Las recientes colaboraciones de dos exintegrantes de la administración sinaloense marcan un cambio en la dinámica de cooperación bilateral
La entrega voluntaria de dos exfuncionarios de Sinaloa a autoridades estadounidenses abrió una posibilidad que inquieta al partido gobernante Morena: que el resto de los 10 acusados sigan el mismo camino y, al negociar con la justicia de Estados Unidos, revelen información comprometedora sobre el partido de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La advertencia no viene de cualquier lado. Arturo Sarukhán, exembajador de México ante Estados Unidos, lo dice sin rodeos: “Ahora hay una mayor posibilidad de que otros entre esos diez intenten llegar a un acuerdo con las autoridades estadounidenses, y entonces no se tendrá control sobre qué información se comparte.”
Los dos que ya cayeron: la señal que nadie puede ignorar
Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Sinaloa, cruzó la frontera hacia Arizona la semana pasada. Enrique Díaz Vega, exsecretario de Hacienda del mismo estado, fue detenido en Nueva York. Ambos son miembros de Morena y enfrentan cargos por supuestos vínculos con el Cártel de Sinaloa y por facilitar el tráfico masivo de drogas hacia territorio estadounidense.
Lo más significativo no es que cayeron, sino cómo: se entregaron voluntariamente, sin esperar un proceso de extradición formal. Para el analista de seguridad Eduardo Guerrero, ese detalle lo dice todo:
“Si fueran acusaciones vacías, sin fundamento alguno, no hay manera de que te entregaras.”
Ambos conocen de cerca al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, también acusado en la misma imputación. Sheinbaum se ha resistido a extraditarlo, pero con Mérida y Díaz ya bajo custodia estadounidense, esa postura se vuelve cada vez más difícil de sostener.
“Solo el comienzo”: la DEA ya avisó
La presión desde Washington no para. El administrador de la DEA, Terry Cole, declaró la semana pasada ante el Senado estadounidense que la acusación contra Rocha Moya era “solo el comienzo”. La administración Trump, además, instruyó a fiscales federales para aplicar leyes antiterroristas contra funcionarios mexicanos corruptos que encubran organizaciones criminales.
Sarukhán advierte que en Washington crece la percepción de que Sheinbaum está ganando tiempo:
“La realidad la alcanzará. Estamos al borde del abismo, esto es como el proverbial efecto dominó que cae uno tras otro.”
Sheinbaum entre la lealtad y la presión
La presidenta salió este lunes a defender su postura. “No vamos a encubrir a nadie bajo ninguna circunstancia”, dijo, aunque también contraatacó hacia Washington, señalando que Estados Unidos debería atender primero su propio consumo de drogas y el tráfico de armas.
Durante meses, su gobierno cooperó con Trump: envió miles de soldados a la frontera y entregó a casi 100 integrantes de cárteles. Pero la relación se fracturó cuando se reveló que agentes de la CIA operaron en México sin conocimiento del gobierno federal, presuntamente involucrados incluso en el asesinato de un miembro de un cártel en marzo pasado.
Ahora, con 8 acusados que aún no se han entregado y una DEA que promete más imputaciones, la pregunta no es si habrá más negociaciones con Estados Unidos, sino cuándo y qué tan profundo llegarán los secretos que se revelen.
Con información de infobae