Familiares y amigos la despidieron en una capilla y posteriormente la acompañaron al panteón, donde recibió sepultura entre muestras de dolor
Fabiola Sánchez
LA PRENSA
Sin la posibilidad de contemplar por última vez el rostro de su madre y con el corazón destrozado, las hijas de Silvia Araceli permanecieron abrazadas al féretro completamente sellado durante el último adiós. A su lado, doña Juanita Ramos, madre de la víctima, compartía el mismo dolor e impotencia mientras despedían a la mujer sin una misa de cuerpo presente, una decisión obligada por las condiciones en que fue entregado el cuerpo tras el presunto feminicidio que le arrebató la vida.
Familiares y amigos compartieron el mismo dolor en el funeral, que se llevó a cabo en una capilla de la localidad, para posteriormente acompañar el cortejo fúnebre hasta el panteón de Estancias de Santa Anna, donde Silvia Araceli recibió sepultura.
“Siempre le daba consejos, le pedía que se alejara de él”, recordó con un nudo en la garganta y entre lágrimas doña Juanita, madre de Silvia, quien además describió a su hija como una mujer responsable con sus hijas y en su empleo.
Describió que con sus hijas siempre fue muy atenta, amorosa y protectora, incluso frente a su propio padre; sin embargo, señaló que solo ella tenía sus razones para mantener esa relación.
Familiares cercanos dieron a conocer que, lamentablemente, debido a las lesiones que sufrió, las condiciones en que se encontraba el cuerpo y las horas que permaneció sin vida, aunado al tiempo que tardaron las autoridades en entregarlo, el féretro fue sellado.
Señalaron que tampoco fue posible realizar una misa de cuerpo presente, por lo que sus hijas, su madre y el resto de la familia solo dispusieron de algunas horas para despedirse.
Entre coronas de flores, abrazos y lágrimas, el féretro finalmente fue sepultado en el Panteón Sagrado Corazón de Jesús, en una despedida marcada por la impotencia.