EL TESTIMONIO VIVO DE DIEZ DÉCADAS DE TRANSFORMACIONES

La Señora Oviedo Rodríguez llegó a los 100 años rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos, después de una vida marcada por el trabajo, la familia, la fortaleza y una serenidad que se convirtió en una de sus principales virtudes

Por: Roberto Ulíbarri Hernández

LA PRENSA

Hay vidas que pueden contarse en años y otras que deben contarse en generaciones. Sin embargo, la de doña Mercedes Oviedo Rodríguez pertenece a las dos categorías. Son 100 años de historia, pero también son ocho hijos, 10 nietos y 14 bisnietos que representan la huella de una mujer cuya vida transcurrió entre el campo, el hogar, el trabajo, las dificultades y, sobre todo, el amor por su familia.

El pasado viernes 24 de septiembre, Mercedes llegó a un siglo de vida. Lo hizo en un ambiente que para su familia tiene un significado especial: un lugar que les recuerda aquellos espacios de su infancia y de los primeros años de su matrimonio, cuando la vida transcurría entre jardines, árboles frutales, animales domésticos y un pequeño huerto familiar.

Un lugar donde, como se dijo durante la celebración, se respira paz y tranquilidad. Y quizá no existe mejor escenario para recordar una vida como la suya.

UNA NIÑA DE SANTA ISABEL

Mercedes nació el 24 de septiembre de 1926 en Santa Isabel de las Flores, municipio de Parras de la Fuente, Coahuila y fue la penúltima de ocho hermanos.

Su infancia transcurrió en una época en la que las comodidades que hoy parecen indispensables simplemente no existían.

La vida cotidiana implicaba esfuerzo físico y colaboración familiar. Desde pequeña participó en los quehaceres del hogar: juntar leña, acarrear agua, lavar la ropa a mano y realizar las labores propias de una casa de aquellos años.

Aquella rutina significaba también una forma de ejercicio cotidiano y una alimentación basada en los productos disponibles en el entorno. Su infancia fue una vida sencilla, pero activa.

Después, su familia se trasladó a la Hacienda el Molino, en Parras un lugar donde su padre trabajaba en un antiguo molino de trigo. Ahí continuó una parte importante de sus primeros años.

En 1943 a los 17 años, Mercedes tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: se trasladó a la cabecera municipal de Parras

LA JOVEN QUE LLEGÓ A PARRAS

En Parras comenzó a trabajar con una familia que tenía una tienda de dulces.

Ahí permaneció durante varios años, aprendiendo también otra forma de vida, alejada de la rutina de Santa Isabel.

LA JOVEN QUE DEJÓ HUELLA EN UNA FAMILIA

Antes de casarse y formar su propia familia, Mercedes también dejó una huella especial en la casa donde trabajó durante su juventud. De acuerdo con el testimonio de Chachos  Alejo Marines una de los integrantes de aquella familia, Mercedes llegó a trabajar a su casa, donde fue conocida cariñosamente como “Merceditas”.

La familia era propietaria de varias líneas de transporte: los autobuses de la ruta Parras-Torreón, otra ruta que comunicaba Parras con San Lorenzo, Paila y San Carlos, además de cuatro camiones que prestaban servicio en las rutas urbanas de Parras.

En medio de aquella casa llena de actividad, Mercedes encontró un lugar muy especial. Por su carácter paciente, cariñoso y bondadoso, se convirtió en la nana de Chachis Alejo, quien recuerda con especial afecto aquellos años.

“Era una muchacha muy buena”, es uno de los recuerdos que conserva la familia sobre ella. Su paciencia y la manera en que trataba a los niños hicieron que fuera una persona querida dentro de aquella casa.

“La quiero muchísimo y le agradezco haberme cuidado con muchísimo amor”, señala Chachis, al expresar el gran agradecimiento, cariño y amistad que le tiene a Doña Mercedes.

Pero el cariño que la familia llegó a sentir por Mercedes fue más allá de su trabajo. Su trato hacia ella llegó a ser tan cercano que la abuela de Chachis terminó considerándola prácticamente como una hija.

