Ambos grupos delictivos recuperaron poder por alianzas criminales e incapacidad para desmontar por completo sus estructuras
Por Benito Jiménez/Agencia Reforma
La Prensa
MÉXICO.- Hasta el sexenio pasado, el Cártel de Juárez y Los Viagras reportaron un debilitamiento en sus estructuras.
El primero había perdido a la generación de los Carrillo Fuentes, sufría el desgaste de una guerra de más de una década contra el Cártel de Sinaloa y acumulaba la captura o muerte de varios de sus principales operadores.
Los segundos eran arrinconados por la ofensiva del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Buenavista, La Ruana, Pinzándaro, Aguililla y otros municipios de Tierra Caliente, donde cada vez les resultaba más difícil sostener el control territorial.
Las dos organizaciones parecían encaminadas a una pérdida progresiva de poder.
Sin embargo, antes de desaparecer encontraron oxígeno en dos factores: las alianzas criminales y la incapacidad del Estado para desmontar por completo sus estructuras.
Mientras las autoridades mexicanas concentraban sus esfuerzos en detener líderes o contener brotes de violencia, ambos grupos conservaron operadores, corredores estratégicos, fuentes de financiamiento y capacidad de reorganización.
La consecuencia quedó reflejada hoy, cuando el Gobierno de Estados Unidos los colocó en la misma categoría que el Cártel de Sinaloa, el CJNG, el Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste al designarlos como organizaciones terroristas extranjeras.
Para las autoridades estadounidenses, dejaron de ser problemas regionales y recuperaron un nivel de peligrosidad que impacta directamente su seguridad nacional.
CÁRTEL DE JUÁREZ
En Chihuahua, la estrategia oficial se concentró durante años en descabezar al Cártel de Juárez.
José Antonio Acosta Hernández, «El Diego», uno de los principales jefes de La Línea, fue detenido en 2011.
Tres años después cayó Vicente Carrillo Fuentes, «El Viceroy», último gran jefe de la familia que durante décadas controló el cártel. A ellos se sumaron otros operadores abatidos, capturados o extraditados.
Los golpes afectaron la estructura histórica, pero no eliminaron la organización.
La guerra iniciada en 2008 contra el Cártel de Sinaloa redujo su influencia y modificó el mapa criminal de Ciudad Juárez.
Sin embargo, el grupo conservó el control del corredor Juárez-El Paso, uno de los cruces fronterizos más importantes para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Mientras la vieja dirigencia desaparecía, La Línea dejó de ser únicamente un brazo armado y asumió el núcleo operativo del cártel.
El Departamento del Tesoro estadounidense incluso la considera actualmente un alias del propio Cártel de Juárez, reflejo del nivel de integración alcanzado entre ambas estructuras.
Desde esa posición mantuvo el cobro de cuotas a otras organizaciones criminales por utilizar el Valle de Juárez, el tráfico de migrantes, el robo de vehículos, la tala ilegal y otras actividades ilícitas que le permitieron conservar recursos, armamento y presencia territorial.
El cambio decisivo ocurrió después. Para las autoridades estadounidenses, desde septiembre de 2023, el CJNG comenzó a suministrar cocaína, metanfetamina y fentanilo a La Línea.
Esa relación fortaleció nuevamente la capacidad operativa del Cártel de Juárez sin necesidad de reconstruir la estructura vertical que tuvo durante la época de Amado Carrillo Fuentes.
LOS VIAGRAS
En Michoacán, la historia siguió un camino distinto, pero terminó con un resultado semejante.
Los Viagras nacieron dentro del movimiento de autodefensas que enfrentó a Los Caballeros Templarios.
Cuando el Gobierno federal y el Gobierno de Michoacán decidieron institucionalizar parte de esos grupos mediante la creación de la Fuerza Rural, varios de sus integrantes obtuvieron reconocimiento oficial, conservaron organización territorial y fortalecieron redes de operación.
Una parte del crecimiento de Los Viagras también encuentra explicación en una decisión adoptada por el Gobierno de Enrique Peña Nieto.
En 2014, como parte de la estrategia encabezada por el entonces comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes, el Gobierno federal impulsó la creación de la Fuerza Rural para incorporar a integrantes de las autodefensas y recuperar el control institucional de Tierra Caliente.
Diversos miembros de grupos que posteriormente fueron identificados como parte de Los Viagras pasaron por esa corporación, donde conservaron organización territorial, armamento y capacidad de movilización antes de volver a operar al margen de la ley.
Con el paso de los años, la estrategia terminó siendo cuestionada porque no consiguió desarticular a varias de esas estructuras.
Por el contrario, las autoridades federales y estatales observaron cómo algunos de esos grupos retomaron el control de regiones de Michoacán y evolucionaron hacia organizaciones dedicadas al narcotráfico, la extorsión y la producción de drogas sintéticas.
La estrategia buscaba recuperar el control del Estado sobre Tierra Caliente. Pero no ocurrió.
Con el paso de los años, Los Viagras evolucionaron hacia una organización dedicada al narcotráfico, la extorsión, el secuestro, la producción de drogas sintéticas y el control de actividades económicas en municipios productores de limón, aguacate y otros cultivos.
El desgaste provocado por los enfrentamientos con el CJNG se hizo evidente durante 2024.
Después de años de choques armados en Buenavista, La Ruana, Pinzándaro y el corredor Apatzingán-Aguililla, la organización encabezada por la familia Sierra Santana perdió capacidad para sostener una confrontación abierta.
En noviembre de ese año ocurrió el reacomodo. Los Viagras y una célula del CJNG dejaron atrás la confrontación para establecer una alianza que modificó nuevamente el equilibrio criminal en Tierra Caliente.
El acuerdo fortaleció a Los Blancos de Troya, célula encabezada por César Alejandro Sepúlveda Arellano, «El Botox», integrada por sicarios y extorsionadores vinculados con Los Viagras.
A partir de esa alianza incrementaron el control sobre el corredor limonero y aguacatero de Apatzingán, Buenavista y Uruapan, consolidando un sistema de cobro de cuotas, amenazas, secuestros y homicidios contra productores, empacadores y cortadores.
Gerardo Valencia Barajas, «La Silla», identificado como operador directo de las extorsiones, fue detenido hasta febrero de este año.
Para entonces, las autoridades ya lo relacionaban con el cobro de cuotas millonarias y con una estructura que había sembrado el terror entre productores agrícolas.
La célula también fue señalada por autoridades como responsable de la violencia ejercida contra líderes sociales y empresarios de la región, entre ellos el dirigente limonero Bernardo Bravo Manríquez.