Dodge estrena en México el Charger Scat Pack 2026 con motor fabricado en Saltillo, 550 caballos de fuerza y una edición limitada a 50 unidades.

Mireille Yareth García

La Prensa

Durante el Dodge Day, la marca de las estrellas, Stellantis, presentó la evolución del Charger, uno de los vehículos más emblemáticos y leyenda en pistas que cuenta con un ADN de alto desempeño.

Este automóvil debutó en 1966 como un fastback de elevadas prestaciones y se convirtió en símbolo de la audacia, reflejado tanto en diseño como en la potencia de motor, ya que incorporaba un 426 HEMI, que de acuerdo con Rafael Paz, director de Jeep, Dodge y Leapmotor en Stellantis México, «Fue diseñado originalmente para Nascar y brindaba más de 400 caballos de fuerza», refirió.

Con la 2.ª generación, de 1968 a 1970, aparece el diseño que define la fisonomía de los modelos actuales con una parrilla escondida y líneas musculosas.

Después de un recorrido por las 8 generaciones de este vehículo, llegó el momento de la presentación del nuevo Dodge Charger Scat Pack 2026, un muscle car con un motor de 3.0 litros, fabricado en la planta de Saltillo en México, capaz de entregar 550 caballos de fuerza y 531 libras-pie de torque.

Destacado por sus capacidades, el nuevo Charger combina proporciones clásicas, cofre con extractores de calor, parrilla frontal que optimiza el flujo de aire hacia el motor SIXPACK Twin Turbo, spoiler performance y salidas de escape duales.

Su conducción se adapta adistintas condiciones a través de los modos de manejo configurables que pueden modificar parámetros como la respuesta del acelerador, transmisión, dirección, sistema de tracción y varios ajustes de desempeño.

 Cuenta con una estructura de carrocería diseñada para proteger a sus ocupantes y un sistema avanzado de tecnologías de asistencia al conductor que monitorea constantemente el entorno y ayuda a prevenir accidentes.

De este titán llegarán al país solo 50 unidades en color Bludicrous que estarán a la venta a partir de un millón 489 mil 900 pesos.

Publicado por Iris Camila Beltran