Por: Dr. Diomar Enrique Rodríguez Obregón
Catedrático investigador
Universidad Autónoma de Coahuila
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
La inteligencia artificial, o IA, ya no es algo que solo aparece en películas de robots o computadoras futuristas. Hoy ya se está usando en hospitales, laboratorios y consultorios para ayudar a los médicos a cuidar mejor a las personas.
Pero hay algo muy importante que debemos entender desde el principio: la IA no viene a reemplazar a los médicos. Más bien, funciona como una ayudante muy rápida, capaz de revisar mucha información en poco tiempo y avisar cuando encuentra algo que podrías ser importante.
Por ejemplo, cuando un médico revisa una radiografía, una tomografía o una resonancia, tiene que observar muchos detalles. A veces, una señal de enfermedad puede ser muy pequeña o difícil de ver. Ahí la IA puede ayudar, porque puede analizar la imagen y marcar zonas que parecen sospechosas. Esto puede ser útil para detectar enfermedades como cáncer, problemas del corazón o daños en el cerebro.
También se está usando IA para revisar electrocardiogramas, que son estudios donde aparece una línea que sube y baja mostrando la actividad del corazón. La IA puede encontrar señales de riesgos que tal vez no son tan fáciles de notar a simple vista. Esto no significa que la computadora dé el diagnóstico final, pero sí puede ayuda al médico a decidir si una persona necesita más estudios.
Otro avance muy interesante está en el estudio de los genes. Nuestro cuerpo tiene una especia de “libro de instrucciones” llamado ADN. A veces, pequeños cambios en ese libro pueden estar relacionados con enfermedades. La IA ayuda a revisar esa información con más cuidado y encontrar cambios que podrían orientar mejor un tratamiento. Esto es muy importante en enfermedades raras y en algunos tipos de cáncer.
La IA también puede ayudar en algo menos llamativo, pero muy necesario: el papeleo médico. Muchas veces los doctores pasan mucho tiempo escribiendo notas, llenando expedientes o buscando información. Algunos programas de IA pueden escuchar la consulta, organizar la información y preparar una nota que el médico la revise. Así, el médico puede dedicar más tiempo a escuchar y atender al paciente.
En cirugía también hay avances. Algunos robots quirúrgicos ayudan a los cirujanos a hacer movimientos muy precisos. Además, se están usando modelos en 3D del cuerpo del paciente para planear mejor una operación antes de realizarla. Es como si el cirujano pudiera estudiar un “mapa” del cuerpo antes de entrar al quirófano. Esto puede ayudar a reducir riesgos, pedo el cirujano sigue siendo quien toma las decisiones importantes.
También se habla mucho de “gemelos digitales”. Aunque el nombre suena raro, la idea es sencilla: crear una copia virtual de una parte del cuerpo o incluso de un paciente, usando datos médicos reales. Con esa copia, los médicos podrían probar diferentes opciones antes de elegir un tratamiento. Todavía falta mucho para esto sea común, pero es una de las ideas más prometedoras para el futuro.
Ahora bien, no todo es perfecto. La IA también tiene problemas que los científicos todavía están tratando de resolver.
Uno de los más importantes es que una IA puede funcionar muy bien en un hospital, pero no igual de bien en otro. Esto puede pasar porque los pacientes son diferentes, los aparatos médicos son distintos o los datos no están completos. Por eso, no basta con decir “esta IA funciona”; hay que probarla en el mundo real.
Otro problema es que la IA aprende de los datos que recibe. Si esos datos están incompletos o representan solo a cierto tipo de personas, la IA puede equivocarse más con otros grupos. Por ejemplo, si se entrena con pocas imágenes de piel morena, podría fallar más al analizar enfermedades de piel en personas con ese tono de piel. Por eso es tan importante usar datos diversos y revisar si la IA funciona bien para todos.
También existe el problema de la confianza. A veces una IA puede dar una respuesta que parece muy segura, pero esta equivocada. Por eso, los médicos no deben obedecer ciegamente a la computadora. Deben revisar, pensar y decidir con base en su experiencia y en la situación real del paciente.
En los próximos años veremos más IA en hospitales. Habrá programas que ayuden a revisar imágenes, otros que ayuden a ordenar expedientes, otros que avisen sobre posibles errores en medicamentos y otros que apoyen en el diseño de nuevos tratamientos. También veremos más reglas para asegurar que estas herramientas sean seguras, justas y útiles.
La medicina del futuro no será una pelea entre médicos y máquinas. Será un trabajo en equipo. La IA podrá ayudar a encontrar postas, revisar datos y ahorrar tiempo, pero el trato humano, la responsabilidad y la decisión final seguirán siendo de los profesionales de la salud.
En pocas palabras, la IA puede ser como una linterna muy potente: ayuda a ver mejor, pero alguien debe saber hacia dónde apuntarla.