Con el paso del tiempo, uno de los tíos políticos de la familia se interesó en Mercedes y la pretendió. La relación llegó al matrimonio y, como muestra del lugar que ella había ganado dentro de aquella familia, la boda civil se realizó precisamente en aquella casa donde durante un tiempo había trabajado.

Así, antes de convertirse en esposa, madre, abuela y bisabuela, Mercedes fue también “Merceditas”, la joven nana que dejó un recuerdo imborrable en una familia de Parras.

Décadas después, aquellos recuerdos permanecen como otro capítulo de una vida que comenzó en Santa Isabel y que, con el paso de los años, se fue entrelazando con muchas otras familias y generaciones.

EN 1953 CONTRAE MATRIMONIO

Fue en Parras donde contrajo matrimonio con Don Jesús Vega Veloz, en abril de 1953, cuando Mercedes tenía 26 años.

Después de casarse se fue a vivir a la casa de su suegra, ubicada en Arcos 19, en la Hacienda del Rosario. La vivienda era amplia, con techos altos, jardines, plantas de ornato y árboles frutales.

Como era una casa grande, también contaba con un corral donde había animales domésticos y un pequeño huerto familiar que servía para obtener parte de los alimentos de consumo diario.

Aquella casa se convirtió en el hogar donde Mercedes comenzó una nueva etapa de su vida y donde formó a su familia.

OCHO HIJOS Y UNA VIDA DEDICADA AL HOGAR

Mercedes y Jesús tuvieron ocho hijos: cuatro mujeres y cuatro hombres.

Sus nombres son: Javier, Rosa María, Germán, Jesús, María Isabel, Juan, Fabiola y Mercedes Aleida.

La familia fue creciendo y con ella también las responsabilidades.

Mercedes se dedicó principalmente al hogar y a la crianza de sus hijos. Pero la vida familiar dio un giro doloroso cuando en el año 1978 cuando su amado esposo y compañero de vida, Don Jesús falleció, después de 25 años de matrimonio.

Entonces comenzó una de las etapas más difíciles de su existencia.

Sus hijos todavía eran jóvenes. Algunos estudiaban la secundaria, otros la preparatoria y dos de ellos se encontraban estudiando para convertirse en maestros.

Mercedes tuvo que enfrentar la viudez y, al mismo tiempo, encontrar la manera de que sus hijos continuaran estudiando y tuvieran oportunidades para salir adelante.

“No podía trabajar en ninguna parte, porque tenía que hacerles la comida y la ropa y todo eso”, recordó durante entrevista a LA PRENSA.

Su principal ingreso era una pensión. También recibió el apoyo de su hijo mayor, Javier, quien contribuyó a sacar adelante a sus hermanos.

No fue fácil. Pero Mercedes lo consiguió.

“Sí fue difícil, pero pues Dios me ayudó y mire, salieron todos bien y todos estudiaron”, relató.

EL ESFUERZO DE UNA MADRE

Más allá de haber alimentado y cuidado a sus hijos, Mercedes procuró dejarles algo que consideraba todavía más importante: principios y valores.

Durante la celebración de sus 100 años, su familia destacó precisamente ese aspecto de su vida.

Siempre inculcó a sus hijos el deseo de superarse, de estudiar, trabajar y construir un mejor futuro.

Con el paso del tiempo, varios de sus hijos siguieron la docencia y otros desarrollaron sus propias carreras laborales.

Hoy, aquellos niños que alguna vez dependieron de ella son adultos, muchos ya jubilados, y son precisamente ellos quienes ahora están pendientes de su madre.

La vida, de alguna manera, cerró un círculo. La mujer que durante décadas cuidó de sus hijos hoy recibe el cuidado y el cariño de ellos.

UNA FAMILIA QUE CRECIÓ A CUATRO GENERACIONES

El legado de Mercedes puede verse también en su descendencia.

Hoy tiene 10 nietos y 14 bisnietos.

Entre sus nietos están Cindy, Ilse, Jesús, Mayela, Jessica, Carlos, Fabiola, Ángel, Germán y Eusebio.

