADRE PERFECCIONISTA
Existe también la madre exigente o perfeccionista, que termina por desgastar emocionalmente a los hijos, aquí la especialista explica que son madres con un nivel de exigencia tan alto que los hijos sienten que nada de lo que hagan será suficiente, incluso cuando obtienen logros importantes.
“Aún cuando saquen una buena nota de calificaciones en la escuela le dicen; es tu obligación, lo cual descalifica y desmerita una buena nota, esto genera ansiedad, una auto exigencia extrema, ese miedo intenso al fracaso, sensación permanente de que no importa lo que hagamos, somos insuficientes”, describió la consultora.
LA MADRE VÍCTIMA
Otro estilo identificado por la licenciada Medrano es el de la madre víctima; “después de todo lo que hice por ti, así me pagas”, es una frase común dentro de este patrón, explica que esta dinámica genera una culpa constante en los hijos, quienes terminan sintiéndose responsables de la situación emocional de la madre.
“Suelen convertirse en cuidadores emocionales de esa madre; sienten que tienen una responsabilidad completa excesiva y dejan de hacer muchas de sus cosas cotidianas, porque hay que preguntarle a mamá”, enfatizó la profesionista.
En la charla periodística, destacó más adelante la licenciada Gaby Medrano que incluso las relaciones de pareja pueden verse afectadas por una madre víctima, porque ahí es cuando empiezan los problemas, ya que tiene más madre que esposa, y más madre que familia”.
LAS MADRES PERMISIVAS
Medrano también abordó el caso de las madres permisivas, aquellas que muestran altos niveles de afecto y comunicación, pero pocos límites o disciplina que tienden a decir ‘sí’ a todo, evita el conflicto y rara vez impone normas”.
LA MADRE SALUDABLE
La madre saludable; lo suficientemente buena, frente a estos modelos, la psicóloga destaca la existencia de la madre saludable, no como una figura perfecta, sino como una madre suficientemente que fue capaz de poner límites; validar sus emociones, y entendiendo cómo se sienten los hijos.
Que pudo y supo permitir la autonomía de los hijos, insiste en que equivocarse es parte natural de la maternidad porque nadie nace sabiendo ser madre, “no hubo un estudio, un manual, guía de cómo ser, lo importante es la capacidad de crecer junto a los hijos, no hay una madre perfecta, ser madre es una decisión, pero nunca una obligación”, aclara.
SOBREPROTECCIÓN MATERNAL
Uno de los temas que más preocupa a la terapeuta es la sobreprotección maternal a los hijos y sus consecuencias a largo plazo, ya que genera inseguridad, al creer que toda la vida la madre va a estar para resolver sus problemas, pero la realidad es distinta porque las madres parten de este mundo dejando un hijo completamente desnudo ante la vida.
La psicóloga considera que la falta de herramientas emocionales deja a muchos jóvenes vulnerables ante una sociedad que no siempre responderá con cariño o comprensión, “dejará hijos sin ningún sistema de defensa, ni herramienta que los blinde ante un mundo que no les va a tratar con la misma amabilidad ternura y cariño que lo haría una madre”.
HIJOS SUFREN PLEITOS DE PADRES
Durante la entrevista, Medrano relató uno de los casos más dolorosos que ha atendido en consulta; un adolescente de 14 años que, al ser cuestionado sobre sus deseos más importantes, respondió que quería que sus padres dejaran de pelear, que no tuvieran problemas para completar la comida y que sus abuelos dejaran de ser padres de sus propios padres.
La especialista explicó que el joven presenta conductas rebeldes y problemas escolares derivados de un entorno marcado por violencia, dificultades económicas y una constante invasión de los abuelos en las decisiones familiares.
MADRES Y TRABAJADORAS A LA VEZ
En medio de todas estas realidades, la terapeuta también reconoce el enorme esfuerzo de la madre trabajadora, esa mujer que, después de cumplir una jornada laboral, continúa atendiendo las responsabilidades del hogar; “llega de la jornada laboral para iniciar la jornada en casa revisando tareas, bañando a los hijos, limpiar su casa”.
Se trata, afirma, de mujeres que intentan ser suficientemente buenas en todos los aspectos: como madres, empleadas, amigas, hijas, parejas y personas, una carga física y emocional que sostiene diariamente el funcionamiento de hogares.
En el marco del Día de las Madres, la reflexión va más allá de los regalos y las celebraciones, cuando madres e hijos son capaces de reconocer errores, romper actitudes dañinas y construir relaciones más sanas desde la empatía y el respeto emocional.