GUSANO BARRENADOR NO DISTINGUE ESCRITURAS
Por: Holanda Contreras
No solo ataca huertas tecnificadas. También ataca los nogales de traspatio, los que están en casas, en patios y en terrenos familiares.
Esos nogales también cuentan. Y también se están muriendo.
Parras se está quedando sin agua, y ahora, sin nogales.
Antes que la vid, el nogal fue el sustento económico de Parras por décadas.
Familias enteras han vivido de esta actividad por generaciones: de la cosecha, del corte, de la limpia, de la venta de nuez en costalitos cada temporada.
No es nostalgia: es empleo, es ingreso, es la economía real de cientos de hogares.
El nogal no está en los calendarios de eventos de lujo. Está en la economía familiar.
Mientras unos árboles son negocio de exportación, otros son el ingreso de diciembre para pagar los gastos.
No hay colonia en Parras donde una familia no dependa, directa o indirectamente, de la nuez.
Le abrimos la puerta a muchos viñedos.
Se les dio acceso al agua. Se les dio promoción. Se les dio el discurso de «Parras, Capital del Vino».
Mientras tanto, el gusano barrenador avanza sobre una actividad económica que ha sostenido a Parras mucho antes que la uva.
Y aquí viene lo que más duele:
Este año el cielo está siendo benevolente. Está lloviendo. Está lloviendo bien, como hace años no llovía.
Pero el agua se nos está yendo. Se va rápido, se va sin infiltrarse, se va sin recargar los pozos de los que dependen tanto viñedos como nogaleras.
¿Por qué? Porque los mantos acuíferos no se recargan solos cuando el agua baja con fuerza.
Se recargan con infraestructura. Se recargan con gaviones que contengan los arroyos.
Se recargan con rompepicos que reduzcan la velocidad del agua y permitan que se filtre al subsuelo.
¿Y eso en manos de quién está?
En manos de los empresarios que tienen la capacidad de inversión y que hablan de sustentabilidad.
En manos de los agricultores que saben que sin agua no hay ni uva ni nuez.
En manos de las autoridades que administran el agua y autorizan los proyectos hídricos.
Este año TENEMOS lluvia. Lo que no tenemos es infraestructura suficiente para retenerla.
No hay suficientes gaviones.
No hay suficientes rompepicos.
No hay un plan para aprovechar el agua que el cielo si nos está mandando.
Hay quien dice: «Sí se están recargando los mantos, porque ahora que llovió sale más agua en las llaves».
Pero eso no es recarga, es espejismo.
Es el agua que baja corriendo, que medio moja la tierra, que alcanza para unas semanas.
Eso es conformarnos con lo que hay y esperar a que se acabe. Y se va a acabar.
Recargar de verdad significa almacenar.
Significa que el agua que cae en julio alcance para el nogal en abril.
Significa que la lluvia de este año sea la cosecha del que viene.
Y eso no pasa solo. Pasa con gaviones. Pasa con rompepicos. Pasa con voluntad.
Entonces la pregunta es directa y es ahora:
¿Quién se va a poner las pilas?
¿Quién va a invertir en obras de recarga antes que en más salas de degustación?
¿Quién va a entender que proteger los mantos acuíferos es proteger dos economías: la del vino y la de la nuez?
Cuando se seca un viñedo, se pierde una inversión.
Cuando se seca una nogalera familiar, se pierde el ingreso de una casa.
Cuando dejamos ir el agua de lluvia por falta de infraestructura, perdemos la base productiva de Parras.
No pedimos que quiten los viñedos. Pedimos que se construyan gaviones.
Que la modernización hídrica incluya obras de retención, no solo sistemas de riego para unos cuantos.
Que si Parras va a ser capital del vino, primero aseguremos el agua que sostiene a toda su economía.
Desde Telar y Vino reflexionamos en que de nada sirve el vino más premiado, si se acaba la actividad económica que por décadas le dio de comer a este pueblo.
Y de nada sirve que esté lloviendo, si no tenemos la infraestructura lista para aprovecharla.