La siguiente generación está integrada por Samantha, Eleonora, Constancia, Florecía, Emilia José, Leonardo, Sofía, Anna Valentina, Mauro, Bruno, Isaac, Emma, Mateo y otro integrante de esta generación familiar.

La bisnieta mayor tiene alrededor de 15 años y cursa la preparatoria. Después vienen jóvenes y niños de distintas edades, algunos de apenas cuatro o cinco años.

Son cuatro generaciones reunidas alrededor de una mujer que nació cuando el mundo era completamente distinto.

TESTIGO DE UN SIGLO DE CAMBIOS

Mercedes ha sido testigo de transformaciones que parecen pertenecer a mundos diferentes.

Vivió una infancia sin las comodidades actuales. Conoció una época en la que acarrear agua, juntar leña y lavar ropa a mano eran parte de la vida cotidiana.

También conoció un mundo en el que la comunicación a distancia era complicada y tener un teléfono en casa podía ser un lujo.

Hoy, en cambio, un teléfono celular permite comunicarse con los hijos y familiares prácticamente en cualquier momento.

Mercedes reconoce el cambio.

“Ahora ya puede uno hablar a cualquier hora y a quien quiera”, explica.

Ella misma no utiliza directamente el celular. Sus hijas son quienes la ayudan a comunicarse y le transmiten información.

Pero aunque la tecnología haya cambiado su manera de comunicarse con el mundo, hay algo que permanece intacto: el contacto con su familia.

Sus hijos la visitan, la llaman y permanecen cerca de ella.

Y eso, para Mercedes, representa una de las principales razones de su felicidad.

UNA INFANCIA QUE TODAVÍA VIVE EN LA MEMORIA

Cuando se le pregunta qué recuerda de su infancia, Mercedes habla de aquellos días en que se reunía con sus amigos para jugar por las tardes.

Eran tiempos sencillos.

Los niños salían a jugar y convivían personalmente, sin teléfonos celulares ni pantallas.

Con cierta nostalgia reconoce que ahora todo es diferente.

También reconoce que algunas cosas de aquellos años ya se han ido borrando de su memoria.

Pero no necesita recordar cada detalle para conservar la esencia de aquella época.

Su historia está presente en la forma en que vive, en su familia y en las generaciones que vinieron después.

LA SERENIDAD COMO UNA FORMA DE VIDA

Quienes la conocen encuentran en Mercedes una característica que se repite una y otra vez: su carácter.

  • SERENA.
  • PACIENTE.
  • OPTIMISTA.
  • BONDADOSA.
  • TRANQUILA.

Durante la entrevista, ella misma reconoce que tiene buen carácter y que no suele enojarse.

Su familia considera que esa serenidad le ha ayudado a enfrentar las dificultades de la vida y a llegar a los 100 años con una actitud positiva.

En los últimos años ha enfrentado también algunos procedimientos médicos.

Hace aproximadamente cinco años le colocaron un marcapasos y, a los 99 años, fue sometida a una cirugía de catarata.

Su recuperación sorprendió incluso a sus familiares, pues fue más rápida de lo que esperaban.

Pero Mercedes habla de estos acontecimientos con la misma tranquilidad con la que habla de cualquier otra cosa.

  • SIN DRAMATIZAR.
  • SIN QUEJARSE.

Con esa serenidad que quienes la rodean consideran una de sus grandes virtudes.

LOS PEQUEÑOS PLACERES DE LA VIDA

Su alimentación también forma parte de esa rutina sencilla que ha mantenido durante muchos años.

Por las mañanas suele comer fruta y después alimentos como huevo con chile, papas, frijoles, café con leche y avena.

También consume queso, pollo y pescado.

En algún momento los médicos le recomendaron limitar las grasas y algunos alimentos, indicaciones que siguió procurando mantener una alimentación moderada.

Y, como ella misma reconoce con una sonrisa, también hay espacio para algún refresco, jugo o yogurt.

“Yo como de todo”, dice.

No existe en ella la obsesión por una fórmula secreta para llegar a los 100 años.

Más bien, su familia encuentra la explicación en su forma de ser.

