La decisión está en manos de EU, transmitió el plan a Washington a través de Catar, según declaró Araqchi en la sede de la ONU

Por: Oswaldo Rojas

La Prensa

El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, anunció el viernes que su país presentó a Estados Unidos un plan para reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación marítima en un plazo de siete días.

«Irán ha transmitido a Estados Unidos, a través de Catar, un plan concreto a siete días. Si se cumplen las condiciones necesarias, el estrecho puede abrirse nuevamente, y el tránsito marítimo usual restablecido en siete días», declaró en la sede de la ONU en Nueva York.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, dijo a la prensa que ahora depende de Estados Unidos poner fin al bloqueo en Ormuz.

«La decisión está ahora en manos de Estados Unidos», afirmó. © 2026 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.

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«Las medidas que Estados Unidos debería adoptar no son nuevas. Todas ellas figuran ya en el memorando de entendimiento», señaló, refiriéndose al memorando de entendimiento que Irán y Estados Unidos acordaron en junio.

Informes de prensa previos señalan que el nuevo plan contempla un cese de todas las hostilidades en Medio Oriente durante siete días, incluida Líbano.

Según esos reportes, también se prevé la liberación de activos iraníes congelados, valorados en al menos 12 mil millones de dólares, así como el levantamiento de las sanciones al petróleo iraní y el fin del bloqueo naval estadounidense contra Irán.

Al séptimo día de la tregua, Irán reabriría Ormuz.

En una entrevista exclusiva con la AFP el martes, el portavoz de los Guardianes de la Revolución, Hossein Mohebi, también mencionó el fin de las hostilidades en Yemen entre las condiciones iraníes.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo iraní, Masud Pezeshkian, firmaron en junio un protocolo de acuerdo destinado a poner fin a la guerra, reabrir el estrecho de Ormuz y, posteriormente, abrir negociaciones sobre el delicado capítulo del programa nuclear iraní.

Pero el texto fue objeto de diferentes interpretaciones por ambas partes, por lo que se reanudaron las hostilidades en el estrecho de Ormuz.

Irán exige a los buques que deseen atravesarlo que obtengan de su parte una autorización, alegando razones de seguridad y soberanía.

Los buques que no acatan esta exigencia son atacados regularmente, mientras que Estados Unidos bombardea esporádicamente las costas iraníes.

Pezeshkian dijo el viernes en X que su país quiere volver al memorando de entendimiento alcanzado en junio, días después de decir durante la Asamblea de la ONU que su país no se doblegaría ante Washington.

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Los bombardeos de Estados Unidos e Israel que desataron el conflicto se lanzaron el 28 de febrero, mientras las negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán aún seguían en curso.

Tuvieron como blanco inicial al propio líder supremo Alí Jamenei, en un intento de «ataque de decapitación» pensado para paralizar al Gobierno iraní y detonar un levantamiento interno que obligara al régimen a capitular.

La estrategia no era nueva para la Casa Blanca: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había propuesto una ofensiva similar contra Irán a los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden, quienes la rechazaron en cada ocasión, hasta que Trump se convirtió en el primero en aceptarla.

El objetivo declarado —impedir que Irán obtenga armas nucleares— se combinó desde el inicio con un propósito más amplio de cambio de régimen, según documentan analistas y registros del propio conflicto.

Seis meses después de los primeros ataques, ese levantamiento que Washington y Tel Aviv daban por descontado nunca llegó a producirse. Un informe del centro de análisis The Soufan Center describe en cambio una fractura entre la comunidad de inteligencia estadunidense y el equipo de Trump.

Mientras este último confiaba en que la eliminación de Jamenei y la presión económica doblegarían a Teherán, los servicios de inteligencia constatan que Irán se mantiene cohesionado, sin protestas masivas.

El régimen, según ese informe, ha logrado sostener el golpe económico apoyándose en su aparato de seguridad interno y en la llamada «defensa en mosaico», que delega en unidades locales la decisión de atacar objetivos según su propio criterio.

Mientras Teherán resistía mejor de lo previsto, el desgaste se sentía con la misma fuerza del lado estadunidense. La aprobación de Trump en política exterior cayó en septiembre a 29 por ciento, la cifra más baja de sus dos mandatos según CNN.

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El 71 por ciento de los encuestados consideró que la guerra ha perjudicado los intereses de EU, y el 76 por ciento la calificó de no haber valido la pena; su respaldo general se ubicaba en 32 por ciento según Reuters/Ipsos.

Ese costo político corrió paralelo a uno humano y material que golpeó también a los aliados regionales de Washington: el Pentágono reporta 18 militares estadunidenses muertos y 759 heridos, y más de 200 instalaciones dañadas o destruidas en unos veinte emplazamientos en Baréin, Kuwait, Catar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Omán, entre ellas un radar valuado en mil 100 millones de dólares destruido en territorio catarí.

A eso se suma una retirada total de tropas de Irak prevista para el 30 de septiembre tras 23 años de presencia continua, mientras un ataque contra la refinería saudita de Ras Tanura, la mayor del país, disparaba los precios del petróleo y obligaba a suspender temporalmente sus operaciones.

Publicado por Iris Camila Beltran