Al dolor emocional por la trágica muerte de su nieto de 9 años, se suman padecimientos como una hernia de gran tamaño, cirrosis hepática de la abuela, y ceguera del abuelo
Por Wendy Riojas
LA PRENSA
Mientras enfrentan el dolor por la muerte de su nieto Dominic, el niño de 9 años que perdió la vida tras ser atropellado en la avenida Las Torres, los abuelos maternos sobreviven entre enfermedades, carencias y abandono, dentro de una humilde vivienda ubicada en el sector oriente de la ciudad.
Acostada dentro de su humilde vivienda, Victoria Barrientos Alvarado, de 69 años, relata el dolor físico y emocional que vive diariamente. Explica que padece una hernia de gran tamaño, cirrosis hepática, problemas en los riñones, presión alta y bajos niveles de azúcar, condiciones que deterioran poco a poco su salud.
Entre lágrimas, recuerda que durante meses acudió al Centro de Salud con la esperanza de ser operada; sin embargo, después de realizarse diversos estudios, los médicos del Hospital Amparo Pape le informaron que ya no podían intervenirla debido a los líquidos retenidos en su cuerpo y al riesgo de sufrir una infección mortal.
“Me dijeron que ya no era operable… que si me operaban podía agarrar una infección por dentro. No me recetaron ni paracetamol porque tengo cirrosis hepática; el hígado y el riñón están dañados”, expresó con tristeza.
Señala que su estado físico le impide realizar actividades básicas. Apenas puede caminar de un cuarto a otro y necesita ayuda incluso para las tareas más sencillas. Sus nietos, quienes viven a unas cuadras, son quienes constantemente acuden a apoyarla.
A su lado permanece su esposo, Hipólito Pérez Alvarado, de 71 años, (abuelo de Dominic), quien durante más de tres décadas recorrió las calles de Monclova vendiendo elotes en un triciclo para llevar alimento a su hogar.
Con nostalgia recuerda los años en los que trabajaba diariamente en colonias como la Barrera, Progreso, La Gloria y Las Flores, donde muchos vecinos ya lo conocían y le brindaban apoyo.
“Yo nunca llegaba con las manos vacías. La gente me ayudaba con sopa, con harina, porque ya me conocían”, comentó.
Sin embargo, relata que desde hace casi tres meses tuvo que dejar de trabajar debido a severos problemas de visión. Aunque todavía siente deseos de salir a vender, reconoce que ya no puede hacerlo solo.
“No veo bien. Me da miedo cruzar las calles porque ya casi no distingo los carros”, confesó.
SUFRE CAÍDA PREVIO A ENTREVISTA
Durante la entrevista, la señora Victoria compartió que don Hipólito acudió por leche y sufrió una caída. Incluso, el señor mostró la herida que se hizo en la pierna derecha, la cual seguía sangrando, ya que no ve con claridad, ‘Ahorita me lavo bien’, dice mientras se cubre la herida.
Actualmente, la pareja sobrevive en una humilde vivienda ubicada en la calle 34 con 5 de la colonia Tierra y Libertad, a espaldas del COBAC, donde se cuidan uno al otro. “Ya no puedo hacer de comer”, dice doña Vicky; “yo hago”, dice don Hipólito, aunque a veces se le derrama todo porque no ve bien.
Cabe mencionar que ninguna dependencia ha acudido a brindarles ayuda, pese a las condiciones en las que viven, por lo que tienen puesta la fe en la solidaridad de la ciudadanía de buen corazón que desee apoyarlos.
Hoy, con humildad, piden el apoyo de la ciudadanía para poder salir adelante. Solicitan despensas y atención médica para la señora Victoria (algún otro diagnóstico o la posibilidad de operación), así como la posibilidad de atender los ojos de don Hipólito, quien poco a poco ha perdido la visibilidad.
“Con lo que puedan ayudarnos, Dios se los va a multiplicar”, expresaron.