EL SIGNIFICADO DE MERCEDES

Durante la celebración hubo también espacio para hablar de su nombre.

Mercedes es un nombre tradicionalmente relacionado con términos de origen latino vinculados con conceptos como recompensa, gracia, favor y misericordia.

Y para su familia, esa definición adquiere un significado especial.

Porque consideran que doña Mercedes ha vivido de acuerdo con esos valores.

La ven como una mujer bondadosa, gentil y generosa, alguien que durante décadas puso a su familia por delante y que ahora recibe el cariño de todos aquellos que crecieron bajo su cuidado.

El nombre, en ese sentido, parece haberse convertido también en una parte de su historia.

¿CUÁL ES EL SECRETO PARA LLEGAR A LOS 100?

Cuando se le pregunta qué consejo daría a otras personas para llegar a una edad como la suya, Mercedes no pretende tener una fórmula.

De hecho, responde con la misma sencillez que ha caracterizado toda la conversación.

Pero quienes la conocen sí encuentran algunas respuestas.

Su familia habla de su carácter sereno, de su paciencia, de su manera de no enojarse fácilmente, de su capacidad para enfrentar las dificultades y de la importancia que siempre le dio a sus hijos.

Quizá no existe un secreto único.

  • HAY, EN CAMBIO, UNA VIDA ENTERA DE PEQUEÑAS DECISIONES.
  • TRABAJAR.
  • CUIDAR.
  • ALIMENTARSE.
  • SALIR ADELANTE.
  • NO PERDER LA CALMA.
  • Y MANTENERSE CERCA DE LA FAMILIA.

UN SIGLO RODEADA DE LOS SUYOS

Mercedes llegó a los 100 años acompañada por las generaciones que nacieron después de ella.

Aquella joven que salió de Santa Isabel a los 17 años para buscar trabajo en Parras nunca pudo imaginar que un día estaría rodeada por una familia de cuatro generaciones.

Tampoco podía saber que viviría para ver cómo cambiaba el mundo de una manera tan profunda.

Conoció la vida sin teléfonos, sin internet y sin las comodidades que hoy parecen indispensables.

Conoció el trabajo doméstico de una época en la que casi todo se hacía a mano.

Conoció la responsabilidad de ser madre de ocho hijos y el dolor de quedar viuda cuando todavía tenía una familia que sacar adelante.

Y conoció también la satisfacción de ver a sus hijos estudiar, trabajar y formar sus propias familias.

Hoy, al mirar a sus nietos y bisnietos, puede contemplar el resultado de aquella historia.

MERCEDES, 100 AÑOS DESPUÉS

Un siglo después de su nacimiento, la historia de Mercedes no está solamente en los recuerdos.

Está en sus hijos.

Está en sus nietos.

Está en sus bisnietos.

Está en las enseñanzas que transmitió.

Está en los valores que inculcó.

Está en la casa que alguna vez estuvo llena de niños y que ahora se ha convertido en el punto de encuentro de nuevas generaciones.

Y está también en esa manera tranquila de mirar la vida.

Quizá por eso, al hablar de sus 100 años, no resulta necesario buscar grandes discursos.

Basta con observarla.

Sentada entre los suyos, escuchando las voces de hijos, nietos y bisnietos, Mercedes representa una época que ya no existe, pero que permanece viva a través de su memoria y de su familia.

Una mujer nacida en Santa Isabel de las Flores, que creció entre las labores del campo y del hogar, que llegó a Parras siendo adolescente, que formó una familia, que enfrentó la viudez y sacó adelante a ocho hijos.

Una mujer que hoy puede decir que ha vivido un siglo.

Y que, al preguntarle qué la hace feliz, no necesita pensarlo demasiado.

Sus hijos.

Su familia.

Los que la visitan.

Los que la llaman.

Los que están cerca.

Porque después de 100 años, el mayor testimonio de una vida bien vivida quizá no sea la cantidad de años cumplidos, sino la cantidad de personas que todavía quieren estar a su lado para celebrarlos.

100 años de vida, 100 años de historia y cuatro generaciones que llevan consigo parte de su legado.

Publicado por Iris Camila Beltran